Arturo Arias, por Marvin Olivares, 2003.

Escritor Arturo Arias

Entrevista por Juan Carlos Lemus, de Prensa Libre. 25 de mayo, 2003

Usted ha ganado dos veces el premio Casa de las Américas; como escritor, ha sido becado en Alemania, ha escrito varios libros y se le conoce relativamente poco en su país ¿Por qué cree que ha tenido más reconocimiento en el extranjero?

“Porque he vivido fuera desde los 18 años. Además, Guatemala es una casa muy chiquita, donde además de las envidias o las luchas de poder, un par de individuos pueden dictar gustos literarios y tratar de silenciar a los demás.

En el extranjero, uno es leído sin ese tipo de cargas emocionales, y valorado por la calidad de lo que escribe. Sin embargo, esto no pasa sólo en Guatemala. En todas partes se cuecen habas. Octavio Paz se quejó toda su vida de lo que de él se decía en México. Juan Goytisolo se queja de España”.

Actualmente -tengo entendido-, prepara un libro de crítica sobre la producción cultural centroamericana. ¿Cómo la ve?

“Fascinante, sobretodo porque por primera vez se le está haciendo justicia a la cultura maya, y a la garífuna, que son dos de las expresiones más fascinantes del istmo. Asimismo, por primera vez se empieza a valorar y reconocer figuras femeninas, lo cual es igualmente importante.

La literatura maya ejemplifica para mí las complejidades de negociar variadas diferencias culturales. A partir de su ejemplo podemos conceptualizar posturas sobre la apertura de espacios para articular vínculos entre culturas, sociedades y lenguajes”.

¿Cómo ve usted, desde fuera, al chapín común y corriente?

“No creo que exista un chapín común y corriente. Existen muchos modelos. Me parece que Luis Cardoza y Aragón describió brillantemente a uno de los modelos más desagradables del chapín común y corriente en “Guatemala, las líneas de su mano”, que es el chapín ladino, bolo, ramplón, clasemediero, machista, que siente lástima de sí mismo, pero que no hace nada por mejorar su situación.

“Desafortunadamente, ese modelo todavía existe. Pero hay otros modelos, más interesantes, más sabrosos. De allí que evite generalizar. Hay muchos chapines y chapinas que admiro, y de quienes me siento cercano”.

¿Quiénes son los escritores guatemaltecos reconocidos, vivos, en los círculos literarios de Estados Unidos?

“Hasta la primera semana de febrero, Augusto Monterroso era indiscutiblemente la figura más alta, valga el oxímoron. Ahora, no hay una figura única que acapare los laureles. Somos muchos”.

¿Por qué los escritores guatemaltecos no tienen poder editorial en Estados Unidos?

“Ningún grupo nacional latinoamericano tiene poder editorial en los Estados Unidos. Algunos individuos, como García Márquez o Carlos Fuentes, lo tienen, pero a nivel individual.

El poder lo genera el volumen de ventas. Ningún guatemalteco lo ha tenido en los Estados Unidos, ni siquiera Asturias, Cardoza o Monterroso. Eso se debe, en primer lugar, a la dictadura del inglés.

Los gringos son monolingües y provincianos. No entienden nada que no sea local, ni escrito en su lengua.

De allí que influyan los costos de traducción. Pero, en segundo lugar, a la naturaleza del mercado interno, constituido por minorías étnicas que cotizan su propia cultura, y al poder de la crítica académica, que en general, favoreció siempre a los escritores conosureños, por visualizarlos como más cosmopolitas y más blancos.

El racismo existe también dentro de la crítica. Sin embargo, conforme crezca la comunidad guatemalteco-americana, y conforme más guatemaltecos-americanos lean, vayan a las universidades, y formen una nueva generación crítica, más poder tendrán los escritores chapines, como ya ha sucedido con las comunidades cubanas, puertorriqueñas o mexicanas”.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas que ha tenido el vivir en el extranjero?

“La gran ventaja es la de romper con el aislamiento cultural, tener con quién conversar, acceso a libros, a conocimiento. Asimismo, poder distanciarme de Guatemala me permite vivirla en mi imaginación, lo cual facilita la creatividad al filtrar lo desagradable de lo cotidiano.

Sentir el poder de la nostalgia. Añorar las tortillitas con frijoles, la vista de los volcanes, el olor del incienso durante la semana santa.

Asimismo, no hay excusas para justificar la falta de éxito. En el extranjero, estamos solos y nivelados.

“La desventaja es el alejamiento gradual de la cotidianidad del país, y de los giros lingüísticos del habla oral, que van impidiendo con el tiempo que uno comente artísticamente sobre la nación, y lo vayan reduciendo a una literatura más introspectiva, cuyo anclamiento en el país se da en el paso por él, y en el pasado. Ya no en el presente”.

¿Cómo cree que incidirá en la literatura la guerra contra Irak y el pasado 11-09-02?

“Lentamente, como inciden todos los fenómenos en la literatura. Además, apesadumbradamente, generará una especie de pesimismo creativo, cargado de emociones, y de trágica esperanza en un sentido nietzscheano, donde se mezclarán el orgullo, pero también el lamento, donde aflorarán más las emociones.

A su vez, creo que entre los escritores se problematizarán las miopes agendas nacionales que no se preocupan por entender a Estados Unidos ni la globalización. Nos alarmamos de los ingenuos estereotipos tropicalistas y racistas con que nos cuadriculan los estadounidenses, pero tampoco ayuda a construir relaciones interculturales más inteligentes que no conozcamos sus contracorrientes y alternativas.

Tenemos que repensar la interculturalidad en los tiempos largos de los intercambios entre las sociedades, repensar un nuevo tipo de multilateralismo basado en la construcción de una ciudadanía globalizada multicultural”.

¿Por qué en Guatemala, según usted, no hay mujeres novelistas?

“Porque es un país abusivamente machista. Enjaula a las mujeres, las amarga, no les da espacios para desarrollar el largo aliento que requiere la novela. Yo creo que la gran mayoría de los hombres ladinos son homosociales, pues no quieren a las mujeres.

Prefieren estar entre ellos hasta embolarse y chillar. O bien creen que el más vulgar o el que da más trompadas es el más macho, que es una forma clásica de homosexualidad reprimida. A las mujeres las maltratan, les faltan el respeto, y las aprisionan en sus casas.

Hacen igual con los homosexuales abiertos, tildándoles de “afeminados”, como si fuera un insulto.

“Sin embargo, poco a poco van saliendo, a pesar de los pescozones. Ana María Rodas ha escrito cuentos brillantes, y hay muchas escritoras jóvenes que también están sacando cuentos de primera. De entre todas ellas, saldrá una gran novelista”.

¿Qué significa para usted ser presidente de la Asociación de Estudios Latinoamericanos, que agrupa a más de 5,000 académicos del mundo entero?

“Un gran honor, y un reconocimiento hacia mi persona. Una valoración por mis esfuerzos de toda una vida, no sólo por parte de académicos estadounidenses, sino también latinoamericanos. Pero más que nada, una oportunidad por cambiar la mirada que se da desde Estados Unidos hacia nosotros los latinoamericanos, y de reposicionar las relaciones entre norte y sur”.

Cuando le preguntan acerca de la literatura guatemalteca, ¿cuál es su respuesta?

“Es tan maravillosa, como desconocida. Asturias se anticipó a todo el “boom”, y nadie se dio cuenta.

Cardoza escribió poesía tan alta como la de Vallejo o Paz, y nadie se lo reconoce. Monterroso es tan profundamente innovador como Borges, y pocos lo dicen. La maravilla de la literatura guatemalteca es que es uno de los secretos mejor guardados del mundo”.

¿Qué ha hecho usted por la difusión de la literatura guatemalteca en Estados Unidos?

“Tratar de crear críticos profesionales que se interesen por ella. Casi cualquier estudiante de doctorado que trabaje sobre literatura centroamericana en California, me tiene en su tribunal de tesis, y trato de influir por allí. Sucede en otras universidades del país también.

Asimismo, publico críticamente mucho, y siempre sobre literatura y cultura centroamericanas, a pesar de que me limita en mi propio mercado de trabajo. Para mí es prácticamente como un trabajo militante. Solitario, y con poco reconocimiento, pero que producirá creces a largo plazo”.

¿Piensa retornar a Guatemala?

“¿Acaso me fui alguna vez?”

 

 

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.