CUENTOS DE TIEMPOS UNIVERSITARIOS, Editoral "Contemporánea", febrero l969.

Opiniones literarias sobre Edwin Cifuentes :

"Edwin Cifuentes es un nombre nuevo en las letras cuyo aparecimiento promoviera encontradas opiniones que van del elogio a la crítica, y si en ambos casos es evidente el apasionamiento inconsulto que impide el juicio sereno y ecuánime para situarlo en el lugar que haya de corresponderle en el ámbito de las jerarquías literarias del momento, no puede negarse que ello es, en cierto sentido, demostración del interés que despertara ; circunstancia por más halagadora para un escritor cuyos primeros pasos en su revelación se ven rodeados de un halo polémico, lo que no siendo frecuente puede decir de sus méritos. Su tarjeta de presentación ha sido un volumen de poemas ("Contemporánea") y una novela breve (Carnaval de Sangre en mi ciudad) ".

Ahora nos presenta un nuevo volumen : "Cuentos de Tiempos Universitarios."

"Es en el cuento donde mejor se delinea su personalidad y se descubre sus logros, principalmente de imaginación que el llama automáticos, y que más que cuentos son verdaderas parábolas. Abandonando aquel afán de originalidad y todo intento de premeditación, es aquí donde se revela el filón de originalidad que ha querido buscar por otros caminos comprometedores de la espontaneidad. Apegado a las formas tradicionales, alejado de distorsiones y ambigüedades, su estilo se clarifica y adquiere más concreción, a lo cual se suma la atmósfera onírica que le da categoría poética. (Miguel Marsicovetere y Durán, El Imparcial febrero de l969).

C o n t e n i d o :

OTHELO SMITH, ..............................................l964

medalla de oro, Departameto de Letras,

Facultad de Humanidaes de la Universidad

de San Carlos de Guatemala, l964.

 

CUENTOS AUTOMÁTICOS : ............................1967

Por la ruta de la Noche 

Hombre deja esa campana no

sea que suene la hora final 

Se empinó para cortar una rosa

 

ESTAMPAS DE NUEVA YORK :.......................1966

Cuando en eso vino el blus

Nueva York subterráneo

En la esquina del Carnegie Hall

EL ESPÍRITU DE LA MONTAÑA :.....................1965

El árbol sonoro

La flor - bailarina

Mashimón

El Ramón Juárez

SE EMPINÓ PARA CORTAR UNA ROSA (de Cuentos Automáticos).

Que tenía espinas ni dudarlo. Tampoco hay que dudar de los colores de la rosa. Ella era una flor, efímera, menos la del pensamiento como todas flores. Para alguien la rosa. Ella era una mujer, como todas, compañeras del hombre, crédulas, incrédulas, buenas, falaces. Insignes, valientes, derrumbadas, altivas ; tenaces mujeres que desde el primer punto de la historia siguen al hombre, porque no quieren perder a su hijo. Y ella ahora, la de la rosa, ve en esa rosa la promesa de su hijo - rosa, su hijo.

Cuando las rosas son despertadas a la vida por la luz de la luna después de una noche oscura ; cuando los pétalos cerrados se van abriendo lentamente por la caricia de la libélula de luz, el mundo se enciende en tremendas llamaradas de amor. Es que la rosa ha efectuado el milagro, porque es la flor - símbolo. Crujen los árboles gigantes en el bosque y el mar se queda quieto cuando la rosa se enciende en el horizonte. La rosa es el corazón de la mujer que se volvió flor para que un hombre la corte en el jardín de sus sueños y la devuelva a la mujer que ama.

La rosa estaba alta. Por eso se empinó para cortarla y también porque la cerca era alta. El rosal era un gran arbusto, casi un árbol. Adornaba aquella avenida como un cuadro pintado con pintura gruesa. Los transeúntes se paran a contemplar las rosas. Los niños quieren cortar las rosas pero no alcanzan. En la cerca vecina hay otras flores y mariposas que de cuando en cuando se paran sobre el hombro de las mujeres que pasan. Él se empinó para cortar la rosa. Era la rosa perfecta para la mujer amada. Estaba alta, claro está. La cerca estaba alta y decía con su altura que aquel jardín, que aquellas flores, con excepción de las mariposas, no pertenecían a los transeúntes sino a los moradores de la casa con puertas y ventanas cerradas. Pero él no resistió el llamado de la rosa perfecta. Se empinó y la cortó. Hubo un estremecimiento entre las mariposas. Las ventanas se hicieron añicos. Los transeúntes se pararon y volvieron la cabeza. Antes que la rosa estuviera completamente desprendida de su tallo hubo un zig zag violento y la mano del hombre, cercenada, cayó saltando sobre el pavimento.

Se moría la tarde. Las luces de la ciudad comenzaron a encenderse. Tras una ventana, como espiando, una mujer vigila la avenida esperando al hombre de la rosa. Este llega por fin, como arrastrándose, pálido como una rosa, pero en el brazo que levanta para saludar a su amada lleva una rosa, una rosa de sangre.


 

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.