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El vuelo del ángel
Dante Liano
Introducción
En este volumen de cuentos se tiene ante sí a uno de los jóvenes
escritores guatemaltecos de mayor prestigio entre sus colegas y en el
mundo académico occidental euro/norte y centroamericano. Se trata
de Dante Liano, Premio Nacional de Literatura, 1991, autor de dos libros
de cuentos, dos novelas y varios textos de crítica literaria, profesor
de literaturas extranjeras en Milán, Italia, becado para estudiar
literatura en ese país, Director de la Revista Centroamericana
de literatura y autor de la Antología Libro Poeti di Guatemala
de la Universidad de Milán, entre otros méritos, como el
de participante expositor en numerosos congresos y encuentros internacionales
de literatura. Sin más preámbulos, establezcamos que se
está frente a señeros cuentos, producto de la valiente narrativa
de los años setenta en Guatemala, cuando la crítica general
aún no despertaba del estupor que significó que una nueva
generación de escritores rompiera con los cánones literarios
y morfológicos establecidos, de la mano con una época de
rupturas éticas y moralistas a nivel mundial. Nada había
de nuevo. Sin embargo, para la mentalidad tradicional y conservadora,
de corte criollista, el impacto de esta nueva literatura en Guatemala
provocó distintas reacciones y discusiones académicas destructoras
y defensoras. No puede negarse empero, que esa apertura que las nuevas
formas narrativas produjeron continúan vigentes veinticinco años
después y que, actualmente sus productores: cuentistas, novelistas
poetas y dramaturgos, constituyen esa fuerza nutriente, en conjunto con
los artistas plásticos y músicos, que a pesar de los avatares
de la nación no sucumbió y es la energía creadora
que alienta el proceso transitorio a nuevas generaciones de escritores.
Dante Liano es uno de aquéllos. Fue quien hizo época cuando
publicó en Diario EL GRAFICO su famoso cuento Jorge Isaacs habla
de María en respuesta a esos, desde aquel entonces, obsoletos programas
de Idioma Español y de Literatura, que quedaron como cursis luego
que este cuento surgiera avante de la polémica suscitada. Después
vendrían más cuentos en tono similar, algunos de los cuales
forman esta brillante selección de lo mejor de su narrativa cuentística.
El autor demuestra en esta antología su capacidad en el manejo
de las técnicas y los recursos del discurso narrativo formal y
de fondo contemporáneos. Desfilan en estos cuentos la ausencia
deliberada de signos de puntuación, de mayúsculas, la transcripción
de discursos antiortográficos y también el uso sorpresivo
de afortunadas metáforas que, en ningún momento demeritan
su narración pues, además, se muestra en ellos una escritura
literaria impecable.
¿Influencias? Las hay como en todo escritor experimentado. Tomemos
en cuenta que los años setenta de este siglo son los del boom literario
latinoamericano que tanto impacto causó en la formación
literaria de nuestro hemisferio y, habiendo sido Dante uno de los críticos
guatemaltecos que mejor analizó la novela Pedro Páramo en
aquellos años nada más consecuente que encontrar la egregia
figura de Juan Rulfo en los últimos dos cuentos de este volumen,
solamente que en el más genuino marco guatemalteco de los recientes
años.
Sentimientos de distinta índole experimentará el lector
en el transcurso de esta lectura: el juvenilismo literario de los setenta,
la tensión del hecho delincuencial, la ironía y la sátira
contra la cursilería del amor platónico e idealista, el
amor frustrado por una desgarrante historia de un triángulo amoroso,
la locura compartida entre la madre y su hija, un curioso y sentido homenaje
a Rafael Landívar, la violencia urbana en todo su esplendor, el
infaltable terror represivo contra el intelecto libre, el asesinato impune
y la insoslayable presencia militar patrullando los caminos de la patria.
Por esto y más estamos seguros de tener ante sí, entonces,
una de las plumas más brillantes de la literatura guatemalteca
finisecular.
Carlos René García Escobar
Nueva Guatemala, de la Asunción, día de San Mateo, Apóstol
y Evangelista, 21 de septiembre de 1996.
Fuente: Periódico La Hora
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