Dante Liano, por Marvin Olivares, 2003.

Dante Liano, escritor
Entrevista por Juan Carlos Lemus, de Prensa Libre. 4 de mayo, 2003

“Mi ombligo está en Chimaltenango”

Usted vive en Italia desde 1980. ¿Cómo han incidido esos años en su desarrollo como escritor?

“No hay que ignorar los años anteriores a 1980, aquéllos en los cuales viví en Guatemala. Creo que lo más importante para mi vida de escritor ocurrió en esos años. Lo que escribo ahora es un intento por rescatar la memoria, mi memoria guatemalteca.

En Italia he aprendido muchas cosas, sobre todo a vivir. Conozco a algunos de los escritores italianos de mi edad, no a todos ni a los más famosos. Aquí no he pertenecido a grupos literarios, porque ya no hay, no se usa. Si me pongo a pensar, quizá lo más importante que me ha dado vivir en un país grande y lleno de artistas ha sido la serena constatación de que existen miles de personas con talento para escribir, y que sólo un constante trabajo sobre sí mismo hace a un escritor. El resto: la fama, el éxito, las gratificaciones, son vanidades y dependen mucho de la suerte o de la astucia”.

Luego de tantos años fuera de Guatemala, ¿qué criterio tiene usted de la literatura guatemalteca?

“Confieso que no entiendo muy bien la pregunta. Conozco la literatura guatemalteca desde sus inicios y conozco a algunos contemporáneos notables. No conozco a los jóvenes, quiero decir, no he tenido la oportunidad de leerlos.

Creo que la literatura guatemalteca es muy sólida, le da a un escritor algo que otros podrían envidiarnos: una robusta tradición, que viene desde Bernal, el Pop Uuj y Landívar (que están escritos en español, quiché clásico y latín moderno). En ese sentido, querer ser un escritor guatemalteco es un atrevimiento, pero también se pisa tierra firme”.

¿Qué obstáculos enfrenta un centroamericano en un país como Italia, para desarrollar su trabajo literario?

“No conozco muchos centroamericanos aquí, en Italia. Los obstáculos son los derivados del darse a conocer. Uno puede tener suerte o no. Tener la oportunidad o no. El camino cierto es el de publicar con una gran editorial europea, tener un éxito arrollador en el país en el que fue traducido y entonces, por la teoría del dominó, van cayendo los otros países.

Por ejemplo, es el caso de Gioconda Belli, quien triunfó primero en Alemania y ahora es exitosa en otros países. Otros que merecerían tanto como ella no han tenido esa coyuntura favorable. Belli es la autora centroamericana de mayor éxito”.

¿Cómo y por qué decidió radicarse allí?

“Vine aquí con una beca en 1975, me gradué y regresé a Guatemala en 1978. En 1980 vine a un Congreso de Literatura Iberoamericana, y durante el mismo me ofrecieron trabajo como asistente universitario. Acepté, pensando que me iba quedar un par de años, pero luego hice mi vida aquí”.

Cuando en otro país le preguntan acerca de la literatura guatemalteca, ¿cuál es su respuesta?

“En general, soy yo el que comienza hablando de literatura guatemalteca, porque la ignorancia sobre nosotros es global y unánime. Otra forma es la de aprovechar que tengo la cátedra de Literatura Hispanoamericana en la Universidad. Allí no se pueden escapar y les imparto cursos en los que, por fuerza, me refiero a la literatura de Guatemala”.

¿Cuáles han sido las ventajas y desventajas que ha tenido usted como escritor al vivir en el extranjero?

“La ventaja de vivir en el extranjero es que uno es una gota en el mar. Nadie lo conoce y, por tanto, nadie lo envidia ni lo molesta. Por otro lado, hay un acceso a la información cultural mucho más amplio que el que hay en Guatemala. Se pueden leer periódicos de todo el mundo, hay muchas revistas literarias, y los periódicos se mantienen al día en literatura. La desventaja es que uno está lejos de Guatemala. Y le hace falta”.

¿Quiénes son los escritores guatemaltecos reconocidos, vivos, en los círculos literarios de Italia?

“Hay un chiste que se cuenta aquí en Italia. El hijo de un mafioso regresa de la escuela y el padre le pregunta qué tal le fue. El niño le dice que bien y mal, al mismo tiempo. El mafioso inquiere que por qué mal. El niño le responde que sacó cero en el examen. El mafioso le pregunta que por qué bien. Y el niño le dice: “¡Porque querían saber quién descubrió América, pero yo no les solté ni un nombre!”

Al igual que sucede en otros países, aquí existen elites literarias excluyentes, grupitos ingenuos, peleadores callejeros y llaneros solitarios ¿Cómo ve usted, como chapín, nuestro divisionismo?

“No lo veo. Vivo completamente afuera de esos grupos y no los conozco. Tengo amigos entre los escritores guatemaltecos contemporáneos, y con ellos mantengo correspondencia. Pero es una cuestión individual. En lo que respecta a las divisiones entre escritores o grupos de escritores, es mal de todas partes. Aparte de escribir, el deporte favorito de los escritores es hablar mal de sus colegas y bien de sí mismos”.

¿Cree que algún día reventará en Guatemala un brote literario digno de imitar por el mundo?

“Predecir el futuro no está entre las virtudes de un escritor. Más bien, su oficio es el de la memoria y ya es mucho compromiso. Ojalá que eso pasara, me sentiría muy contento”.

¿Qué hace falta para que eso suceda?

“Es una pregunta para la que, francamente, no tengo respuesta”.

¿Por qué los escritores guatemaltecos no tienen poder editorial en el extranjero?

“¿Por qué la selección nacional no gana el campeonato mundial?”

¿Cómo ve usted desde fuera a los chapines en general?

“Los chapines en general no existen. Circula en Internet una chistosa descripción del chapín, pero no es exacta: en realidad es la descripción del cachimbiro. En Guatemala hay de todo: santos canonizados (bueno, uno hasta ahora, pero no perdemos las esperanzas de aumentar el número), asesinos matriculados, una clase dirigente rubia y de ojos azules, un pueblo indígena, ladinos con orgullo étnico, ladinos avergonzados, derechistas más intransigentes que Bush, izquierdistas de miedo, cubanos en el exilio, colombianos decentes, colombianos con caspa, bolos, abstemios, ex alcohólicos anónimos furibundos, hay de todo, menos chapines. Cuando encuentren un chapín puro, será un scoop”.

Para los extranjeros, la literatura guatemalteca es Asturias, Monterroso, el Pop Uuj y quizás Cardoza y Aragón. Ademas, somos mayas. Actualmente, ¿es así en Italia?

“Creo que le causará asombro saber que en el extranjero se conocen mucho menos autores de los que Ud. menciona. Espero no ser lapidado si digo que me parece que el libro guatemalteco más conocido en el exterior es “Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia”.

Es tan conocido, que hasta han montado campañas internacionales en su contra. Hay una curiosa coincidencia de destinos con Asturias. Sólo que a Asturias lo linchó la extrema izquierda. A Rigoberta, la extrema derecha”.

Usted fue dos veces finalista al Premio Herralde de Novela. ¿Es una dicha o una frustración?

“Es como comprar un billete de la lotería y no sacársela por una terminación”.

¿Qué ha hecho usted por la difusión de la literatura guatemalteca en Italia?

“Algunas cosas. Ya he mencionado mi trabajo universitario. Con él he podido engatusar a algunos alumnos que se han enamorado de Guatemala y de su literatura. Hay varias tesis sobre el Pop Uuj, sobre Luis de Lión, sobre Tito Monterroso y sobre Luis Alfredo Arango.

Acabo de hablar con dos muchachos que están trabajando a Humberto Ak’abal. Por necedad mía se publicó a Luis de Lión en Italia y, por poder de convencimiento, una antología de la poesía guatemalteca y otra de Arango. Puedo decir que me he dedicado a propagar la literatura guatemalteca en este país”.

¿Piensa retornar para radicarse en Guatemala?

Si radicarse quiere decir tener raíces, las mías, por razones de ombligo, están en Chimaltenango y allí permanecen siempre. Vivo regresando a Guatemala, sólo que el camino es largo”.

 

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.