JARDIN MURADO

(1960)

LO QUE TE PEDIA

Soledad te pedía
y soledad me diste,
y es ésta la alegría
de mi existencia triste.

Miro a los otros llenos
de juventud y risa:
mis júbilos serenos
se quedan en sonrisa.

Joviales padres miro
que con sus niños van.
Los envidio y suspiro
desde ti, soledad.

Otros tienen riquezas,
amor, goces, honores;
yo deseo, tristezas,
libros, sueños y flores.

Todos celan ufanos
los bienes duraderos:
como el agua en las manos,
los míos, huideros.

No me quejo ni lloro
ya con llanto indebido:
bajo el otoño de oro
tengo lo que he querido.

Soledad te pedía,
me diste soledad:
valor dame, alma mía,
para mi soledad.
 
 

DINOS SI LO SABES...

Tanta prisa de sangre desbocada
para mover la máquina del mundo,
tanta industria de ansia arrebatada
que enardece el espíritu errabundo.

Tanta simiente de esperanza pura,
tanto fervor de próspera cosecha,
tanta espera a siniestra desventura,
tanta alegría en vendaval deshecha.

Tanta fiebre de ahíncos estudiosos,
tanta quimera de riqueza pronta,
tantos niños de júbilo armoniosos,
de deseo, de amor, mágica impronta.

Tanta plegaria en el azul perdida,
tanto paso sin huellas en la tierra,
tanta estrella en la noche inadvertida,
tanta amapola en la incesante guerra.

Dios lejano, sombrío y abismado,
¿para qué todos estos lutos y oros?
¿por qué nos has, al sueño, abandonado?
¿no te importan tus juegos y tesoros?

Dinos, si pávida palabra escuchas,
o si a ti llega el huracán del verso,
el signo y la razón de extrañas luchas
en la marchita flor de tu universo.

RECIPROCO FERVOR

El trigo que madura
promesa de tu pan
tómalo con ternura
en medio de tu afán.

La rosa que revienta
regalo de color
tu mano turbulenta
tómela con amor.

Del agua que sonríe
donada a tu merced
a su gracia confíe
el ardor de tu sed.

Del día en luz vestido
y de la oscuridad
el inmenso sentido
capta de caridad.

Las cosas convocadas
llegan a tu querer
y como iluminadas
de ofrendarte placer.

Repare tu impaciencia
en su luz virginal,
descubra, en su existencia,
lo sobrenatural

Pues humildes, gozosas
se entregan a tu bien,
sabe tú amar las cosas
y darte a ellas también.
 
 

PARA MANANA

Para hombres venideros labro mi poesía.
Tendrán ­pienso­ mis sueños, mis angustias, mis dudas.
Clamarán en las noches de soledad sombría,
de espanto temblarán con sus almas desnudas.

Mi momentáneo yo, este ser que detento,
préstamo voluntario y para mí forzoso
de una naturaleza que ignora mi lamento,
será en ellos, tal vez, un aliento gozoso.

Para quien ame y sufra lo que he amado y sufrido
negada a la esperanza mi perenne agonía,
dejan lección doliente mi verso y mi gemido.
Para hombres venideros labro mi poesía.

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.