EL CARRO DE FUEGO

(1959)

SILENCIO

Estás, amada, llena de silencios dormidos
como árbol en la noche, agobiado de nidos.

Un equilibrio de éxtasis pliega apenas tu frente
y por tus ojos pasa la ruta del poniente.

Un aire de caricias ondula la marea
castaña de tu pelo con luz que balbucea.

Por tus brazos desnudos la tristeza desciende
en tibia miel que, lánguida, tu reposo sorprende.

Un ademán pausado inicias, que se queda
en el aire prendido como nube de seda.

En torno tuyo vibra la atmósfera dorada
de julio, que te envuelve en su luz hechizada.

Estatua de silencio intacto, te sostiene
gravitación del tiempo, que a verte se detiene.

Callas, sin voz, venida de mundos transmigrantes
por donde hemos viajado, amada, siglos antes.

De tu silencio al borde, mi temor se estremece
y mi actitud, de niño aterrado parece.

¿Por qué callas, amada, si de la vida fuera
el silencio sombrío del no ser nos espera?

Dime no importa qué; palabras sin sentido;
mas llena con tu voz, mi silencio aterido;

que si de nuevo callas, mi corazón varado
será un árbol sin nidos, o un espejo empañado.

        l937
 
 
 
 

LEJANO AMOR

Te llamaría Olvido si en tus ojos no hubiera
de pronto, a veces, una profunda llamarada
que del pasado viene y te torna extranjera
un instante en mi vida una vida en mi nada.

Te ensombrece un reproche de silencios helados,
escapas hacia mundos de enigma y lejanía,
desoyes mi clamor, mis gritos desolados,
me abandonas en lóbregos desiertos de atonía...

Haces bien: paladeo contigo tu venganza;
nuestro error remidimimos en la común ausencia,
sabiendo que no queda en el tiempo esperanza,
que agotó nuestra lámpara hace tiempo su esencia.

¡Amor, remoto amor! ¿Recuerdas cómo ardían
las cosas y tus ojos, tu corazón, mis besos
en los ardientes días? ¡Si del azul venían
las nubes de los sueños cargadas de embelesos!

Fulgían nuestras frases en la luz engolfada,
nos dibujaban alas livianos movimientos,
y en mis brazos, reposo de tu cabeza amada,
corrían prematuros, paternos ardimientos.

Todo pasa un instante por tus ojos vencidos,
lumbre fugaz enciende, relámpago de pena.....
Yo repaso perdones, recíprocos olvidos,
signos como de sueños escritos en la arena...

            1937
 
 

¡NO ESTARAS!

En el jardín había girasoles y niños,
amantes graves y rosas,
estatuas en letargo de mármoles dormidas,
paseantes solitarios que en los bancos
reclinan la cabeza, sumergida en hastíos,
bajo la luz con pájaros que la fronda tamiza,
para quedarse ausentes, viajeros de sus sueños.

En el jardín las horas cantaban en los chorros
de las fuentes, corrían por las claras veredas,
se hacían niñas para perseguir mariposas,
se hacían mariposas para buscar estrellas.

El tiempo era cristal, luz el silencio, perla
la tarde que en sus nimbos al jardín envolvía.

Girasoles y niños, y parejas de amantes
desesperadamente amorosos y mustios
solitarios sin fin perdidos en su tedio...
Todo decía: ¡Siempre! ¡Siempre! ¡Siempre!
en el viejo jardín. Sólo mi alma sola
solía, atormentada, acusar disonante:

                     ­Pero tú no estarás mañana,
                       pero tú no estarás mañana,
mañana cuando nuevos girasoles y niños,
solitarios y amantes, pueblen el viejo parque
y antiguos sueños salgan al paso de sus sueños.
¡Tú no estarás mañana!
Todo decía: ¡Siempre! ¡Siempre! ¡Siempre
Sólo mi alma no.

¡Tú no estarás mañana, no!

                                       l937

¿DONDE ESTA MI ALEGRIA?

A los niños que juegan bajo el sol en el prado
y a la vida dichosos parecen ensalzar
pregunto con mi viejo corazón desolado
                                           ­¿Dónde está mi alegría?

Los niños no responden ni dejan de jugar,
y entonces con el llanto en los ojos prendido,
me pregunto a mí mismo, miedoso de llorar:
                                           ­¿Existió mi alegría?

A la nube que pasa en el cielo dormido,
al pájaro que canta lejano en el confín
y a la ráfaga errante, pregunto conmovido:
                                            ­¿Dónde está mi alegría?

Pero nube ni pájaro, ni ráfaga por fin
saben de esa su loca perdida compañera
que raptó en ígneo círculo un día danzarín.
                                            ­¿Dónde está mi alegría?

¡Si el río lo supiera, si la lluvia supiera!
Astros o vientos, mares, lirios, la noche, el día.
¡quién lo supiera, quién! Ah, ni tú, primavera,
                                             ¡dónde está mi alegría!
 
 

ESPERA TODAVIA...

Luctuosa amante que a mi voz acudes,
solicita al infiel amante...
¡espera todavía!
¡Espera a que corone con su grave
lauro mi sien la vida, y que agote
mi afán la esencia de un negado instante!

Con prisas locas te llamó temprana
mi juventud un día, y tú llegaste,
desmelenada, esquiva,
¡pero la mano vaciló cobarde!

En dilatada prórroga de ausencia
ardió mi llama delirante,
sombrías horas tuve de soledad y vicio,
no un absoluto amor que mi soberbia ufane...

Pero ahora retornas, con tu callado paso,
reproche en la sonrisa y reclamo de amante
que escarnecida mas no escarmentada,
su fuerza estricta, su sortilegio sabe.

He sido amante infiel, lo sé, sirena,
negra sirena de tenebrosos mares,
y vienes con tu hermético misterio
a recabar derechos ¡en el divino instante!

¡Tengo en las manos ebrias presa por fin la vida,
y este fugaz minuto, ha venido tan tarde!
Espera todavía:
la eternidad es tuya, temible y fiel amante.

Cobardía... Lo sé, y tu sonrisa apruebo
y tu rencor aguardo, mas ¿no el grave
lauro y la rosa dejas que mi cabeza alcance?
Dones para ti acopio en laureles y rosas,
pues ya no juventud me queda para darte...
Espera todavía, que todavía
­la eternidad es tuya­ seré el más fiel amante...

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.