Pintora Rina Lazo

Entrevista por Juan Carlos Lemus, Prensa Libre. 2 de noviembre. 2003.

 

Rina Lazo ha estado presente en la vida cultural mexicana desde hace más de 50 años.

En ese país ha tenido una destacada participación como pintora y particularmente como muralista.

En 1954 recibió el primer premio y medalla de oro en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes por la Paz, en Rumania.

En 1988, la Secretaría de Educación Pública le hizo un reconocimiento que decía: “A Rina Lazo, cuya vida y obra es orgullo para México y ejemplo para las nuevas generaciones”.

Lazo nació en la ciudad de Guatemala. Inició sus estudios de artes plásticas en este país con el maestro Julio Urruela y en la Academia de Bellas Artes, después obtuvo una beca para estudiar en el vecino país.

Se matriculó en la Escuela de Pintura y Escultura “La Esmeralda”, de la Secretaría de Educación Pública, en 1946, por recomendación del pintor Juan Antonio Franco.

Fue ayudante de Diego Rivera, con quien colaboró durante 10 años y con quien formó parte del fuerte movimiento de la pintura mural en ese país. Durante este tiempo conoció a Frida Kahlo y a todos los maestros de la plástica mexicana.

Además del aprendizaje que significó para ella el estar inmersa en el ambiente plástico también se vio inmersa en el ambiente político porque “allá la pintura no estaba ajena a la política”.

“Todo esto fue haciendo mi personalidad artística y hasta la fecha formo parte de ese movimiento pictórico mexicano”, afirma.

Ha hecho las siguientes pinturas murales: en 1954, mural al fresco “Tierra fértil”, que se encuentra en el Museo de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

En 1966, réplica de las pinturas mayas de Bonampak para el Museo Nacional de Antropología de México. En 1995, mural al temple “Venerable abuelo maíz”, sala Maya del Museo de Antropología de Ciudad de México.

Ha recibido numerosas distinciones y ha presentado exposiciones individuales y participado en colectivas en varios países.

Junto a su esposo, el pintor Arturo García Bustos tiene su galería taller en el Centro Histórico de Coyoacán, México.

Hace una semana está de vacaciones en Guatemala.

Su correo electrónico: [email protected]

¿Cuál es la incidencia real que puede tener una obra mural para un pueblo?

“Una obra mural es lo que se llama arte público. Es una pintura que se hace para el público en general y que debe, en mi opinión, dar algún mensaje. No puede ser nada más mudo. Es como un cartel.

Un cartel dice algo y lo tiene que decir rápido para que la gente lo entienda pero en el caso de la pintura mural tiene que ser de mucha calidad para que siga siendo obra de arte.

Es a lo máximo que uno aspira. ¿Qué fue el gran movimiento de Renacimiento italiano?, pues fue la pintura mural, los grandes cuadros y también los grandes frescos que se hacían en las iglesias.

Todos eran con un mensaje para el fiel que iba a la iglesia. También, en ese momento, aquí en América, en tiempo de la Colonia, las grandes obras que se hicieron fueron en las iglesias.

“En México el mensaje no es religioso pero el mensaje también es de una posición.

Es el reconocimiento del trabajo del campesino, la emancipación de la mujer, todo lo que es la nueva etapa del desarrollo de la sociedad”.

No es muy usual que mujeres se dediquen a hacer obra mural, ¿por qué cree que sucede esto?

“No es tan usual porque la mujer tiene su hogar y generalmente prefiere pintar cuadros de caballete porque los puede pintar en el estudio de su casa y estar cuidando a los niños o vigilándolos.

Puede hacer con más facilidad la obra, como las mujeres tejedoras que hacen esa maravillas de huipiles, los hacen en su casa porque para mientras están haciendo la comida o cuidando a los bebés.


“Por esa razón creo que la mujer generalmente se dedica a la pintura de caballete, además de que en la pintura mural tiene uno que tener una inquietud todavía mayor, general, más amplia de lo que es el país, entonces como que uno pretende hacer algo más importante, aunque un cuadro a caballete, una miniatura, puede ser tan importante como un mural si es una obra de arte. Pero como que uno siente que dice más si hace la pintura mural”.

¿Como superó usted esos inconvenientes?

“Primero, lo que hice fue tener sólo una hija para no tener mucho problema de cuidar (ríe), además que al mismo tiempo hago cuadro de caballete.

“Mucho de mi trabajo en realidad es también pintura de caballete o grabado porque en casa tenemos un taller. Como mi esposo se dedicó al principio más que nada a la obra gráfica, entonces yo no necesitaba salir. Hago grabado, litografía, aguafuerte y también cuadros de caballete pero, eventualmente, cuando tengo oportunidad de hacer murales sí me interesan mucho”.

¿Considera que actualmente se le da la misma importancia a la obra mural?

“En realidad el mural tiene la misma importancia y hay muchísimos muralistas en México que actualmente están pintando murales.

“El problema del mural es que tiene que ser por encargo porque uno necesita la pared. Además, el interés de un mural es que sea en un edificio público, pero ha habido algunos cambios en este sentido porque ahora el mural es más bien una decoración porque se está haciendo para 'restoráns', para comercios, pero que no tiene el mismo sentido pintar allí. Siempre está más comercializado, generalmente es una decoración más abstracta, al igual que en un cine, en un teatro, pero no es el mismo sentido del mural que cuando se hace en un edificio como la Secretaría de Educación Pública, el Palacio Nacional, lugares más importantes, lugares de gobierno”.

De los murales que ha hecho, ¿cuál considera el más importante?

“Aunque me gusta mucho la pintura mural no he hecho muchos. El arquitecto Pedro Ramírez Vásquez me encargó hacer la réplica de las pinturas mayas de Bonampak.

Estuve en la selva e hice una réplica para el Museo Nacional de Antropología. Ahí practiqué mucho el fresco -porque los hice al fresco- y después de hacer esta pintura me empezó a interesar mucho profundizar en los mayas.

“Hace 5 años que se iba a remodelar la sala maya me encargaron un cuadro, entonces hice una pintura que me inspiró el Popol Vuh. Sobre todo me gusta todo lo que tiene que ver con los mayas y los quichés porque es mi origen. Todas las costumbres que se conservan, que están alrededor de la siembra del maíz. Pinté esto pero basándome en las costumbres que se han conservado hasta hoy día. Ese mural es el más importante que he hecho. Está en la sala maya en el Museo Nacional de Antropología (de México)”.

¿Qué pasó con los viejos temas que habitaron su obra?

“Me gusta mucho y me sigue gustando pintar naturalezas muertas, que en realidad son naturalezas vivas. Ahora, así les llaman. Son sobre frutas, paisaje, cosas de mucho color, también retratos o escenas de la vida del campo. Todo eso lo sigo pintando en mis obras de caballete”.

¿Por qué no llevar el mismo reflejo social de los murales a su obra de caballete?

“En algunos casos lo he hecho, en algunas pinturas, sin embargo el cuadro pequeño con escenas sociales como que encuentra menos su lugar.

“Son más como para un museo, que también es un lugar público, pero nadie quiere poner una escena así en su casa. No es tanto para propiedad privada”.

Usted ha sido protagonista en la vida política mexicana ¿qué papel cree que le corresponde a los artistas en la sociedad latinoamericana?

“Dada la situación actual en el mundo y sobre todo la terrible penetración que hay en los gobiernos de Latinoamérica por parte del imperialismo norteamericano y en algunos casos también de Europa, el artista que es una gente de vanguardia debe estar inquieto por todo esto y reflejarlo en su obra.

“Es un momento en que no podemos abandonar todas estas inquietudes porque tengo la impresión de que un artista, para ser pleno, para ser completo, tiene que reflejar su vida en su obra. No se puede ser un político y pintar obra nada más formal que no le va a decir nada al público.

Siento que es una contradicción entre la vida y la obra y esta debe que ser parte de la vida misma de uno. Es el momento de que los artistas sigan preocupados por la situación social de sus países y sigan reflejandolo en su obra”.

¿Qué tan determinante ha sido la imagen de Diego Rivera en su carrera?

“Fue muy determinante porque en él aprendí no solamente las técnicas, la importancia de trabajar, de estudiar, de dibujar mucho, cosa que ya no se hace, no se dibuja mucho.

“Ahora los alumnos en las escuelas tienen algo de flojera con el dibujo y yo creo que es muy importante. Pero además de eso, aprendí del maestro Rivera esas inquietudes porque con él salíamos no sólo a ver las fiestas populares sino también las manifestaciones políticas. Me enseñó todas estas inquietudes que deben ser propias de un artista”.

¿Le ha molestado en algún momento que la sigan viendo como discípula de Diego Rivera?

“No que me moleste, de ninguna manera porque yo creo que Diego Rivera es el artista más importante del siglo XX. ¡Qué honor haber estado cerca de un genio como era él! No he conocido otro artista más genial. Diego Rivera había que conocerlo para ver el gran personaje que era en su vida y en su obra y lo trabajador que era, la cantidad de obra que hizo. No en balde en la época que él estaba vivo lo apreciaban en Estados Unidos, a pesar de ser de ideas diferentes. Ya ve que lo invitaron al Rockefeller Center a pintar, aunque después lo tuvieron que destruir porque no les gustó lo que puso.

“Yo creo que era un hombre muy importante en la vida artística, política y social no sólo de México, del mundo entero, sobre todo de Latinoamérica”.

¿A qué apunta hoy la plástica mexicana?

“Alrededor de los años 60 se inició lo que llamaron la ruptura. Fue un grupo de artistas que estuvieron becados. Se fueron a Estados Unidos y se les manipuló para que regresaran a atacar la escuela mexicana, porque era de ideas sociales, era militante políticamente. Eso no le convenía a los Estados Unidos.

“Becaron mucha gente, hicieron una revista de la OEA que circulaba por toda América, siempre estimulando a los artistas que atacaban a la escuela mexicana y que no eran de la escuela mexicana. Entonces hubo una ruptura en la que realmente muchos artistas se destruyeron aunque fueran talentosos porque dejaron de tener encargos, porque compraron a los críticos de arte.

Esto hizo que empezaran a haber pintores en México que eran totalmente de otra línea, no nacionalista. No querían saber nada de México ni querían saber nada de los indígenas ni lo que somos, de nuestra tierra, de nada. Eran completamente malinchistas, gente que se encandila viendo lo que pasa en Nueva York y las grandes metrópolis.

“Esos artistas y esos críticos de arte y revistas que estimularon, inclusive en Bellas Artes de México también fue controlado por esta corriente y lograron realmente una ruptura. Esta ruptura se trataba de que no hubiera continuidad dela escuela mexicana.

“Todo esto hizo que hubiera realmente un cambio en el arte mexicano, no para bien de los mexicanos ni para los latinoamericanos porque se empezó en México a hacer una pintura que no es trascendente. Toda esa influencia ha hecho que la escuela mexicana se hubiera debilitado en gran parte, sin embargo ahora empieza a surgir de nuevo el muralismo en México. Los jóvenes quieren expresarse y sienten que ya no saben expresarse porque ya no saben dibujar, ya no saben tener un lenguaje legible. Eso ha hecho un cambio en los últimos años”.

El mural de Carlos Mérida en el edificio del IGSS se está cayendo a pedazos, ¿que recomendaría para su rescate?

“Yo creo que aquí hay buenos restauradores. En realidad, cuando un mural mío estaba en el Club Italiano y lo trasladaron para la Universidad de San Carlos, a lo que es ahora el MUSAC, como pasó mucho tiempo entre que lo desprendieron y lo quisieron volver a poner, en esos años se llenó de hongo, se destruyó prácticamente y le hicieron una magnífica restauración en el Musac.

“La maestra Gladys Barrios dirigiendo este grupo de restauradores hizo un trabajo magnífico. Hay gente capaz para restaurar los murales de Mérida y es necesario que se restauren antes de que se vaya a destruir totalmente. No creo que restaurar esto sea tan difícil”.


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.