MANUAL PARA NAVEGANTES DE UNA DOBLE TRAVESIA

Lucrecia Méndez de Penedo

Con simétrica pasión y lucidez a las de la escritura de Luis Cardoza y Aragón, Lionel Méndez D'Ávila realiza una sugestiva lectura de los textos del autor antigüeño, y elabora modelos de interpretación crítica que se convierten en una especie de manual imaginativo para navegantes de una doble öy muy errática- travesía.1 El rigor creativo de la disciplina arquitectónica Lionel la proyecta en asedios a la palabra y al pensamiento fluidos de Cardoza y Aragón -"buzo y astronauta"- sondeando en los abismos del mar y las galaxias de su universo.
En dos breves apartados, "Razón de parte" y "ÀLa clave del río está en las manzanas?", el autor establece la finalidad de su empeño: un recorrido interpretativo por la trayectoria literaria y política de Cardoza. El complejo cosmos cardoziano exige una focalización analítica múltiple. Así, el autor estructura su libro en cuatro grandes núcleos a los que intercala algunas digresiones figurativas, mediante ilustraciones comentadas, que operan como remansos que conducen al lector fuera del itinerario de lectura, dilatando semánticamente la reflexión acerca del discurso suyo y del ajeno. De esta manera, el texto de Lionel adquiere su propio espesor en diálogo de armónicas correspondencias con los de Cardoza y Aragón. Sin embargo, hay una clave de lectura que puede facilitar este embrollo: la dialéctica, porque es esta particular concepción del mundo y del discurrir la que se encuentra en la base del método de análisis y el discurso de ambos autores.
El primer capítulo, homónimo al título del libro, "Modelo para un imaginario de Luis Cardoza y Aragón -con un paraíso, un infierno y un río-" proporciona un esquema, convertido posteriormente en gráficas, en donde Méndez D'Ávila sistematiza öhasta donde es posible- el torrente cardoziano. Extrae dos elementos opuestos, pero complementarios: el paraíso (la infancia, el amor y la memoria; todo lo que atañe a las experiencias individuales en su matiz grato); el infierno (la historia prosaica y no la utopica), y como instancia intermedia, la confluencia en perpetuo movimiento genesíaco -el río, en su doble acepción aarquetípica de vida y muerte. Allí Cardoza hombre privado y Cardoza hombre público coexisten en perpetuo estado de confrontación; en diálogo poroso y polémico Cada núcleo de este modelo se desdobla casi al infinito en "resonancias" sobre sí mismo y frente a los otras instancias en un intrincado ensamblaje de elementos objetivos y subjetivos -el paraíso y el infierno; el sueño y la razón, la poesía y la estadística- que finalmente implican otros campos además del estético: el de los valores éticos y el de la práctica moral.
Méndez hace suyo hábilmente el tipo de acercamiento crítico cardoziano y lo aplica al concepto de modelo:
"Lo fundamental al analizar y proponerse el descubrimiento y la investigación de los valores de una obra, es hacer la síntesis nuevamente y en ella obtener la percepción clara y definida del espíritu que lo engendró" (p.18)
Es difícil explicar en pocas palabras el meticuloso modelo de Méndez d'Ávila, pero baste decir que logra encontrar la estructura profunda de la escritura y el pensamiento cardoziano, mediante una penetrante reconstrucción de su proceso germinativo y de cristalización oscilante entre su vida y su obra. Entre sus radicales ideas estéticas acerca de la libertad experimental y su aparente contradicción con la exigencia moral de una conducta social, intransigentemente enraizada en las propias convicciones políticas
Cardoza y Aragón no es un escritor ingenuo o descuidado en la composición textual. Detrás de estructuras gaseosas o fragmentarias se esconden recios diseños. Allí reside la tensión de su discurso poético y ensayístico. Cardoza desafía los cánones de escritura: simultáneamente explora el anverso y reverso, pero también el antes, el ahora y sobre todo, el después; trepa y desciende infatigablemente. La escritura polifónica resulta la única posible para expresar su polémica densidad conceptual Y la única crítica viable a sus textos -sin importar los métodos- parte de una vigilante perspectiva múltiple, que sepa captar los matices escondidos en los planteamientos y los rotundos aforismos cardozianos, que parecieran confundir su paraíso e infierno, pero sin proponer limbos.
"Devenir en el mito -ÀHistoria sin razón?-", segundo capítulo, constituye un espacio donde Lionel Méndez reflexiona acerca de la índole de la memoria colectiva -y en alguna medida también la individual-, la cual se sintetiza en imágenes y éstas, interrelacionadas, conforman las mitos. Cardoza expresa su palabra poética -no importa si el vehículo es la prosa-, valiéndose de estrategias intuitivas y fantásticas cercanas al proceso de figuración mitológica. Aquí resulta fundamental recordar su parcial adhesión al surrealismo en cuanto movimiento estético experimental öcon una implicación de libertad también en la vida social-, así como de exploración y profundización en zonas refrenadas de la psique humana. Pensemos en las descripciones de Antigua como mágica arcadia de su infancia perdida, o en libros espléndidos como Pequeña Sinfonía del Nuevo Mundo y Dibujos de ciego. En cambio, para expresar su posición política, que se encuentra cerca de la moral en cuanto a acción concreta, su discurso adopta frecuentemente un registro menos elaborado, más racional -"estadístico" para utilizar su terminología. En ese sentido, Cardoza, según Méndez D'Ávila, se opone al mito, en cuanto a encubridor de la realidad: de las verdaderas causas del atraso americano y del guatemalteco, específicamente. Pensemos ahora en Antigua como tartufesco escenario del alucinante Club de los Niños Suicidas, o en libros severos como La revolución guatemalteca. En suma, Cardoza adhiere a la fabulación mítica como visión y estrategia estéticas afortunadas para la escritura poética; pero las rechaza porque desvían u oscurecen la lucidez indispensable a la reflexión política. (Sin embargo, mediante una lectura atenta, estimo posible que el mito, mientras no reproduzca un macondismo artificioso, revele la otra cara del fulgor. Como magistralmente lo logra Miguel Ángel Asturias).
Cardoza y Aragón fue sin duda un apasionado sostenedor antidogmático de la utopía socialista, pero también un declarado individualista. Afirmaba que esa era su agonía personal, no vivida histriónicamente, sino humus indispensable para su escritura y sus ideas. Para adentrarse en el campo político, al igual que Luis Cardoza, Lionel Méndez revaloriza y actualiza los instrumentos analíticos del materialismo histórico, por considerar que persisten problemas estructurales no resueltos, pero reconociendo que no necesariamente el socialismo real ömenos aun en su versión stalinista- lo haya logrado. Señala Méndez que Cardoza no fue un militante ortodoxo, sino que "profesó un marxismo de raigambre humanístico", (p.205) y sus textos aparecen afirma: "(·) llenos de un fervoroso sentido de humanidad y de genérica justicia social" (p.206) .. (Ha sido señalado por algunos críticos, sin embargo, que en lo referente a las últimas décadas de la historia guatemalteca, el largo exilio, la convicción de la urgencia del cambio y el desconocimiento directo de los problemas internos de los movimientos insurgentes hayan determinado una visión parcialmente idealizadora en Cardoza en este aspecto) 2.
En el tercer capítulo, "Cardoza tiene razón", el autor elabora una larga reflexión histórica propia a partir de algunas afirmaciones de Cardoza acerca del tema de las etnias indígenas. Al desechar esencialismos y fundamentalismos. Méndez va a las graves raíces del problema, desmitificando arcadias pre-hispánicas que nunca existieron, antes que cayera sobre los indígenas la noche colonial:
Por ello, al hundirse los grupos dominantes que retenían el poder, la riqueza y el conocimiento científico (en inimaginable medida, ya que bajo estas estructuras no se operaba una transmisión de tecnología y conocimiento de los grupos dominantes a las bases) y que también tenían y retenían el conocimiento de la historia y su registro, y de la escritura de la misma, que eran analistas y escritores y dramaturgos y que, en resumen, estaban en lo alto de la pirámide al lado de los sacerdotes -ambos en Îlas rodillas de los diosesâ-, al decapitarse a estas élites del poder y no producirse continuidad de su acervo, en efecto, de manera objetiva, se perdió memoria de sus conocimientos de clase. Saberes que eran los que simbolizaban y constituían su desarrollo civilizatorio (habida cuenta que, de otro extremo, estaban los de los campesinos de las aldeas agrícolas que con su trabajo hacían posible esa grandeza. Pero los campesinos, por su condición, no eran depositarios más que de su experiencia empírica y milenaria, de su atraso y de su miseria -sin duda, no muy diferentes a la de hoy día-). (p.162-163)
Esta larga cita sirve también para resaltar una postura crítica cardoziana muy bien asimilada por Méndez DâAvila: no ser un receptor pasivo, sino crear la propia reflexión a partir de la lectura. En efecto, Méndez, tomando como insumos algunos fragmentos de textos cardozianos acerca de la opresión hacia el indígena y algunas especulaciones acerca de un augurable futuro guatemalteco interculturalista, formula y argumenta planteamientos -que aunque no disienten básicamente de los de Cardoza- presentan ya un esbozo de serie orgánica y, sobre todo, propia.
Parecido procedimiento se observa en la parte final, "Autobiografía" que consiste en un montaje elaborado con fragmentos de algunos libros de Cardoza y Aragón para ofrecer un parcial recuento de su vida: desde los años antigüeños, hasta la llegada a París. En la mejor tradición cardoziana, Méndez desaparece e indirectamente incita la curiosidad del lector para que emprenda el resto de la travesía por su cuenta. Lo que algunos llamarían el típico procedimiento de la "obra abierta" -que por cierto Cardoza utilizó frecuentemente-, y en este caso, dejando a cada cual la elaboración del propio itinerario.
Este ambicioso y denso libro de Lionel Méndez DâAvila asedia ingeniosamente a Luis Cardoza y Aragón. Se propone una ardua tarea: sistematizar la asistematicidad cardoziana. Y se convierte así en una imaginativa brújula que solamente señala nortes y no traza rígidos mapas de navegación. Al mismo tiempo, en una especie de doble escritura, subyace otro texto: la propia bitácora del recorrido de Méndez d'Avila por las aguas cardozianas, donde hace oír lo que a Cardoza örebelde hasta el final- le hubiera quizás agradado más que el inevitable elogio a su obra: la aparición de un nuevo registro deslindado del suyo. La voz del otro. La escritura de un interlocutor alerta.

1 Lionel Méndez D'Avila. Cardoza y Aragón obra y compromiso (modelo con un paraíso, un infierno y un río). Guatemala: Ed. Universitaria, Universidad de San Carlos de Guatemala, 1999. (Las citas textuales provenientes de este volumen serán indicadas sólo con su número de página correspondiente).
2 Vid. Mario Roberto Morales. "Matemos a Cardoza". Guatemala, Prensa LibreI, 6 septiembre, 1992; Lucrecia Méndez de Penedo. Memorie controcorrente: El río. Novelas de Caballería di Luis Cardoza y Aragón. Siena: Universita Degli Studi di Siena, Tesis de Doctorado:1997:217-218; 248-249

 

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.