Es mejor escribir que matar gente - Entrevista con el escritor Francisco Alejandro Méndez
Siglo XXI. Por Juan Pablo Dardón - Guatemala, 7 de noviembre de 2004.
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Francisco Alejandro Méndez habla sobre su mayor pasión en la vida: la literatura, y sobre la presentación de su más reciente libro que recopila los cuentos escritos en un lapso de 17 años. Fortunas y desaveniencias, risas y rebeldía. La vida de este escritor se maneja en la fe, por la letra y la esperanza, por su primer hijo.

Al entrar a la casa donde vive Franciso A. Méndez, se nota el cambio de clima respecto a la ciudad: una brisa novembrina cala la ropa y el aire limpio de San Lucas Sacatepéquez hace que respirar sea un gusto recuperado. Pero a este comentario Francisco solamente dice: "Sí vos, pero soy vecino de una Iglesia evangélica y todos los sábados me joden la vida con sus bocinas".

Me presenta a sus perros. Es una inquieta pareja de Weimaraner: Rilke (como el poeta alemán) y Retzel (que significa enigma, en el mismo idioma). "Les encantan las guayabas", dice, mientras los perros devoran algunas tiradas en el amplio patio frontal.

Desayunamos y la plática se encamina hacia la publicación de su más reciente libro, titulado Reinventario de ficciones. Catálogo marginal de bestias, crímenes y peatones. Este libro está compuesto de 35 cuentos escritos y publicados en un lapso de 17 años. "Es una manera de autocelebrarme", comenta, ya que pronto cumplirá 40 años.

En el título de este libro hacés referencia a lo marginal, a lo policíaco y a los peatones, ¿por qué estos tres temas?

Estos temas no han sido muy tratados en Guatemala porque este tipo de literatura no es considerada como tal, tanto que ni en las universidades se estudia. No hay una cátedra que se llame "literatura policíaca" o "novela negra". En Guatemala, la nota roja de los periódicos es más importante.

El diario de más circulación en el país se basa en la nota roja, así que se podría decir que hay buen público objetivo para este tipo de escritos.

Claro, la gente está ávida de este tipo de lecturas. Yo estoy trabajando un par de proyectos en esa línea y ya tengo a mi personaje central, que es un policía que se llama Wenceslao Pérez Chanán, y resuelve casos no sólo en Guatemala sino en Centroamérica. Y sobre el tema ecológico (cuentos de animales) me influenció mucho Mario Payeras y Virgilio Rodríguez Macal, que también está visto como literatura menor. Creo que las posiciones intelectualoides le hacen mucho daño a la literatura.

¿Y lo de la marginalidad?

Guatemala y Centroamérica es un área marginal. Menos mal que está Asturias porque si no, ni siquiera en antologías apareceríamos. Y si en Guatemala no pertenecés a un grupo élite, parás escribiendo desde la marginalidad de la marginalidad. Esto que digo no es llanto, sino asumir en qué estoy metido.

Resumiendo, y de una manera arriesgada, ¿se podría decir que los escritores guatemaltecos son marginales?

Sí y no. Aunque a nivel centroamericano Guatemala no es marginal, pero a nivel Latinoamericano sí lo es.

¿Se debe esto a las castas literarias impuestas por las editoriales?

Ellas mismas son las que marcan la pauta donde distribuyen mejor, aunado a las universidades y la crítica misma que bautiza a cierto escritor como la novedad del momento. Afortunadamente no he tenido quién me bautice, no como otros que tienen la bendición de todos esos mamuts que ya se están muriendo. Conociendo a los papás, mejor soy huérfano.

Ahora hay mucha gente escribiendo, más que antes que cuando vos empezaste ¿Cómo mirás esto?

Es mejor que haya mara escribiendo, que matando gente. Me voy a poner un poco stalinista, pero también deberían de haber condenas literarias. Se deberían multar libros, tanto como se premian. De toda la avalancha de escritores, pocos sobrevivirán a ello. Para ser un buen escritor hay que leer y leer, no ufanarse tanto de lo que se hace.

Has tenido mucha proyección en el extranjero, ¿cómo empezó esta relación con las publicaciones foráneas?

Fue cuando me llamaron para ser parte de la antología Líneas aéreas, donde se escogieron a los 70 narradores latinoamericanos menores de 40 años. Esta publicación sentó el precedente para que me conocieran en otros países. Cuando recibí un correo de la editorial, avisándome que estaba incluido, estallé de alegría. De ahí vino la siguiente publicación Cuentos Centroamericanos, que fue por medio de una editorial chilena que tiene sede en Barcelona. Y de la que creo que estoy más satisfecho es ésta (Parientes lejanos, cuentos de animales), ya que ellos mismos me contactaron para pedirme cuentos sobre animales y escogieron uno que se llama Los trofeos de Benedicto, que trata sobre un oso panda que es asesinado por un militar guatemalteco.

Hablemos un poco de tu familia, ¿cómo te ha ido con la relación que hacen entre tu persona y la de tu abuelo, Francisco Méndez?

En un principio me molestaba porque me decían que estaba luciendo con sombrero ajeno, pero nunca lo conocí, porque murió de una leucemia fulminante en 1962 y yo no nací sino hasta 1964. Para mi bautizo, unánimamente me llamaron Francisco. Cuando era niño tenía a mi disposición alrededor de 15 mil libros, pero yo los rayaba y algunos estaban dedicados. A los 13 años jugué güija, invocándolo porque pensaba que había dejado una obra inconclusa y que mi misión era terminarla. Esto influyó definitivamente en mí para ser escritor.

¿En qué momento escribiste tu primer cuento, luego de abandonar la supuesta "obra inconclusa" de tu abuelo?

Cuando era adolescente hacía mucho deporte (tenis de mesa): fui deportista del año y campeón centroamericano juvenil. Una vez me esguincé la pierna y me enyesaron. Con la energía que tenía en ese entonces empecé a escribir pequeñas historias sobre deportistas, pero luego le encontré el gusto a la lectura que fue determinante para mi formación.

Y dicen que el deporte es salud...

Por eso en mi siguiente novela expongo que un deportista más, un delincuente veloz.

La tem*tica de tu obra es un rompimiento con lo que se ha venido haciendo en los últimos años en el *mbito literario nacional. No habl*s de la guerra, no intent*s renovar el lenguaje, tu mensaje es directo...

Sí, yo considero que mi literatura es menor. Yo prefiero ser más un observador y contar. Creo que en Guatemala no se requiere ser un genial inventor porque la invención anda por todos lados; se vive una realidad alucinante. Lo que yo manejo no es un discurso superelaborado, contrario a muchos escritores de mi generación y hasta más jovencitos. Me identifico más con Bukowski y autores de literatura policíaca, que es lo que más he leído últimamente.

¿Te considerás del lado de los que buscan la calle y escriben sobre sus vivencias; creés vos que estás en ese lado de la ecuación literaria?

Creo que la literatura debe de hacerse por medio de las experiencias de la lectura y por medio de vivir. Pero hay algo que no comparto: uno no escribe sobre su vida, sino como dice Rubem Fonseca, uno escribe sobre sus vidas posibles. A la experiencia de la calle sumale la imaginación.

¿Qué le conviene más al escritor: que lo conozcan a él o a su obra?

A su obra, definitivamente. Porque hay escritores geniales como Hemingway, que no hubiera podido hablar más de cinco minutos con él porque me hubiera decepcionado. El problema acá es que se señala al autor por lo que es y no por su obra. Eso es un error. Un autor tiene más qué decir que de lo que vive; hay una separación entre autor y narrador. Esta idea está gracias al discurso mojigato que maneja la sociedad guatemalteca.

Este conflicto (ser un inentendido) ¿Es motor para el escritor?

Sí lo es, porque al momento de escribir lo explotás de diferente manera, ya sea con rabia, con risa o como sea.

¿Es por eso que en sociedades como las nuestras surgen escritores tan viscerales?

No siempre es así, porque he estado leyendo a un sueco que se llama Hennin Mankell y que escribe sobre asesinatos y asesinos en serie. Uno se podría imaginar que en Suecia no ocurren cosas así, pero allí es donde entra la imaginación. Igualmente, uno que vive en una sociedad tan conflictiva como la latinoamericana todo esto ayuda mucho, pero debe de haber imaginación. Si no, se convierte en panfleto como mucho de lo que se escribió sobre la guerra. Vivir en sociedades convulsas nos ayuda muchísimo para escribir, pero debe de haber una buena cuota de imaginación.

Sí, porque si no, cualquiera fuera escritor en Latinoamérica...

Y eso no es posible. Afortunadamente.


Fuente: www.sigloxxi.com


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.