Rafael Cuevas Molina, por Marvin Olivares, 2003.

Rafael Cuevas, escritor
Entrevista por Juan Carlos Lemus, de Prensa Libre. 1o. de junio, 2003

 

Tantos años fuera, ¿han valido la pena?

“Creo que esta pregunta tendría más sentido si yo estuviera viviendo fuera de Guatemala por haber salido a buscar horizontes nuevos, mejores -digamos-, o más aptos para mis ambiciones personales. Pero no es así. Yo estoy fuera de Guatemala porque las circunstancias que vivió el país en el pasado me llevaron a estar fuera. Soy, en ese sentido, un exiliado.

Como muchos otros, no sólo en este pasado reciente sino también antes, por ejemplo, los que tuvieron que salir en la década de los cincuenta, mi exilio forzado se transformó, después, en un exilio “voluntario”, cuando hubo ya mejores condiciones para volver, pero la vida se había construido “en otra parte”.

Yo diría que, a estas alturas, el exilio tiene para mí una doble cara: una desgarrada, de herida no cerrada, conflictiva, amarga; y otra, que es la que da simplemente “la lejanía”, que permite ver lo que uno consideraba antes como natural de otra forma, en la que es posible ser, tal vez, más crítico...

“...Esas dos dimensiones se entrelazan y conviven perennemente en mí y están presentes en lo que hago, en mi literatura, por ejemplo, dándole temas y problemas. El exilio es una circunstancia llena de matices y contradicciones, de luces y de sombras que han forjado, en buena medida aunque no exclusivamente, lo que soy hoy en día.

Debe recordarse, además, que pertenezco a la estirpe de los derrotados, a las huestes de los que no lograron arribar a lo que querían, a los que no pudieron ver concretados sus sueños y sus esperanzas, y que dejaron en el camino, en muchas y diferentes esquinas de la vida, a seres entrañablemente amados, lugares referenciales que le daban sentido a la existencia.

Pero no me arrepiento de nada. He apostado por un mundo distinto al que existe y en eso sigo. No fui embaucado, no fui engañado: todo lo he hecho con pleno conocimiento de causa, aunque muchas veces no se calcularan suficientemente las enormes consecuencias que nuestros propios actos llevarían a nuestras vidas. En ese sentido, sí ha valido la pena todo lo hecho. Lo volvería a hacer”.

Según usted, ¿cuál es el nivel del arte guatemalteco, en general, comparado con el costarricense actual?

“Creo que hablar de “nivel” no es lo más conveniente. Tal vez sería más apropiado hablar de diferencias. En mi opinión, podemos identificar una primera diferencia, que tiene que ver más con las condiciones para el trabajo artístico: en Costa Rica, el Estado Benefactor, que se construyó a partir de la década de los cincuenta del siglo XX y entró en crisis en la década de los ochenta, creó una infraestructura de apoyo a la labor artística y literaria que no tiene parangón en la región centroamericana, exceptuando los esfuerzos que se hicieron en Nicaragua en la década de los ochenta, pero que luego desaparecieron.

Los artistas y los escritores han tenido, en Costa Rica, más apoyo del Estado para publicar, pues se creó una red de editoriales públicas de relativo fácil acceso, se acondicionaron salas para exponer y se concibió una cierta red de becas de apoyo a la creación. Guatemala no contó con estas facilidades que, por cierto, están siendo paulatinamente limitadas en nuestros días en Costa Rica.

Guatemala tiene, por su lado, otras condiciones que le dan una gran personalidad a lo que en ella se produce. Tiene una cultura popular inmensamente rica, única en su especie, que permea y se evidencia en todo lo que acá se hace. Y tiene una realidad muy contradictoria, hiriente, que aviva un arte y una literatura permeada por una actitud pasional que enriquece a la obra de arte. Yo diría que el arte y la literatura guatemaltecos tienen una personalidad que emana de sus propias condiciones culturales y sociales que Costa Rica no posee”.

¿Qué obstáculos enfrenta un guatemalteco en Costa Rica para desarrollar su trabajo literario?

“En este sentido, debo ser agradecido. Personalmente, no he encontrado obstáculos para exponer mi obra plástica o para publicar mis libros. He tenido los inconvenientes que también tienen los costarricenses, como puede ser, por ejemplo, la lentitud de las editoriales. Hay otras dificultades, que derivan de la condición de “no costarricense viviendo en Costa Rica”, o de “guatemalteco fuera de Guatemala”; en cierta forma, me encuentro en un “limbo” en el que es difícil que se me tome en cuenta como escritor o pintor guatemalteco en Guatemala y, lógicamente, los costarricenses no me cuentan entre sus escritores. Pero, ¿debo atribuir esta situación a mi residencia en Costa Rica o a las calidades de mi obra? Yo no puedo responder con certeza a esta pregunta, pero vivo en esa situación contradictoria”.

¿Quiénes son los escritores guatemaltecos reconocidos, vivos, en los círculos literarios de Costa Rica?

“Debemos partir de una constatación: Centroamérica es una región balcanizada, es decir, dividida, cuyas parcelas se conocen poco entre sí. Quienes conocen escritores de otro país centroamericano en Costa Rica son, generalmente, los especialistas. La excepción son ciertos escritores nicaragüenses, como Sergio Ramírez o Gioconda Belli, que tienen un cierto público en el país.

Tito Monterroso, quien falleció recientemente, tiene un público lector también. Pero aparte de ellos, la literatura guatemalteca es muy poco conocida, sobre todo porque no llegan libros de Guatemala hasta este país. Como sucede también en Guatemala, los escritores de éxito son los que llegan a través de las grandes editoriales, las que hacen buen marketing y los sitúan en los estantes visibles de las librerías de moda.

Hay, además, escritores costarricenses quienes, generalmente asociados a estas grandes editoriales, logran llegar a sectores relativamente numerosos de lectores en el país. Pero el problema central es el de la circulación de los libros: mientras no existan canales para que la literatura de la región se mueva dentro de ella, esta situación permanecerá inalterable”.

Usted es novelista, además pintor y ensayista. ¿Es difícil decidirse por un solo género?

“No, no lo es. Cada uno expresa una dimensión de lo que se quiere decir. Para mí, ninguno es suficiente, aunque cada género es necesario. En cada uno de ellos se expresan inquietudes y necesidades que no se pueden decir en otro. Cumplen, además, funciones distintas. La pintura tiene una función más catártica inmediata, mientras la literatura escarba en lo que se tiene dentro y no es fácil expresar de manera gestual.

El ensayo, por su parte, se aviene a la reglas de la cientificidad de las ciencias sociales, y requiere de la paciente labor del trabajo con las fuentes escritas en los archivos. Su discurso se construye lentamente, apegado a la realidad externa. Todas y cada una de estas expresiones se alimentan mutuamente, pero guardan su propia especificidad”.

¿En qué ha tenido más éxito en Costa Rica?

“No sabría decirlo. Uno de los problemas de cultivar distintos géneros es que los escritores te ven como pintor, los pintores como escritor y los científicos sociales como artista. Mi trabajo plástico fue el que primero se conoció en Costa Rica, y durante varios años fui sólo eso, pintor. Varios de mis trabajos han sido escogidos para ilustrar carátulas de libros y la gente compra mis cuadros cuando los expongo.

Las inauguraciones de mis muestras siempre tienen buen público. La prensa las reseña. Me siento reconocido en el medio. Mi trabajo literario es conocido desde finales de la década pasada; desde entonces he publicado cuatro novelas o, para ser más exactos, cuatro trabajos de género ambiguo, porque no estoy seguro de poder llamarlos “novelas”; en todo caso, no me corresponde a mí clasificarlos y tampoco me importa mucho.

He aprendido a esperar la reacción de los lectores, a que el libro circule un poco para empezar a escuchar comentarios y opiniones, los cuales me han sido benevolentes, algunos entusiastas. Creo que escribo una literatura a la que no es muy fácil acceder. En lo referente al ensayo no me puedo quejar. Trabajo temas vinculados a la cultura y la identidad, y debo decir que mis trabajos han sido apreciados. Circulan, en algunos casos, como textos de lectura obligatoria en las universidades del país. Estoy satisfecho”.

Como director de la Maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Costa Rica, ¿Qué ha hecho usted por la difusión de la literatura guatemalteca?

“En términos generales, me he preocupado por dar a conocer no sólo la literatura sino, en general, las artes visuales y la realidad de Guatemala. He escrito varios ensayos, que circulan en el país, en los que intento mostrar las características de la cultura de Guatemala y establecer niveles de comparación con Costa Rica en particular, y con el resto de Centroamérica en general. En la Maestría que dirijo, me he preocupado por invitar a intelectuales guatemaltecos que, de primera mano, puedan dar a conocer esa realidad. El conocimiento mutuo es fundamental”.

¿Qué experiencia le han dejado sus breves retornos a Guatemala? ¿Piensa retornar definitivamente?

“Volver a Guatemala es siempre un golpe, pero también una renovación. Es un golpe porque es el lugar en donde están los muertos más queridos, algunos de ellos en lugares desconocidos. Podrían estar en cualquier parte, aun en el terreno que en cualquier momento pisamos. Es el lugar en donde están las más prístinas certezas, pero donde también continúan existiendo algunas de las cosas que más aborrecemos.

Es el lugar del “nosotros”, pero donde también, a veces, te regatean esa pertenencia. Es el lugar de la realidad, porque a través de los años, estando lejos, se va inventando en la memoria una Guatemala que no es, o que es solamente en la memoria. Es el lugar de la renovación, porque permite reencontrar sentidos que la distancia va difuminando.

“¿Que si pienso retornar? Lo pienso siempre. No sé si lo haga”.

 


 

Página de la Literatura Guatemalteca.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Todos los derechos reservados.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Worldwide Copyrights.
Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.