CANCIONERILLO DE OCTUBRE

(1966)
 





(EL GRILLO)

Entre la hierba oscura
en la noche de plata
canta constante el grillo
en serenata.

(El ruiseñor
canta mejor)

Humilde sabe el grillo
que su canto horadante
exaspera al durmiente
y al caminante.

(El ruiseñor
canta mejor)

¿Qué importa que haya canto
mejor que el canto mío?
suspira en su tiniebla
cantor sombrío.

(El ruiseñor
canta mejor)

¡Cantamos a la misma
inalcanzable estrella,
que acoge por igual
nuestra querella!

(Canta mejor
el ruiseñor!)

Cante mejor, dichoso,
nocturno ruiseñor,
yo, grillo humilde, digo:
esta es mi voz.
 

*
Anda, anda, corazón viajero
por el mundo de la imaginación.
Cielo, tierra ni mar te queda,
sólo te queda la imaginación.

­Yo haré la tierra, el mar, el cielo
desde el abismo de mi soledad,
de sueños poblaré mar, cielo y tierra,
me basta con mi soledad.

Ay, corazón viajero
tu soledad es perdición,
has de llorar tu soledad vacía
si se te muere la flor de la imaginación.
 

*
Hormiga, hormiga, te has pasado la vida
recorriendo los mismos senderillos,
una brizna llevando a tu mísera troj.

Te engríes de prudente y laboriosa,
el invierno sañudo no te sorprenderá

Ay, mi hormiga insensata,
por cuidar de la vida
nunca supiste la gracia de cantar,
te atrapará mañana la muerte
con la despensa llena, pero sin un cantar
 

*
Flor de lino, flor de lino,
en tus ojos todo el cielo,
flor de lino toda tú.

Tiene miedo de tomarte
mi mano por la cintura,
que puedes desvanecerte
en mi mano, flor de lino.

No toque tu piel el viento
ni la mirada te roce
ni del deseo, flor de lino.

Me quedaré sin el cielo
por no verte, flor de lino,
me quedaré sin el cielo
por no lastimar tu leve
levedad de flor de lino.
 

*
Cristianos, mahometanos
y budistas y ateos,
a vuestro dios prestadme
por un momento al menos,
no a la hora de mi muerte,
sino en mi desespero.
No seáis egoístas,
tenéis dios en exceso,
yo me contentaría
con un momento verlo.
 
*
Te vas, octubre, sin decir adiós
si no es tu adiós este delgado viento
que entre los árboles murmura
y estas hojas que caen
y este arrebol muriente del ocaso
y esta mullida languidez del alma
y este sollozo como en sueños
apenas entreoído y ya lejano...
Te vas octubre de dorados días
y son mis días lo que en tu regazo
te llevas, corderillos temblorosos,
hacia una eternidad más triste
que mi asolada soledad, octubre!
 
*
Señor, los niños se despiertan
con hambre, vueltos de la noche,
y tú les das rocío.
Los viejos tiritan de frío,
los pobres viejos,
sin ilusión, sin pan y sin abrigo
y tú les das un sol de papel
que alumbra sus recuerdos
y no calienta su piel.
Tú los hiciste, dicen,
a semejanza tuya,
pero olvidaste darles
tu fuerza o tu poder.
Es así. Ha sido así.
Yo no sé. Soy muy torpe, mi Señor,
y no comprendo tu proceder.
 
*
­Ya he vivido bastante, ahora puedo
morir.

Los días que me esperan, ¿qué me pueden
traer?

Tristezas, alegrías, tedio, cuitas,
pesar.

Ya he vivido bastante, puedo ahora
partir.

¿Para qué nuevos días, si no puedo
soñar?

¡Calla! Nunca se vive ni bastante ni más.

Cuando el final se acerca más quisieras
vivir.

No digas he vivido ya bastante,
no más.

¡Has de echarle los brazos a la vida
cuanto más en la noche
te sientas naufragar!

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.