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Roberto Cabrera: Yo cumplí mi papel. Hay que saber llegar a viejo y al arte también Por Carlos René García Escobar La siguiente es una entrevista que le hiciéramos a Roberto Cabrera el 19 de agosto de 1993 en la ciudad de San Isidro El General Pérez Zeledón, en Costa Rica, C.A., durante un Congreso de Culturas Populares en el que coincidimos ambos, incluso en una mesa redonda en la que el artista fuera moderador. Las declaraciones de Cabrera reflejan el estado general del desarrollo del arte en Guatemala a partir de la Contrarrevolución de 1954 hasta 1980 cuando se decidiera a radicar en aquel país centroamericano, demuestran su desempeño como docente en las universidades de ambos países y su actual actividad como investigador social centroamericano. -¿En qué fecha naciste Roberto? -Nací el 11 de diciembre de 1939 en la ciudad de Guatemala. -En primer lugar ¿Cómo nació tu vocación de artista y cómo empezaste? -En los años cuarenta la única forma de acceder al arte era a través de la Educación Media. En el caso de la Pintura era en la Escuela Nacional de Artes Plásticas que anteriormente había sido la Escuela de Bellas Artes. Ingresé a esa escuela antes de cumplir los catorce años reglamentarios. Entré en el tiempo en que la Escuela tenía una gran dinámica en lo que era el desarrollo de la fase final de la famosa década de la democracia en Guatemala, en el gobierno de Jacobo Arbenz Guzmán. Para mí fue impresionante ingresar al taller de gráfica que dirigía el maestro Bustos, donde la formación estaba ligada a lo que sucedía en ese momento en Guatemala. Era el proceso de democratización que el gobierno de Arbenz estaba realizando a través de obras fundamentales de infraestructura como la presa que iba a electrificar el país a nivel nacional, Jurún Marinalá, el Puerto Matías de Gálvez que iba a sustituir el puerto que ocupaba prácticamente la compañía bananera y el ferrocarril, de capital internacional, que iba a ser compensado con la gran carretera que se dirigía al puerto de embarque de los productos guatemaltecos. Esta era la temática obligada en las clases de grabado y en las discusiones y un poco lo que se discutía a nivel del arte. Por otro lado también ya estaba haciendo sus efectos el Decreto 900, Ley de Reforma Agraria, que era otra de las grandes temáticas. La influencia en ese entonces en el arte guatemalteco era eminentemente mexicana, no sólo por el maestro Bustos sino que porque algunos otros maestros habían tenido ya un nexo grande con esa pintura, principalmente con el Muralismo. O sea pues, que entré a la Escuela en 1953. Mi vocación, como la de todo niño, de todo joven que se interesa en las cuestiones de expresión, surgió en la Escuela Secundaria, mis profesores de 5o. y 6o. grados me estimularon mucho. Recuerdo a mi profesor Carlos Avendaño con mucho cariño. El me ayudó a definir un poco la vocación. Cuando habló con mi padre le dijo "Este muchacho debía estudiar arte" y en aquel entonces, que no estaban definidas las carreras artísticas, lo primero que hizo mi padre fue meterme a un taller de brocha gorda. Estuve trabajando antes de entrar a la Escuela en un taller de brocha gorda que era de los hermanos, los maestros Rodríguez, muy relacionados con otro viejo taller de brocha que eran los Luna. Estuve de chiquillo allí como unos dos años, cargando escaleras y limpiando botes viejos de pintura. Aprendiendo a pintar paisajes de navidad y casitas de madera para poner macetitas, que era con lo que ganaban estos artesanos la vida cuando no había pintura de casas. Allí aprendí como dicen el duro oficio de pintar de brocha, que es muy agradable. Aprendí las nociones de lo que los paisajes de navidad hacen de las escenografías navideñas. Eso me ayudó bastante porque aprendí mucho lo que es un artesano en el arte cuando ya ingresé a las clases formales de la Escuela y tuve clases de escenografía con el maestro español Carlos Rigalt. Tuve la suerte de que me diera clases de dibujo Arturo Martínez. Conocí algunos de los cursos que no me tocaban todavía pero que los más jovencillos nos metíamos a recibir que eran las clases de Roberto Ossaye en el color. Tuve de maestros fijos a gentes que después iban a representar mucho en mi arte, principalmente en la forma en que el arte debe hacerse desde el punto de vista profesional. El maestro Tejeda Fonseca quien también me dio muchos años después el gusto por la Antropología y la Arqueología cuando era Director del Museo de Arqueología. Tuve contacto también con el maestro Chinchilla del museo. Esto me fue acercando con todo lo que la Revolución del 44-54 le pedía a los intelectuales, un acercamiento a las raíces de carácter histórico, arqueológico, etnológico de Guatemala. Se nos daba mucha información sobre la cuestión indígena. Había una recuperación arqueológica de lo que había sido la cultura maya. Se tenía mucho orgullo de eso. Estábamos muy influidos de las ideas de Carlos Mérida y su recuperación de la problemática precolombina. Todos esos elementos me sirvieron para hacer del arte mi primera gran profesión que todavía amo mucho y con la que trabajé muchos años. Estuve en la Escuela hasta el año 1958 como estudiante regular. En ese entonces no se extendía título alguno. Con una formación en la que uno se hacía artista a través de ir ganando e ir pasando los cursos. Originalmente me dediqué mucho a la Gráfica, al Dibujo y al Grabado, precisamente porque mi primera incursión fue en talleres como los de Bustos que imitaban la Gráfica Popular Mexicana que es el taller del maestro Leopoldo Méndez en México. Su alumno García Bustos nos vino a dar los cursos a Guatemala invitado por Luis Cardoza y Aragón, para hacer del taller de Gráfica algo semejante a lo que se hacía en México. Todo esto confluyó a que me dedicara al principio a las Artes Gráficas, al Dibujo y al Grabado. Todo un maestro muy importante en mi vida fue don Enrique De León Cabrera y siempre que tengo oportunidad hablo de él, que me enseño todos los mecanismos, fotografía, grabado en metal y en madera. El estuvo sustituyendo a García Bustos después de La Revolución y después lo sustituí por catorce años en la ENAP como profesor de Gráficas. Estos fueron fundamentalmente mis maestros. Claro, tuve también de maestros a Grajeda Mena, a Dagoberto Vásquez y algunos otros profesores pero, aparte de que me dieron clases, no fueron amigos míos. A nosotros, a pesar de que éramos muy jóvenes, artistas como Arturo Martínez nos consideraban amigos. Posteriormente fui amigo de Grajeda Mena, ya profesionalmente y de algunos otros profesores como el maestro Rigalt. Otro compañero con quien fuimos después colegas en la Escuela es el Prof. Alvarez que ha dado por muchos años las clases de Anatomía Artística. Otro gran maestro que me enseñó el dibujo técnico, lineal, la perspectiva, el arquitectónico fue el maestro González Goiry quien también fue muy querido. Todos esos fueron mis maestros que yo creo que puedo sentirme muy orgulloso de ello. Y un gran maestro fue para mí Carlos Mérida que, aunque en aquellos años no lo conocía personalmente, años después fuimos grandes amigos hasta que yo salí de Guatemala. Mis inclinaciones artísticas se vieron realizadas en una etapa brillante todavía en Guatemala, que era el rescoldo que quedaba de la década del 44-54 y, una cosa importante que nunca niego con respecto a mis estudios artísticos, es la sólida formación con respecto a lo guatemalteco que en aquel tiempo se daba en el país. Con respecto a la cultura indígena, el aspecto arqueológico, la historia del país a través de la lucha de Bedoya y otros aspectos que del 44 al 54 se enarbolaron mucho como los símbolos de nacionalidad, la lucha de los maestros antes de los 40's. Todas esas cosas eran lo cotidiano en la Escuela, aparte de que nos enseñaban a pintar, a dibujar y a hacer escultura. Había una formación humanística muy importante la cual se perdió después del 54 y ya no digamos después de los años 60's. Yo nunca pertenecí al Saker-Ti sino a otra asociación que hubo cuando este grupo terminó que se llamaba la UNDEAG o sea Unión de Escritores y Artistas de Guatemala, en la cual habían algunos elementos del Saker-Ti y otros nuevos. Eso duró muy poco. -¿A quiénes recuerdas como compañeros en esos grupos y en esos años? -En esos años los compañeros míos de toda la vida artística fueron mi recordado amigo, hermano en el arte, diría yo, Rafael Pereyra, que murió muy joven, amigos de estudios y de primeras experiencias ya profesionales y Marco Augusto Quiroa con quien anduvimos como un trío muy unido. Luego Gilberto Hernández que era muy bueno al principio. Éramos un grupito en los años 59-60 cuando ya empezamos a necesitar un grupo que sustituyera aquellos grupos que hubo en los 44-54. Entonces creamos la Asociación de Estudiantes de Artes Plásticas, como una imitación de la ADEBA o sea la Asociación de Estudiantes de Bellas Artes existente durante la Revolución. Nosotros hicimos la asociación juvenil de Artes Plásticas y como en el 59 editamos el Semanario Color y Forma. Allí estaba también Vaskéstler, que siendo mayor que nosotros había participado más en el período anterior. Creo que iniciamos el primer periódico de Crítica de Arte, independientemente de lo que Cardoza había hecho con la Revista de Guatemala, o Artes y Letras que se había hecho por estudiantes de Derecho en la AEU. Cuento eso porque fue en Color y Forma donde empecé a publicar Crítica de arte. El primer artículo que publiqué es del 60 precisamente hablando sobre el arte europeo de esos años, el arte abstracto. Fue cuando empecé a vivir mi vida profesional. También formamos otra asociación que fue el Círculo Valenti en memoria del pintor que había muerto en Europa viajando con Mérida a principios de siglo y que para nosotros era un gran dibujante totalmente desconocido o conocido en un círculo muy pequeño. Nosotros quisimos darle una importancia histórica mayor y creamos el Círculo Valenti. En esos mismos años también me inicié en la Crítica de arte publicando en El Imparcial, estimulado por Morales Nadler y por el maestro Brañas quien fuera un gran amigo mío y que me enseñara a escribir literariamente ya que no teníamos formación alguna y no existía el curso de Crítica del Arte. Por eso nos teníamos que autoformar y eso sí, nos enseñaron a autoformarnos, lo cual creció a la par de mi pintura. -¿Cómo fueron esos años 60's en el arte plástico guatemalteco y cuál fue tu papel en esa época? -Lo que queríamos nosotros con estos grupos era ir ampliando el
horizonte que el proceso de la Revolución había dejado con
ese gran movimiento de la plástica guatemalteca que seguía
muy de cerca los elementos de la plástica mexicana muralista. Las
incursiones que ya algunos artistas como el maestro Arturo Martínez
habían logrado superar de la escuela parisina, el caso de Chagall,
Duboufett y otros como Paul Klee que para nosotros eran desconocidos.
La pintura de Roberto Ossaye que a pesar de que tenía un marcado
carácter de la muralística mexicana se acercaba mucho al
Guernica de Picasso. Un poco lo que Grajeda Mena y Dagoberto Vásquez
habían logrado en Chile con un tipo de escultura ya diferente y
no heroizante como la de Galeotti Torres. Este último fue muy orientador
en mi vida como viejo maestro, de cepa italiana, de los grandes monumentos
heroicos de la dictadura ubiquista y demás que llenaron de monumentos
el país. Cuando él fue Director de la Escuela y todavía
en el período de la Revolución estimuló mucho la
apertura. Entonces, ¿Qué había en Guatemala en los
años 60? Lo que había era una serie de artistas que eran
la transición entre artistas de la Revolución y nosotros.
Menciono nombres porque es importante recordarlos: el maestro Aragón,
Juan de Dios González que seguía muy de cerca a Carlos Mérida,
un compañero muerto prematuramente de apellido Lara, Ceballos Millián,
muy bueno también y Víctor Vásquez Késtler,
que todavía viven. Ellos eran la generación anterior a la
de nosotros pero que se quedaron como cortados, ni fueron la generación
vieja ni fueron la nueva. A nosotros nos tocó lo mismo también
porque ni nos formamos plenamente en el proceso democrático ni
logramos desarrollar algo diferente ya en la Contrarrevolución
después del 54. Lo logramos pero ya en los 60, expoliados por otro
contexto que es después de los acontecimientos que se dan en toda
América Latina y principalmente después de la Revolución
Cubana, cuando cambia mucho el concepto latinoamericano. En los 60's empieza
a haber procesos de integración a nivel regional y latinoamericano.
-¿Habían mujeres en el grupo en ese momento? -Cómo no. Se me olvidaba. Había dos compañeras de
estudio que una de ellas todavía pinta y es Magda Eunice Sánchez.
La otra era Norma Nuila. Ellas estudiaban Arquitectura y llegaron junto
con Elmar que también estudiaba lo mismo. Ellas estuvieron en el
Valenti. Después se integraron a Vértebra cuando ya lo habíamos
formado. Después del Valenti como que ellas se fueron por su lado
y nos quedamos Elmar, Quiroa y yo. Allí entran ya Luis Ortiz y
Ramón Avila y recuperamos a los viejos maestros en Vértebra.
Me recuerdo que la AEU me buscaba, como yo era más grabador que
otra cosa, para hacer dos o tres portadas de su revista. Entonces hice
una serie de las Jornadas de Marzo y Abril. Fueron los años en
que se quemó el manicomio e hice unos dibujos sobre eso muy influido
todavía por el dibujo de Orozco y de algunos grafistas latinoamericanos
como Baskin, que vivía en Nueva York. Eran los años del
Figurativismo de Cuevas. Siempre se me dijo que yo era cueviano, pero
yo surgí un poco del Carlos Valenti y de Orozco que fue la misma
fuente en que bebió Cuevas. Él estaba haciendo esas cosas
pero era una lógica que en el dibujo de Guatemala, por los maestros
y la influencia que Orozco había ejercido, fueran muy semejantes.
Además yo estaba muy influido por la pintura de acción norteamericana,
por Jakcson Pollock, o sea, unos dibujos más charreados que otra
cosa. Tenía mucha influencia del Automatismo Francés, que
eran los elementos que nosotros tratábamos de introducir en los
60's. Entonces surgió ese figurativismo truculento que hice en
mi primera etapa, muy influído también por algunas figuritas
de Martínez. -Así llegamos a 1968, año muy importante para la historia artística del país por que nace Vértebra. ¿Qué significa para vos y qué significa en general? -Es una síntesis de los intentos organizativos que teníamos desde que egresamos de la Escuela a finales de los 50. En el 68 ya somos más maduros. Cada quien tenía ya su trayectoria. Un reconocimiento público. Nos decían "maestros" desde muy jóvenes y teníamos la posibilidad de crear un postulado artístico que considerábamos válido para Guatemala. Vértebra significaba la "médula" del arte nacional a través de un arte que interpretara no solo el contexto nacional sino también sus raíces. No solo pensábamos en lo indígena sino lo que estaba sucediendo en Guatemala, la violencia revolucionaria y contrarevolucionaria. Quisimos ampliar Vértebra no solo en la Plástica sino integrar a otros trabajadores culturales en ese proceso y así fue como creamos Vértebra Musical con Joaquín Orellana, Enrique Anleu que ya pertenecía como pintor, Sarmientos y Rodrigo Asturias. Empezaba también a sentirse la necesidad de coaligarse con los escritores que constituyen después Nuevo Signo y que estuvo siendo el ala poética de Vértebra donde están ya Morales Santos, Delia Quiñónez, Luis Alfredo Arango, Pepe Mejía, Villatoro, Antonio Brañas y Julio Fausto. Hicimos un intento de reunir a los baletistas a través de Roberto Castañeda pero no se logró. Nuestro mayor éxito fue unir toda la Vértebra por Centroamérica. Entramos en contacto con los compañeros de El Salvador: La pájara pinta, con Roberto Cea, Roberto Armijo, como escritores, con Carlos Cañas, maestro de la pintura salvadoreña. En Nicaragua estaba César Izquierdo que formaba parte del grupo Praxis que dirigía Alejandro Aróstegui. Izquierdo se había ido muy joven a Nicaragua y allí se terminó de formar. Eran como siete buenos artistas los nicas. Entramos en contacto con amigos costarricenses que yo tenía de años anteriores como Felo García, el escultor Néstor Zeledón que conformaban el Grupo 8 en Costa Rica. Entonces hicimos una exposición grande en El Salvador y otra igual en Costa Rica en el Museo Nacional. Quisimos hacerlo en Nicaragua pero no se pudo por las condiciones especiales que se vivían allí. Tampoco pudimos en Honduras porque no logramos conseguir un grupo de artistas. Fue muy poco el tiempo de Vértebra pero sí logramos exponer en el Palacio de Bellas Artes de México invitados por el gobierno mexicano, expusimos en la Bienal de París y también en Nueva York, donde ya antes exponía yo regularmente. Esa fue la labor internacional y regional que logramos. Fueron como cuatro años. Tuvimos nuestra propia Galería en el edificio Etisa de la Plazuela España con la ayuda de Ramón Ávila a quien le debíamos la parte administrativa. Hicimos una exposición retrospectiva de Arturo Martínez cuya presentación hice yo y montamos exposiciones estupendas allí. -Sí. Yo recuerdo que estaba muy patojo y que a través del periódico que a veces llegaba a mi casa y por medio del radioperiódico El Independiente me daba cuenta de la existencia de Vértebra. Entonces viajaba desde la colonia La Florida, donde resido, hasta la zona 9 a ver la Galería y también estuve en su inauguración. Yo era un patojo muy curioso. Los vi a ustedes y realmente me causaban mucha admiración. Creo que me volví escritor porque soy un pintor frustrado. Vértebra me impactó toda la vida. Hasta la fecha creo que Vértebra ha sido en mi vida una "vértebra" de mi concepción ideológico-política de la realidad nacional. Pero bueno, ¿Qué pasó con Vértebra? -Cuando nacimos hicimos un manifiesto que ahora me parece muy romántico pero en ese momento causó mucho escozor en algunos círculos de pintores. Queríamos hacer un arte nacionalista pero implicado dentro del arte contemporáneo. Que identificara el contexto nacional que era el de la violencia y no lo podíamos hacer tan cubierto como lo pretendían algunos artistas abstractos. El manifiesto es muy tibio para la época aunque en ese momento pareció muy fuerte. En él decíamos que había que hacer un arte que se desprendiera de los patrones impuestos en ese momento: esa transnacionalización de la cultura y esa penetración masiva de los símbolos y la iconografía de los países altamente industrializados. De las políticas culturales que se editaban a partir de las grandes universidades norteamericanas que querían ir guiando el arte latinoamericano con concursos como los de la ESSO que se organizaron en los años 60 y que empezaron a premiar el arte abstracto que evadía la realidad latinoamericana. Concursos como los de algunas empresas cigarreras de América del Sur, en Colombia, Argentina y Chile. Eran papeleras internacionales canadienses que empezaron a organizar bienales y se empezó a premiar mucho el arte que trataba de no mostrar los elementos del arte latinoamericano de la época. Lo que Marta Traba llamó "La época de la entrega". Para ella la época 40-50 era la "época de la resistencia" y la de la "entrega" según ella era la década 60-70. Y es cierto, aquí se da la integración de C.A. Los procesos de polarización de las luchas internas en estos países se tratan de paliar después de la Revolución Cubana con políticas de integración económica, de mercados comunes y demás. Eso también destruye la cultura y nosotros, aunque no éramos muy claros críticamente en eso, nos opusimos por medio de Vértebra y eso fue lo que tuvo de valioso. Pero lo hicimos en un contexto que no podíamos romper realmente porque oficialmente se amparaba el otro arte. Éramos reconocidos pero no nos permitían mucha rebeldía porque ya no nos compraban cuadros. La literatura con Nuevo Signo y la música con Sarmientos se desarrollaban en este sentido. Sarmientos hacía música no tonal. Orellana empezó a desarticular los sonidos de la marimba en lo cual aparecían referencias directas a la violencia en el país por medio de sonidos concretos (aparentemente electrónicos). Había todo un sentimiento. Pero había otros que no hacían eso. -¿Cómo participa Lionel Méndez Dávila en esto? -Lionel Méndez es un estudiante de Arquitectura amigo de Elmar.
Hijo del maestro Francisco Méndez, un gran escritor, uno de los
vates más lúcidos de la generación anterior 44-54.
Lionel absorbió la cuestión literaria, pero es el producto
de las resonancias de Luis Cardoza y Aragón y de un libro que nos
impactó a todos que es Apolo y Coatlicue. Un libro sobre el arte
europeo y el americano, que opone la belleza de Apolo a la belleza de
Coatlicue, la diosa de la muerte en México. Eso nos lo daban los
maestros en la ENAP y lo leímos todos. Lionel lo leyó y
toda la vida ha sido un enamorado de Cardoza y Aragón, tanto que
en son de broma le decíamos "Lionel Cardoza y haragán"
porque siempre quiso imitar a Cardoza. Entonces esos escritores que surgieron
tenían mucha influencia de Cardoza y también de los poetas
que viven en México y de los escritores de A. L. y España
que para nosotros eran la maravilla: Vallejo, Neruda, García Lorca,
Hernández, Nicolás Guillén, Asturias, etc. Empieza
a ser representado tímidamente el teatro de Manuel Galich con El
tren amarillo, escenografía de Max Saravia Gual y dirección
de Rubén Morales Monroy. Otra galería muy importante era
la que conformaron Luis Díaz y Daniel Shaeffer en la Avenida Reforma.
Se llamaba Galería D.S. que estuvo antes de Vértebra y fue
la que dio a conocer a Luis Díaz, a Efraín Recinos, a Margot
Fanjul, a los que íbamos a ser "vértebras" y a
otros artistas que trajo de otros países. -¿Y del 72 en adelante? -Pues resulta que los postulados que nos habían unido se desbarataron
y yo también entré en una fase de revisión crítica
de mis propias concepciones artísticas. Fui rechazando un poco
el mecanicismo que tenía nuestra interpretación de la realidad
en el país. La misma realidad y el mismo contexto nos obligó
a cambiar a algunos más que a otros. A mí me obligó
mucho. Adquirí una conciencia más lúcida y crítica
de la situación de Guatemala y me replegué un poco. Consideré
que ya nada podíamos hacer juntos y en ese momento los compañeros
tenían que definir diferentes líneas de trabajo y de responsabilidades
profesionales e incluso políticas. Elmar empezó a participar
en la D.C., Quiroa se replegó, Ramón Avila no se interesaba,
trabajaba para el periódico La Nación y todos nos fuimos
como desencantando. solo quedó el aspecto comercial y la fama que
nos hicimos. Hay una carta que yo no sé quién de todos la
conserva en donde les pedía yo como fundador de Vértebra
que jamás volviéramos a usar este nombre porque ya los postulados
habían muerto. Que yo no autorizaba seguir trabajando en Vértebra.
Ellos se rieron porque pensaron que era algo romántico, pero yo
sí lo tomé en serio porque después de eso abrí
otro aspecto de mi vida muy importante que fue el Estudio y Taller Cabrera.
Una escuela privada de enseñanza del arte contemporáneo
y de la teorización que tuve durante tres años a nivel privado
y allí tuve la oportunidad de reunir a viejos y nuevos amigos,
o enemigos después también. Allí trabajaron: Elmar
en las clases de Cerámica, Avila en Diseño Publicitario,
Díaz en el Diseño de Ambientes y Arquitectónico,
Juan de Dios González en los cursos para niños, Arturo Tala
García en Escultura, Jacinto Guas -que había sido mi alumno
y era joyero- en Orfebrería, Los Hnos. Hernández, muy buenos
tejedores, en Tejidos con telar de pie y de cintura. Esto fue del 72 en
adelante. Esto me hace hablar ahora de la docencia.
-En el campo de la investigación, plenamente. En el campo del contexto y de la cultura del medio en que vivo no mucho porque es bastante estrecho pero igual puede ser en mi país. Nuestros países a nivel científico son muy estrechos porque no hay recursos. El proyecto que he hecho en Guanacaste es muy caro, son varios miles de dólares que ni siquiera la UCR pudo aguantar más de dos años. El proyecto que hago para la Librería Lehman es millonario. Es un libro que lo mínimo que va a costar son unos 400 dólares. -¿Y como artista? -Como artista creo que me he realizado por medio de la investigación más que lo que pude haberme realizado en este país como artista. Pienso en desarrollarme en otro campo cuando termine todo esto, por ejemplo en la imagen visual a través del cine. Siempre quise hacer cine. Y también regresar a la Gráfica, pero a la Gráfica Electrónica para la edición masiva de algunos de mis trabajos en una máquina impresora de lo más sofisticado que hay en C.A. y que la tiene la Editora Lehman. -¿Y como artista guatemalteco? -Yo voy a ser toda la vida guatemalteco. Creo que mi generación cumplió un papel, un rol bastante importante. Abrimos un camino que era necesario. Ya lo habían abierto otros artistas que mencioné al principio pero que no se pudieron realizar y le abrimos el camino a otra gente. Ahora ellos se lo están abriendo a otros. Las culturas son procesos de relevo de generaciones o de artistas. Yo cumplí mi papel. Como le decía a mi viejo amigo Felo García: hay que saber llegar a viejo y al arte también. Transcrita el 7 de diciembre de 1993.
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