EL LECHO DE PROCUSTO
SONETOS BALADIES
(1945)
 
 
 

VANIDAD

Aunque la fama alguna vez me ungiera.
Juan Burghi.

La vanidad de mi pequeño nombre
quisiera abandonar en el camino,
que nadie sepa ni recuerde el hombre
que fui en la tierra, oscuro peregrino.

De la fama ignorado y del renombre,
cumplir sencillamente mi destino
y que el lector futuro no se asombre
siquiera del silencio en que me obstino.

Dejar mi verso dócil o impaciente
no codicioso del aplauso ardiente
sino de oculto agrado contenido

como pintor anónimo borrado
en la leyenda de su lienzo amado.
"Autorretrato de un desconocido"...

APRENDIZAJES

Si tuve en los caminos insensato
afán de regresar, y si del viaje
no me quedó sino el amable dato
de algún humilde ocasional paraje;

si el mar me dio tan sólo el inmediato
goce de la canción de su oleaje,
montaña, cielo y mar en su arrebato
me enseñaron su pítico lenguaje.

Mi aprendizaje fue harto sencillo,
de ciego que no urgió de lazarillo;
cuanto buscaba en mí mismo escondía;

para cumbres y mar mi desencanto,
para caminos mi melancolía,
¡que todo regresaba, en mí, a mi llanto!

DONDE ESTOY

Si quieres encontrarme no me sigas
en mi desamparado movimiento,
guárdate de la flor de mis fatigas
y del dictamen de mi desaliento.

Mis pájaros de sueño no persigas,
huye el que es en mí vencido intento,
mi destrozado símbolo de espigas,
mi desolado sollozar de viento.

Me encontrarás en el ciprés dormido,
en la porosa tierra desgajada,
en el agua, en la nube y en el humo.

¿Pero por qué me buscas sin sentido
fuera de ti, si en tu extensión amada
río de fuego y llanto me consumo?

ENTONCES

Ese día que esperas temeroso,
vendrá. Te irás pausado, y otros seres
ocuparán tu espacio. En tu reposo
escucharás las risas de mujeres

nuevas, el renovarse silencioso
de cuanto vive, y sentirás que mueres
de nuevo en todo día victorioso,
que otra vez dejas sueños y placeres.
Crepitará la dicha en torno tuyo,
ignorarán los hombres lo que fuiste
y no podrán, desde su vida, verte.

Tú los verás, en el delirio suyo,
aproximarse ciegos a la muerte,
y en tus cenizas estarás más triste.

BLANCURA DE LA ESPOSA

Límite de jazmín y nieve intacta,
aurora boreal, país de nardo,
témpano de azucenas, rosa exacta,
vellón de azúcar, cristalino dardo...

Velamen de la nube fugitiva
y fuga de relámpago y de espuma,
en el aire de luna pensativa,
muerta de plata en ataúd de bruma.

¿Muerta? No. Viva y en perenne llama
de cisne, en puro arranque de gaviota,
en impecable estrella de diamante.

Magnolia tu cintura que se inflama
y diamela tus senos de que brota
en vía láctea el don santificante.

PASOS DE LA BUSQUEDA

I

En la tierra desnuda te he buscado,
en caminos, montañas, bosques, ríos,
en amargos inviernos y en estíos,
en mi vida, en la vida, te he buscado.

En las mañanas de oro te he buscado,
y en los vagos crepúsculos vacíos,
en el vuelo de pájaros tardíos,
de nubes y de estrellas, te he buscado.

Tu rastro a veces descubrí en la tierra,
en el mar, en el niño y en la rosa,
en todas Partes donde te he buscado...

Pero el engaño de mi amor me aterra:
sabe que estás perfecto en cada cosa,
¡y como bien perdido te he buscado!

II

Estás tan alto para mi sentido,
estás tan lejos para mi ansiedad,
que siempre bien perdido te he creído
sin que pueda alcanzarte mi ansiedad.

Veo que otros te encuentran sin empeño,
y otros fingen no verte, sin piedad,
que mis ojos el llanto ciega, y sueño
que te me desvaneces en piedad.

Si escuchara tu voz, tu rastro hallara
y en mi tiniebla tu invención brillara,
¡cómo disiparías mi ansiedad!

Estás ­tan alto y lejos­, en mí mismo
pero tal es la sombra de mi abismo
¡que no entiende tu inmensa claridad!

III

Si a otra vida me voy sin conocerte,
la vida que me des será de muerte,
y en mi perpetua muerte hallaré vida
sólo por ver tu imagen presentida.

Por miedo de perderte sin tenerte
mi vida fue de soledad y muerte;
me espanta imaginarla repetida
si no he de conocerte en nueva vida.

Tú de mi ser dispones por entero
y diseñas mi sino venidero
como forjaste mi alentar pasado,

pero has de darme nueva vida y muerte
para que al cabo pueda conocerte
el anhelar que ciego te ha buscado.

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.