NUESTRA LUCHA EMPIEZA

Recapitulemos. Objetivamente, analizando la realidad y los factores colectivos e individuales, internacionales y nacionales, he buscado las causas generales de la tragedia guatemalteca. Y son incontrovertibles, ante todo y sobre todo, una, toral: la intervención armada norteamericana, y tres secundarias; los intereses de clase y la falta de conocimiento de la realidad interior y de la realidad exterior. Y, asi-mismo, falta de conciencia de la grandeza de nuestra tarea histórica.
Querer explicar la desintegración sin aceptar responsabilidades, es eludir el problema burdamente. Todos los partidos, todos los revolucionarios, las compartimos en grado distinto. Frente a la crisis, la conducta de los partidos fue parecida. Sobre este punto, espero hacer más tarde, nuevos desarrollos complementarios: la burguesía como clase y el proletariado como clase; luego, las excepciones individuales en ambas clases: individuos de la burguesía, revolucionarios firmes, e individuos del proletariado o del partido del proletariado, claudicantes y de mentalidad burguesa. La teoría, los principios, son una cosa, y otra -la realidad lo demuestra irrebatiblemente - la táctica de lucha en el atrasado medio guatemalteco. Pretender responsabilizar sólo a los comunistas es excusar al imperialismo, ignorar por completo la realidad internacional y la etapa de lucha de los pueblos semicoloniales. Además de falso y estúpidamente superficial, es no plantearse el problema como debe plantearse, y el más vulgar aspecto de viejo oportunismo: es el punto de vista de Foster Dulles y de la reacción feudal guatemalteca y de todas partes. La complejidad del cuadro político interno, así como la violencia de la intervención extranjera, nunca debemos perderla de vista.
He analizado las bases generales de la revolución guatemalteca, la necesidad histórica de haber luchado aun con grandes sacrificios. Y también, primero, la caída de nuestro gobierno revolucionario, muy grave en sí; y, segundo, algo mucho más grave y doloroso: la forma en que caímos- El esfuerzo mayor, el más coherente y patriótico de nuestra historia, dirigido por Arévalo y Arbenz, repentinamente se deshizo como una pastilla efervescente. La epopeya se transformó en melodrama. ¿Por qué ocurrió así? He dado ya mis puntos de vista. Durante diez años se templó el espíritu de Guatemala para que conociera sus derechos y combatiera por ellos en todos los terrenos. La decisión del pueblo fue probada, su voluntad no desmayó nunca y sigue hoy viva. Acaso, el pueblo de Guatemala necesitaba y necesita, para forjar mejor nuestra nacionalidad, la lucha a la que siempre ha estado dispuesto. La independencia, el código de trabajo, la reforma agraria, se alcanzaron pacíficamente, institucionalmente. Nos habíamos preparado para batirnos: las armas llegaron para ello y el pueblo se hallaba enardecido para todos los sacrificios. El pueblo superó infinitamente a todos sus líderes. Creo que pasarán varios años para que en Hispa-noamérica se vuelva a presentar una posibilidad semejante. Nuestra tarea fue y sigue siendo gigantesca y nobilísima. Las metas y la lucha están más vivas que antes en la conciencia y en la acción populares. Los mejores hombres de Guatemala sostuvieron y defendieron a los gobiernos populares de Arévalo y Arbenz. América, el mundo, estuvo con nosotros siempre y en los días trágicos nos dio su apoyo seguros de que no habría un derrumbe de castillo de naipes. ¡Qué oportunidad histórica tan excepcional y universal, en momento tan propicio, no supimos aprovechar para servir la causa de nuestros pueblos! Hemos vuelto a ser un feudo de la United Fruit Company y del Departamento de Estado. Vivimos una pesadilla y hemos retrocedido más de cien años.

La resistencia después de la capitulación de Arbenz es nacional: se debe al pueblo de todas las tendencias. Los estudiantes, de nuevo, luchan como en sus mejores días. Y ha sido una resistencia nacional -que ha llegado hasta la propia gran burguesía- por lo fecundo y justo de la revolución de Octubre de 1944, que no puede negarse ni erradicarse con ninguna clase de patrañas y represiones. El pueblo siente vivamente la diferencia entre los regímenes de octubre y el de la traición. La realidad se impone: tuvo esperanza de saciar su hambre de siglos, se abrió un camino justo y se creó conciencia de sus derechos. El oportunismo clásico, una vez más, se ensaña en acusar del fracaso sólo a un hombre y al partido comunista, sin aludir a los errores de todos los partidos, a las condiciones históricas y a la responsabilidad de todos y de cada uno de nosotros. Ya la verdadera causa, a la de mayor peso: el imperialismo.
La libertad hay que ganarla minuto a minuto. Hay que defenderla con los dientes y los sueños Que no nos asuste el desasosiego de la lucha por los ideales revolucionarios y estudiemos, para servirlos, nuestras lacras sin hipocresía, con valor civil y patriotismo. Juzguémonos nosotros y no permitamos que sean sólo nuestros adversarios los que juzguen a la revolución. Pongamos los puntos hasta sobre las jotas Lo realizado no es perfecto ni intocable. Quienes pretenden vedamos el derecho de discutir los errores con este o aquel pretexto, son los reaccionarios más peligrosos, los que imaginan que aceptamos una sumisión cómplice, un silencio indecente, como en las viejas dictaduras o en la actual del coloniaje yanqui.
La Revolución de Octubre es el acontecimiento histórico más importante de nuestra vida independiente. Tan importante que el imperialismo decidió destruirlo con traidores y mercenarios. Es -y seguirá siendo- un movimiento popular de emancipación, cuya influencia rebasó pronto las fronteras. No defiendo ni las flaquezas ni los errores de personas o partidos. Pero es evidente que la Revolución de Octubre encarna y simboliza la lucha del pueblo contra el extranjero que nos explota y el connacional esclavista aliado a los intereses antiguatemaltecos. Jamás nuestro pueblo había adquirido mayor conciencia, libertad y soberanía. Jamás se había luchado por finalidades más justas, más guatemaltecas y populares. La Revolución de Octubre vive por encima y más allá de cualesquiera de sus hombres más significados: pertenece al pueblo y constituye su más alto patrimonio y la más noble bandera de Guatemala.

NUESTRA lucha empieza. El pueblo de hoy, por obra de la revolución, no es el mismo de antes de 1944. Así me lo dice en su mudez ese guatemalteco, seguro y pequeñito -disminuido por siglos de hambre y explotación- bueno y sencillo como una brizna de hierba, como una abeja, como una espiga, alto apenas como las cortas carabinas que van a matarle. Sin saber por qué le dieron tierra para sembrar su maíz. Y sin saber por qué le dieron tierra para descansar por fin. Es el pueblo de Guatemala, sus pies descalzos, el sombrero de petate en la mano, impasible como si fuese de obsidiana, entero y pequeñito, erguido sin orgullo y sin modestia erguido no más, las piernas cubiertas por el calzón de manta que se estremece con la brisa de la madrugada, el torso por la corta chaqueta raída. Enfrente, él casi ya lo había olvidado, otros muchachos, seguros y pequeños, color de tierra, vestidos de kaki, impasibles como si fuesen de obsidiana, se aprestan para sacrificar al hermano. Se recuerda de los suyos, del riachuelo, la loma y el perrito, de la milpa joven creciendo en la tierra que le dieron sin saber por qué. La voz del oficial le alumbra una ligerísima sonrisa y dentro siente, pero no sabe decirlo, que les perdona. Los hermanos tampoco saben por qué le dan tierra para descansar. Los hermanos sienten dentro de sí, pero no saben decirlo, deseo de decirle, que les perdone. Un dolor oscuro, informe y punzante, gime y le grita en las entrañas de cada uno de ellos que van a disparar sobre el corazón de su pueblo. Los fusiles le ven con su ojo ciego de muerte. La última estrella de la madrugada se apaga en los ojos del asesinado. Sobre la camisa deflagran amapolas y la sangre de mezcla con su tierra, que toma el color de su carne campesina inánime. El sombrero de petate sigue en la mano callosa y caliente. El sol, que ya salta sobre las montañas, pone el resplandor de una nueva aurora en el fondo de sus ojos muertos.
Amanece.

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.