Cineasta Luis Argueta
Entrevista por Juan Carlos Lemus, de Prensa Libre. 27 de julio, 2003

Luis Alberto Argueta Amézquita nació en la ciudad de Guatemala el 7 de Noviembre de 1946.

En 1971 se graduó de ingeniero industrial, por la Universidad de Michigan. Al año siguiente obtuvo una maestría en Lenguas Romances y Cine, por la misma universidad.

En 1972 estrenó su primer cortometraje, “Perdón del gato rabón” (7.5 min, b/n, 16 mm.). Posteriormente estudió un doctorado en Cine y Literatura Comparada.

En 1975, en Italia y Francia, fue asistente de Fernando Arrabal en el rodaje y posproducción del largometraje “El árbol de Guernica”.

Ha hecho las películas:

1976: “Navidad guatemalteca” (8 min, b/n, 16 mm). 1978: “El costo del algodón” -documental sobre el impacto de los pesticidas en las zonas algodoneras de la Costa Sur.

Se prohibió en Guatemala pero fue proyectado en otros países. Ganó premios en Francia y fue visto en Suecia y por Televisión Educativa de EE.UU.

1994: Dirigió, produjo y escribió (con Justo Chang) “El silencio de Neto”, película que colocó a Guatemala, por primera vez, en el mapa de la cinematografía mundial.

Ha sido vista alrededor del mundo en incontables festivales y se han hecho versiones en inglés, francés y alemán.

2002: “Collect call” (82 min), película que fue seleccionada para participar en el 19o. Festival Anual de Cine Latino de Chicago.

Luis Argueta fue, además, asistente de producción en la publicidad neoyorkina, productor para el director Henry Sandbank y productor ejecutivo con Santiago Suárez y Guede Films, todo entre 1980 y 1989, año este último en el que fundó Morningside Movies, Inc. en Nueva York, desde donde ha dirigido numerosos comerciales en EE.UU., México, Sudamérica, El Caribe y Guatemala.

En 1993 fundó Producciones Buenos Días Guatemala.

Su correo electrónico: [email protected]

“El cine aglutina todas las artes”


¿Qué responde cuando le preguntan, en cualquier país, cómo es el cine guatemalteco?

“Digo que el cine guatemalteco es un proyecto en formación, un río en el futuro hacia el cual van muchos arroyos, tributarios de diferentes procedencias.

Tenemos tributarios-largometrajes nacionales como “Lo que soñó Sebastián”, de Rodrigo Rey Rosa; tributarios-largometrajes hechos con colaboración de otros países (México, en el caso de “Donde acaban los caminos”, de Monteforte Toledo; Cuba, en el caso de “La casa de enfrente”; Estados Unidos, en el caso de “Evidencia invisible”, de Alejandro Castillo, y “Collect call”, mi última comedia amarga.

Filmes para TV -netamente nacionales como “Uraga”, de Guillermo Escalón y Ana Carlos, y documentales mixtos como “La palabra desenterrada”, de Mary Ellen Davis, por ahora para un público fuera de Guatemala”.

¿Por qué eligió Estados Unidos para radicarse?

“Cuando iniciaba mis estudios de ingeniería obtuve una beca completa para estudiar en una buena universidad en Michigan; después descubrí que el cine era una artesanía que se podía aprender, y aunque fui a Europa a trabajar en un largometraje con Arrabal y quise radicarme en Francia, no obtuve permiso de trabajo.

Quise volver a Guatemala, pero las oportunidades eran inexistentes y la situación de represión a todo nivel no era nada alentadora. Más adelante me casé y me mudé a Nueva York, donde hice mi carrera profesional.

Con el corto “Navidad guatemalteca” (1976) y el documental “El costo del algodón” (1978) afinco las raíces de mi cine en Guatemala.

“El costo del algodón”, recordemos, fue prohibido y perseguido. Hay un interludio en que me dedico a trabajar en publicidad y a preparar el guión de “El silencio de Neto”.

Recordemos que en 1991 hice el piloto de Neto, y que antes de eso Justo Chang y yo trabajamos durante varios años en el guión.

Irónicamente, por ganarme la vida haciendo publicidad en Estados Unidos pude volver física y espiritualmente a Guatemala.

“El silencio de Neto” (1994) es mi retorno definitivo y mi compromiso con hacer cine guatemalteco”.

¿Estaría usted de acuerdo con que, más que dinero, hace falta creatividad y genio para producir buen cine en este país?

“Lo que hace falta es infraestructura, para producir y para exhibir lo producido. El cine es una actividad que aglutina todas las artes. También, como siempre he dicho, es una industria. Y es una artesanía.

Hay que aprenderla. El cine es una empresa dura, larga, que requiere dedicación total. Hoy es más barato hacer cine (digital), pero no es más fácil. Hacer buen cine no es “soplar y hacer botellas”.

Lo bueno del digital es que se puede experimentar más, cometer errores y aprender a bajo costo.

Pero cine de verdad, que pueda verse en las salas grandes, proyectarse y competir a nivel internacional, ese tipo de cine que no es barato. Para hacer cine hace falta dinero”.

¿Qué fue lo mejor de trabajar, en 1975, como asistente de Fernando Arrabal?

“Lo mejor fue participar en una coproducción internacional hecha como debe hacerse cine.

Con un equipo de profesionales especializados, con un plan claro y concreto, con un calendario, con buenos actores, con técnicos-artistas, desde Ramón Suárez, el director de fotografía (que después filmó “El silencio de Neto”) hasta el maquinista que manejaba el dolly.

Por otro lado, Arrabal fue extremadamente generoso al darme una posición desde la cual pude aprender y participar (en sugerencias con el guión y haciendo un papel en la película).

“Lo mejor fue la experiencia completa. No solamente participé en el rodaje sino también en el montaje, y después estuve a cargo del doblaje de los diálogos al inglés.

Pude ver la maratón que es hacer un largometraje, además de estar al lado de un gran artista comprometido con su época y su país, y de poder darme cuenta de lo internacional que es el cine”.

¿Por qué “Collect call”, su último largometraje, ya no se proyectó en los cines comerciales de Guatemala? ¿Se exhibió en otro país?

“Collect call” es muy diferente de “El silencio de Neto”, en todo aspecto. Es una comedia amarga, una farsa sarcástica, cínica, y además es un experimento.

Es una propuesta de hacer cine sin actores profesionales (parcialmente) con las uñas o con las pezuñas. Con menos plata.

El hecho de que esté únicamente disponible en video (por falta de fondos no la he podido pasar a 35 mm.) hace su proyección difícil.

Es una película que me muero por mostrar en Guatemala en los cines, pero los cines de Guatemala no proyectan video (con pocas excepciones).

Quiero que la vea la gente del campo, los que han ido mojados o no mojados a Estados Unidos y han hecho o tratado de hacer una vida allá.

“También es una película para cineastas. Quiero que se discuta cómo se hizo. Que se hable de las expectativas y cómo la realidad difiere del resultado.

Pero es aún difícil hoy discutir a fondo cine (y tantas otras cosas). Con “El silencio de Neto” mi inversión no sólo fue en la producción sino que también le metimos plata a la distribución y a la publicidad.

Con “Collect call” la inversión fue menor y no estoy en posibilidad de invertir más por el momento.

“Además, en el caso de “El silencio de Neto” hay dos factores adicionales que contribuyeron a que se hablara y viera .

Uno, la película fue a muchos festivales de cine que requieren copias en 35 mm. y a los cuales “Collect call” no puede ir por estar en video, y dos, que en Guatemala teníamos la gran colaboración de Justo Chang, quien se movió mucho para que fuera proyectada en los departamentos y en las escuelas.

“Por último, “El silencio de Neto” trata de una época de gran significación histórica y gran carga emotiva para todos los guatemaltecos, pero que al mismo tiempo está lo suficientemente lejana para que tengamos una cierta perspectiva.

“Collect call” está hecha con cierta rabia. Es una visión a primera vista superficial de unos personajes superficiales. Es una película poco generosa. Nadie sale bien parado.

Pero es una película que compara dos mundos contemporáneos y donde reina la picaresca, sin lugar para el drama o el melodrama”.

Proyectos como el Festival Ícaro han servido para mostrar algunos cortometrajes y videos guatemaltecos, ¿cuál es su opinión acerca de dicho festival?

“Todo esfuerzo que se haga por difundir el trabajo local es importante y debe ser apoyado.

“Somos un pais sin imagenes ni espejos propios. En un mundo globalizado no sabemos quienes somos ni de donde venimos y por ende a donde vamos.

El cine es de importancia fundamental en la construccion de la identidad nacional y en su proyeccion ante nosotros mismos y ante el mundo. Una película llega a más gente que 100 ferias industriales.

Construir un cine nacional es una actividad imprescindible, es parte de la lucha por un futuro digno”.


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.