ASESINADOS EN JUNIO
I
En vano asesinaron vuestra sangre
hermanos, pechos, milpas amigas.
En vano todo ese pisotear la patria
y desgarrar entrañas juveniles.
En vano, pueblos del mundo, la mano
traidora abofeteó al maíz humano.
En vano se levantó la ignomia
sobre el dulce viento ametrallado.
En vano la muerte estableció su carcajada
sobre las claras calles que recuerdo.
II
La juventud no muere nunca, recoge
sus puños, suelta su frente al cielo
y se queda establecida en la historia,
señalando a los hombres el camino nuevo
lleno de sacrificios originados en el amor.
Soy un hombre apasionado del viento,
por él hubiera dado toda mi vida;
hubiera dado toda mi muerte,
pero un día triste, un día de
aguaceros:
¡balas entre el corazón y la
espalda,
pólvora y metal doliéndose en
la carne,
sangre de mi pueblo por las calles,
grito de cementerio y mariposa,
todo desenfrenado hasta el martirio!
Cinco estudiantes como gorriones sin alas
hicieron una ronda al corazón ciudadano,
cayendo, asesinados, de la frente a los pies,
creciendo desde la muerte al infinito.
Ahora digo:
¡traidores, hombres sin hombría,
cobardes!
¿Estais locos para asesinar la eternidad?
¡Pronto vendrá vuestro día,
desgraciados,
malditos fariseos, una muerte horrible
está esperando nacer sobre cuerpos
inmundos,
como el cuerpo de los traidores!
Ahora morimos llenos de Guatemala,
¿qué muerte más alta
hay?
No todo ha sido muerte,
luto, agonía de puños:
nos queda una lección
más alta que las finas
armas extranjeras:
morir por el pueblo
es morir de humanidad.
III
Vosotros,
los que moristeis de Guatemala,
de tan agónicos martirios dulces.
Y milenaria pasión sencilla,
nacisteis en medio de las calles
donde nacen los rumbos de la historia:
en la encrucijada de la muerte y la vida.
Vosotros,
hombres y estudiantes, puños
soles del gran sol de la esperanza,
letras de la palabra mañana,
tréboles de cuatro hojas ciudadanas
y pétalos sencillos de nuestro corazón,
por vosotros aprendimos a morir todos los
días
¡y morir todas las muertes!
Universitarios
hombres, padres de todos los planetas,
por vuestro alto destino de banderas
me sangran las palabras patria y pueblo,
porque decir asesinados en junio es decir
patria,
porque decir asesinados en junio es decir
pueblo,
porque decir asesinados en junio es agonizar
sin muerte,
¡lleno de balas el corazón y
de grandeza el alma!
Porque decir asesinados en junio es decir
patria,
morir por ella,
vivir por ella
¡darnos enteros por su futuro que llegará!
IV
Vosotros,
los asesinados en junio, oíd al pueblo
desde vuestro lecho natural de tierra:
Os amo con todo lo que siento y vivo.
Os quiero con mi fuerza brutal de cargador.
Os defiendo con mi cuerpo de campesino.
Os canto con la fuerza de vuestro grito final.
Os salvo de la muerte con el puño alzado.
Vosotros,
los asesinados en junio, oíd al pueblo:
desde el lugar donde los pechos aman las raíces;
os voy a contar una cosa que nunca olvidaremos:
de vuestra muerte manan vidas innumerables,
de vuestra muerte sale la patria definiendo,
levantando y definiendo su perfil heróico.
Vosotros,
los asesinados en junio, oíd al pueblo:
la patria os ama como yo os amo,
como os aman Juan y el viento,
como os aman la estrellas y el agua,
como os aman la tierra y sus semillas,
como os aman lo pedruscos hondos, ciegos,
que en la noche de los martirios abren los
ojos
para ver si estáis en vuestro sitio
definitivo
y no habéis resucitado hasta los cielos.
Vosotros,
los asesinados en junio oíd al pueblo:
el verso nace simple del pecho de todos los
hombres,
todos los pueblos palpitan por él,
todas las gargantas,
cuando asciende el recuerdo como una tempestad
y dice:
"Entre dos fuegos cayeron heroica e inolvidablemente
Alvaro Castillo, Salvador Orozco, Julio Juárez,
Arturo
Acevedo y Antonio Carrillo Luna, entre dos
fuegos
cayeron y nacieron."
Y,
en las raíces de la patria están
parados,
como fluviales héroes sin tiempo ni
altura,
miran al traido, lloran un siglo de lágrimas
y se despiertan sonriendo eternidades,
porque ahora tienen vida eterna:
¡el corazón del pueblo es inmortal!