Tras el misterio del color


Jacobo Rodríguez Padilla es uno de los fundadores de Saker Tí, el grupo de intelectuales y artistas fundado en 1946. El artista ha vivido un total de 30 años en Guatemala, 17 en México y 38 en Francia, país al cual llegó becado en 1953. Desde París concede esta entrevista, en las vísperas de un documental sobre su obra y vida, dirigido por el cineasta salvadoreño Guillermo Escalón, junto a su hijo Sebastián. Al trabajo fílmico se sumará uno fotográfico, a cargo de Daniel Hernández.

Marlon Meza Teni, Especial para Siglo 21 |



Esta historia podría suceder en un lugar imaginario entre Guatemala, París y la ciudad de México, las tres principales urbes en donde ha transcurrido la vida del artista guatemalteco Juan Jacobo Rodríguez Padilla, quien un día de agosto de 1922 nació en la ciudad de Guatemala. Juan Jacobo es hijo de Rafael Rodríguez Padilla, también pintor, escultor y fundador de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de Guatemala, centro artístico que lleva su nombre.
Estoy en el mismo sitio en donde el cineasta Guillermo Escalón realizara hace pocas semanas un documental sobre el artista. Me encuentro en el taller personal de Rodríguez Padilla, ubicado en el quinto piso de uno de los edificios del barrio parisino de Montparnasse, a tan sólo unos metros de la torre más alta de Francia y del último refugio de Julio Córtazar, Jean Paul Sartre y César Vallejo. Este barrio es punto de referencia al que acudieron durante más de dos siglos, intelectuales y artistas del mundo entero, que a su paso por Europa decidían aprovechar los recursos que ofrecía la Ciudad Luz.
Es el final de la tarde. El aire de un verano tibio y caprichoso nos llega por el ventanal abierto, mientras, Jacobo me habla de su vida en medio de pinturas, esculturas, una hermosa cámara fotográfica y un sinfín de libretas con bocetos e imágenes que muchas veces derivan de sus recuerdos o de las sorpresas que le ofrece la urbe, el metro, las conversaciones que escucha, los imprevistos que surgen en las calles y la inspiración que suele dejarle algún insomnio, como él mismo dice.

Intelectual activo
Jacobo es una fuente inagotable de recuerdos, imágenes y anécdotas en donde se adivina con facilidad una trayectoria quijotesca que incluye viajes trasatlánticos, varias estancias espaciadas entre el viejo y el nuevo mundo, y una abundante obra, esparcida entre colecciones privadas y adquisiciones particulares; además de los murales de las salas Toltecas y Preclásico del museo de antropología de México que él mismo realizara en 1964, y un mural al bon fresco situado en La Gaillarde, de la costa azul, entre las ciudades francesas de Saint Tropez y Saint Raphael.
Miembro activo, y uno de los fundadores del grupo Saker Tí (Grupo de intelectuales y artistas fundado en 1946), Jacobo Rodríguez Padilla es un hombre discreto, amigable y fácil de abordar, a pesar de los rasgos que pueden caracterizar en determinado momento al artista soñador, extraviado sin estarlo a la vez, en los laberintos y demonios de la creación. No hace falta mucho para descubrir que su compromiso social y político es irreprochable, y que sus ideales por una sociedad más justa siguen intactos desde sus primeros años en Guatemala, donde ingresó en la Escuela de Bellas Artes como estudiante cuando tenía 14 años. “Estudié con grandes maestros, como don Alberto Aguilar Chacón, a quien desafortunadamente no le han reconocido su valioso aporte como profesor y crítico; también a don Rafael Yela Günther, quien una vez me dijo: “Conque usted llegue a ser una décima parte de lo que fue su padre me conformo”. De hecho, aún hoy no sé si lo he logrado. Allí estudiábamos cuando llegó el 20 de octubre de 1944 y la caída del dictador Jorge Ubico, y fundamos, como tantos gremios, la Asociación de profesores y estudiantes de Bellas Artes. Era el momento de la esperanza y nosotros no fuimos la excepción. Tuvimos entonces los primeros contactos con la expresión moderna y con publicaciones importantes”.

Si hubiera que definir su estilo, ¿existió una línea directiva o éste se impuso?
Supongo que me expreso entre primitivismo, expresionismo, surrealismo y abstracción, pero la clasificación con capillas no me es muy simpática. A medida en que se descubren obras que provocan interés, se dan tanteos y rechazos. El arte primitivo es imprescindible para mí porque me ha ayudado a olvidar (la habilidad técnica), pero el arte popular de los campesinos guatemaltecos también me ha sido muy valiosa.

¿Qué opinión le merece la plástica en la actualidad?
La expresión plástica ha perdido, probablemente por los aportes de las técnicas modernas. Las formas de comunicación son distintas y eso modifica lógicamente los medios de interés.

Al referirse al espacio que cada generación de artistas intenta conquistar a su manera, Rodríguez Padilla opina que cada generación vive realidades distintas, razón por la cual es lógico que surjan nuevas formas de lenguaje.

¿Cómo nace el grupo Saker Tí, integrado por artistas e intelectuales; existió alguna motivación en particular: sociológica, política o puramente artística?
El nacimiento del grupo Saker Tí sucede a fines de 1946, y constituye un hecho muy importante porque fue una apertura al pensamiento para la gente de mi generación. Huberto Alvarado y un grupo de estudiantes normalistas me invitó a hacer la portada de la revista Saker Tí. Así empezó todo. La motivación en común que teníamos era la revolución que acababa de pasar. En ese momento éramos una quincena, pero con el tiempo llegamos a ser alrededor de 30. Desde luego, sufrimos persecución y hubo gente asesinada. El legado artístico es difícil definirlo pero hubo gentes tan importantes como Olga Martínez Torres, Manolo Herrarte, José Arévalo Guerra, Arturo Martínez y otros más. Éramos la generación que estaba vigente pues teníamos alrededor de 20 años cuando sucedió la revolución, y esto hizo que nuestro compromiso fuera más directo que los que se integraron antes, la generación del 40, a quienes no hay que quitar ningún mérito pero que emigraron a México, como fue el caso de Augusto Monterroso, Otto Raúl González y Carlos Illescas, entre otros. No hubo división entre nosotros, pero la diferencia fundamental es que nosotros nos quedamos en Guatemala. Cuando vino la contrarrevolución de Castillo Armas, borraron los aportes y todo lo que fue Saker Tí se bloqueó y se olvidó.

Soñar, parte del trabajo
Jacobo Rodríguez Padilla, que ha vivido un total de 30 años en Guatemala, 17 en México y 38 en Francia, y que llegó becado a París en 1953, no trabaja con los objetos sino con las ideas y los recuerdos de los objetos. Tampoco privilegia al modelo, aunque algunas veces haya que hacerlo, asegura. La evocación imaginaria es en este caso una forma de búsqueda para aportar una emoción. “Emoción visual que yo reclamo como fundamental. Si no hay emoción visual, para mí no hay artes plásticas, pero ¡atención!, porque emoción visual no sólo es el color sino también la forma”.
El artista considera que si bien es cierto que la pintura puede sufrir hoy día una forma de olvido, la escultura la padece más en este medio. Por otra parte, señala que los altibajos materiales y las dificultades económicas que aquejan a un buen porcentaje de artistas tienen una implicación directa en su ritmo de trabajo. “Cuando no estoy trabajando en la pintura y en la escultura quisiera estar pensando y soñando, porque también es parte del trabajo”.

¿Cuáles son sus referencias como artista; qué personajes y qué factores han podido influir en su producción?
Tendría que mencionar a Carlos Mérida, Miguel Ángel Asturias, Jesús Castillo, a mis compañeros músicos de generación, como Manolo Herrarte; Jorge Sarmientos, quien también fue sakertiano y que integró el grupo cuando yo ya estaba por dejar Guatemala. Aunque no me gusta caer en el lugar común tendría que citar también a Picasso, Matisse, Paul Klee, Gauguin desde luego, que es el primero que se ocupa del arte llamado primitivo, que después imitaron los cubistas con el arte africano.

Y si hablamos del exilio, esa etapa tan dolorosa que en algún momento le ha tocado vivir a muchos intelectuales y artistas... ¿Cómo influye el exilio en su obra?
Lo que trabajaba durante el período revolucionario era muy diferente de lo que trabajé durante el exilio, y esto, a pesar de los desacuerdos que en Guatemala pude tener con los miembros del partido comunista, al cual yo pertenecía, ya que eran insensibles a lo esencial de la expresión artística y consideraban que éramos un grupo de intelectuales jóvenes que no servíamos a los fines del partido. Por mi parte, yo trabajaba la esperanza que había del país. Trabajaba el color, el verdadero color que hay en la naturaleza y que nuestro optimismo nos permitía abordar. Por aquel entonces conocí el lago de Petén Itzá, de ahí deriva el período que se ha denominado Itzá. Nosotros nunca nos acomplejamos del color que algunas veces en Guatemala se considera como uno exclusivo para los turistas.

 

“No puede explicarse”
Jacobo Rodríguez Padilla llegó a París con la obligación de inscribirse en una escuela, a pesar de haber realizado 7 años en la Escuela de Bellas Artes de Guatemala con magníficos profesores que no tenían nada que envidiar a los Europeos, recalca. Se inscribe entonces en la Grande Chaumière y en la Escuela Superior de Bellas Artes de París. “Otra faceta de mi obra se inicia a partir de la agresión del Gobierno norteamericano contra Guatemala. Esto sucede durante el gobierno de Jacobo Árbenz, que a mí me tomó en París. El exilio hace que yo descubra cosas de interés para mi trabajo”.

¿Y del aspecto simbólico, qué influye en su creación?
En tiempos de la dictadura no entraban muchas publicaciones a Guatemala. Parece mentira, pero a los pintores impresionistas los descubrí yo en el período de 1944. Conocía a los clásicos por la obra que dejó mi padre, que había rozado mejor los estilos y que además tuvo amistad y le dio trabajo como profesor de “perspectiva” a Jaime Sabartés, que vivió 25 años en Guatemala y que más tarde fue secretario de Picasso, hasta el día de su muerte. Yo conocía obras de Velásquez, pero lo moderno nos llegó únicamente con el gobierno de Juan José Arévalo. No se puede negar tampoco que la pintura, como la música, ha recibido muchas influencias del arte africano y del arte llamado primitivo.

¿Del color, esa parte tan importante en las artes plásticas, qué diría?
Quien dijo color, dijo luz. El color no existe. Existen diferentes ondas de luz que percibimos como color, pero no pretendo decir que para ser artista haya que hacer complicados estudios de física, pero es evidente, que, aunque sea de forma intuitiva, los pintores manipulan estas posibilidades. En lo que a mí respecta, no puedo descuidar la forma ni el color. Últimamente me he interesado en el contraluz y rozo el misterio de la luz para encontrar y expresarme con colores neutros para dar más importancia a los colores puros. Detesto la tendencia que tienen algunos artistas de hoy, de creer que una obra tiene color únicamente porque se introducen todos los colores de que se dispone. Esto me llevó a expresar el color en la línea. Con gusto he comprobado posteriormente que nuestros compatriotas Kanjobal aplican esta forma de intuición en sus telas. Pero estas explicaciones son siempre superfluas, y comparto la opinión del artista a quien se atribuye la expresión: “Lo más importante que tiene una obra de arte, es precisamente lo que no puede explicarse”.

¿Acaso pintar va más allá del deseo de querer transformar al mundo a través de un pincel? ¿Qué hay del espacio interior del artista?
Las transformaciones del mundo, socialmente hablando, no son siempre las que uno quisiera. Trabajar en una disciplina artística, tal vez puede contribuir en algo positivo. Mientras tanto sueño, luego existo.

En materia de artes plásticas el porcentaje de mujeres que ha logrado alcanzar la fama, o al menos el reconocimiento, es relativamente bajo si se compara al de los hombres, desafortunadamente. ¿Qué opinión le merece este hecho?
La conquista de los derechos de la mujer es algo relativamente reciente, por lo tanto el acceso de la mujer a muchas posibilidades lo es igualmente. Esto está cambiando, aparte del hecho de que en el pasado la mujer dio grandes figuras.

Recientemente el cineasta Guillermo Escalón hizo un documental, una retrospectiva y un panorama de su persona y del artista. ¿Qué podría decir?
Fue una sorpresa formidable, no porque dudara de su talento como cineasta. Me agradó, más bien, que con mi modesta aportación él haya podido hacer algo como lo que obtuvo.

Cómo ve a las nuevas generaciones en Guatemala, ¿le parece que los jóvenes están bien informados acerca de la historia política, artística, social, y otras tantas cuestiones que son fundamentales para el desarrollo de una nación?
Tengo la impresión, aunque no puedo decir si tengo la razón o no, pero me parece que las nuevas generaciones están muy mal informadas sobre lo que ha sucedido en el país. A tal grado que muchos jóvenes se comportan como si Guatemala no existiera. En el medio político, incluso, una vez alguien me preguntó: ¿qué pasó el 20 de octubre? !Eso es el colmo! ¿No?

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.