TRENOS

Para el cadáver de un desconocido
 

I
 

Gris semilla de hielo.
Promiso golpe de bala,
a un tiempo, detuvo
su voz
    su pulso
        y su sueño
 

II
Suspensa en el instante
preciso del disparo,
                    su boca
eternizó el gesto vacío
del grito sin sonido,
en el cero estúpido
infinitivamente oscuro
de la muerte
(Boca abierta de pez sin agua
paréntesis en blanco)
 
III
Con los ojos abiertos
amaneció sobre la grama,
Anónimo, entre las pequeñas
corolas amarillas
y las grandes corolas rojas
de su sangre coagulada

Amaneció con la mirada fija
en la última estrella,
que se quebró en sus pupilas,
junto al rostro final
relampagueante de odios.

Amaneció cubierto de rocío
-como las flores y la yerba-
indavirtiendo los trinos.
Picoteada por la metralla,
como fruta inservible
-junto a la basura-
su carne joven y hermosa.

Amaneció con los ojos fríos,
de cara al sol azul,
un grito hirviente de silencios
congelado en su boca,
y flameándole entre las manos
una invisible bandera
 

IV
¿Qué ternura, que nombre,
qué dulce clave, que
despedida
quedó plasmada
en el silencio abierto
de tus labios rígidos?
¿Qué homenaje, que denuncia,
qué protesta, qué blasfemia
entre tus dientes amarillos
que ya inician
la desorbitada "O" de la
calavera?
 
V
Cadáver equis, equis,
entre los miles de
ametrallados
en Guatemala
yo guardaré tu cara
dentro de mi sangre que
protesta.
Yo acunaré tu imagen
con mi canción violenta.
Yo cerraré tus ojos
Y juntaré tus labios
con mis dos manos tiernas.
Y como una madre nueva
que llega a ti en la muerte,
yo besaré tu frente insomne
para que al fin te duermas,
y en la matriz de la tierra
poco a poco te conviertas
en semilla de un niño
que dulcemente sueña
la patria en primavera
y la hace renacer
a su verdor perenne.

 


 

Página de la Literatura Guatemalteca.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Todos los derechos reservados.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Worldwide Copyrights.
Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.