A Sonia, Coralia y Rodolfo.

La Primera Palabra

Y…
el llanto fue nuestra primera palabra.
El primer grito de llamado
al ausente y cálido refugio conocido.
La terrible expresión
de la primera soledad del cuerpo,
expatriado
de su mundo visceral y
palpitante.

Y…
el frío fue nuestro primer encuentro.
El frío, el dolor y la sangre.
Nacimos entre sangre y llanto;
cortados a raíz y tajo
de la única patria
intransferible
de hueso y carne.
El llanto fue nuestro primer idioma.
La sonrisa vino después,
quizás,
nacida entre sueños,
al recuerdo de días anteriores al exilio,
junto al calor de un cuerpo,
o de la tibia lana,
que fingen el dulce clima
del sitio antiguo que añoramos siempre
y al que volvemos,
efímeramente,
entre el sueño y el orgasmo.

El llanto fue también
nuestra primer protesta,
el primer canto de denuncia
contra
la miseria, la inermidad,
y el desamparo descubiertos.
Primera y perenne palabra,
el llanto
ha de ser, también,
la última.

Sin sonido, quizás,
al despedirnos.
Y…
entre las dos:
La vida.
La vida, ahí,
sin que sepamos
si ha sido algo más
que esta primera
y última palabra.

Trascendencia
Entre mi piel y la tuya,
el muro negro imposible
y el abismo, intransitable
que no borra,
más que un instante,
el deslumbramiento cegador
del éxtasis,
relámpago aniquilador efímero
de realidades.

Límite insalvable,
la soledad del cuerpo
que circunda
el hambriente vacío,
en torno a donde crece
concreta muralla
de carne, huesos y nervios;
sobre la que se alza,
única vencedora,
la palabra.

La palabra que perfora muros,
cruza abismos,
anula distancias
y nos penetra
intensa
para quedarse.

Enigmas
Y todo el aire que no sabe
que es azul, que es nube y que es cielo.
Y todo el mar que no sabe
que es sal, que es la ola y que es espuma.
Y toda la tierra que no sabe
que es playa, que es montaña y que es árboles.
Y todo el fuego que no sabe
que es ardor, que es llama y que es ceniza.
Y todo yo que no sé lo que soy
si soy mar, cielo, playa o fuego
o todas las cosas que son o no son
-que las pienso o que las sueño-
o que quizás no sean más que otro sueño
que nunca sabré ¡Que nunca sabré!
quien ha soñado.

Paradoja
Esto ¡tan frágil!
más que delgado cristal
o niebla tenue
¿Soy yo?

Yo que te abarco
extenso paisaje,
montaña densa,
infinito mar,
ancha tierra.

Yo que puedo
hacerte mío
en un solo respiro
aire diáfano.

Este, soy yo
inerme y minúsculo,
centro
del universo mismo.

Este soy yo,
más vulnerable
que un pétalo.
Transitorio
como el rocío.

Amenazado
por todas partes
con la simultánea muerte
de las cosas que amo,

Y que no puedo defender,
más allá de mí mismo,
ni siquiera
con mis palabras.

Verano
Marchito verdor.
Rescoldo del verano
trasciende
en la sed de las agotadas
raíces.
Entre los arbustos secos,
la muerte
juega rondas de fuego.

Polvo y hojarasca
en espiral
se elevan entra la ciega
tolvanera
y sólo queda
el dolor de las ausentes
hojas y
las cuencas vacías
de la tierra
en donde agonizan
silenciosas
las semillas,
como palabras
que nunca se dijeron
ni han de decirse.



Tenacidad
Sí.
Quebradme la canción.
Dejad muda
mi garganta incansable.
Quitadme la mirada.
Dejad vacíos mis ojos
como cuencas secas.
Robadme lo sensible
de mi epidermis tensa.
Matadme de los músculos
la voluntad de andar.
Torcedme el esqueleto.
Dejad mis manos quietas
y mis piernas como piedra.
Cerradme los oídos
con arena y con cemento
y que no vuelva a escuchar
música o palabras nuevas.
Volved incapaz mi lengua
de conocer azúcar o sal
y mi nariz cerrada
hasta la fragancia del pétalo,
y quede yo todo
tan insensible y quieto
que más bien pareciera
ya estar muerto,
aunque tenaz por dentro
yo me alzaré intenso y vivo,
triunfador
de la empedernida corteza,
por las palabras silenciosas
que, para mí,
dentro de mí, crezcan.

Íntimo
"…puesto el atento oído
al son dulce acordado
del plectro sabiamente meneado"
Fray Luis de León.

Insulta,
escupe,
golpea,

quizás, así,
no cerque
ensordecedor parloteo
tu espacio mínimo
y puedas,
en libre soledad
y silencio,
"puesto atento el oído"
otra vez escuchar
en ti mismo,
caracol renaciente,
las pobladas voces
de tu propio infinito.

 

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.