ENTREVISTA DE LUIS ACEITUNO A MÉNDEZ VIDES

LA: La primera edición de Las catacumbas es de 1987, y pasó totalmente desapercibida en Guatemala, a pesar de haber obtenido el premio latinoamericano más importante de novela por ese entonces (El Nueva Nicaragua) ¿a qué se debió el silencio en este país sobre su publicación y por qué tardaste 16 años en reeditarla?

MV: En Guatemala no es extraño que una obra pase inadvertida, independientemente de la calidad posible de la misma. Aquí todo debe añejarse, o quizá el término exacto es fermentarse, para que ya convertido en guaro empiece a gustar. El silencio ante una publicación no es asunto nuevo, aunque en mi caso debe haberse sumado la complicada postura pública nacional hacia la Revolución Sandinista. Nuestro país vivía inmerso en el conflicto armado. Para unos Nicaragua era anatema y para otros un ideal. La aparición de mi libro, antes de ser leído, ya había sido cuestionado. Recuerdo a un conocido que diabólicamente me dijo en la calle, sin detener el paso, “a usted ya le cumplieron sus amigos”. En un medio impreso salió una breve nota anunciando el hecho, indicando que yo era sociólogo y que residía en la Nicaragua Libre. Pero a lo anterior pronto se sumó el desconcierto del sector opuesto, quienes rechazaron el libro decepcionados al no encontrar en Las catacumbas (título entonces muy sugestivo), guerrilleros haciendo la guerra. El gobierno de Nicaragua se ganó una reprimenda del ala revolucionaria chapina, por darle el premio a un autor que no se lo merecía. A todo ello se suma un asunto más, el libro no es comercial en lo absoluto, es un experimento enredado, obra complicada escrita muy a lo bruto, de texto descuidado que no respeta leyes gramaticales ni sintácticas, de argumento confuso, en suma difícil de leer. Los pocos que emprendieron la tarea, independientes del rollo político, tampoco aguantaron la lectura, seguro no encontraron lo que esperaban. Mi conclusión fue que un libro extraño sólo podía suscitar reacciones extrañas. Le gustó a tres grandes que lo premiaron, dos que ya no pueden defenderse, Augusto Monterroso y Osvaldo Soriano, y queda de testigo la brasileña Nélida Piñón. En Guatemala el libro no circuló, salvo gracias a una acción espontánea de la Embajada de Venezuela que propició la promoción de algunos ejemplares entre escritores. La actual primera edición guatemalteca es, si consideramos los antecedentes, un atrevimiento del editor.

LA: La novela desconcierta al lector común por la densidad de su estilo y lo críptico de su lenguaje ¿obedecían a alguna circunstancia precisa estas dos características?

MV: Los años ochenta corresponde al tiempo de la diáspora para nuestra generación, de una u otra manera todos nos marchamos del país, yo regresé muy pronto y me embarqué en una empresa sin esperanzas. Me inserté en la vida nacional fuera del clima universitario al que había estado acostumbrado. Prácticamente adopté otro nombre y otra identidad. La escritura se volvió una tarea privada y secreta. Dejé de publicar. Aprendí un oficio para sobrevivir. Pero si en la vida diaria trataba de mantener alejados a mis dos yo, en la escritura lo dejaba implícito. El discurso resulta impreciso y oscuro, porque ese era mi estado de vida.


LA: La novela indaga, por primera vez en la literatura guatemalteca, en unos seres humanos producto de la degradación que conllevaron los conflictos amados y la descomposición social de los paisajes urbanos en los años 80 ¿qué te llevó trabajar sobre estos personajes sumergidos, como apuntaba el jurado del Premio, en la marginalidad de la miseria?

MV: Supongo que me resultó natural. En mi acción de supervivencia yo trataba a diario con personajes así, gente llena de silencios, sin expectativas de grandeza, almas simples perdidas en un país silenciador, dominante y destructor. En la noche llegaba al apartamento donde vivía, un oscuro espacio en el centro de la ciudad, inundado de libros húmedos apilados unos sobre otros, en idiomas que aún no entiendo, y me ponía a escribir sin meta ni proyecto sobre gente que tomaba como modelo de la experiencia real. Yo así percibía la vida en este país: una inmensidad de gente hundiéndose sin futuro en la misma miseria.

LA: En alguna ocasión dijiste que uno de los comentarios más afortunados para vos sobre Las catacumbas fue el de alguien que opinó que el personaje principal era realmente el asco. Con las revisiones y relecturas que se dan en las reediciones ¿crees que este punto de vista sobre la obra continúa vigente?

MV: Para esta reedición me atreví a leer nuevamente la obra y me pareció un fruto de juventud perturbada, donde ya no encuentro huellas del asco sino ternura, cierta debilidad, impotencia ante la vida, temblor ante la horrible experiencia humana de la falta de destino y la soledad.

LA: En definitiva de qué trata realmente Las Catacumbas?

MV: La novela presenta 24 horas en la vida de un grupo de artistas durante su estancia en Mazatenango, ellos van recorriendo Guatemala en caravana patrocinando productos comerciales. Se instalan en la ciudad, organizan el espectáculo y una fiesta. El protagonista masculino es un artista mediocre, inseguro e inestable, a quien persigue la cantante Graciela. Él es incapaz de rechazarla. Admira al jefe, que parece ser feliz y se dedica a seducir mujeres. Luego del trabajo terminan en el bar Las catacumbas, frente a la línea del tren. El protagonista desea alejar a Graciela, la humilla, la compara negativamente con las prostitutas del bar, con la deslumbrante Estrella con cuerpo de sirena, pero ella resiste impasible. Él busca en su imaginación ser como el jefe, pero no lo logra. Cuando se atreve a buscar en otra mujer la libertad, todos se burlan o la susodicha desaparece. Al final persistirá en el empleo, en el sinsentido de la vida y en la compañía de la mujer a quien desprecia. Una especie de condena eterna.

LA: Más que de psicológico, que es lo que se podría esperar ya que la novela está continuamente buceando en la interioridad de los personajes, Las catacumbas tiene mucho de corporal, de fisiológico: la resaca alcohólica, el sudor, la nausea, los instintos reprimidos, los piquetes de mosquito ¿hay una intencionalidad en esto?

MV: Probablemente fue mi manera de plantear la realidad, para afirmar a los personajes como seres concretos, recluidos en el espacio pero vivos. Nada intencional cuando la escribí.

 


 

Página de la Literatura Guatemalteca.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Todos los derechos reservados.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Worldwide Copyrights.
Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.