Algunos apuntes sobre Miguel Angel Asturias, los indios guatemaltecos y Guatemala en su último libro Miguel Angel Asturias : casi novela.  México, D.F.: Ediciones Era, 1991.
 

   

Sin Bernal Díaz del Castillo, Rafael Landívar, Antonio José de Irisarri, José Batres Montúfar, José Milla; sin Enrique Gómez Carrillo, sin Miguel Ángel Asturias, sin la obra de los guatemaltecos indios, antes que nada con el Popol Vuh y demás creaciones, estaríamos en cueros. Todavía a los dioses indígenas los llamamos ídolos.

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(Pag. 1)
Entonces Miguel Angel era muy delgado, una cerbatana de 1.80, un silbo moreno con abundante cabellera undosa, sonriente la punzante faz de estela maya esculpida en piedra oscura, como los monolitos de Quiriguá; muy aindiado, señalo, para que no se le imagine en caliza blanca de Tikal o Yucatán. Se parecía a los hombres que vemos en la Cruz Foliada de Palenque: cabeza de glifo de inclemente nariz aguileña, con atractiva fealdad hermosa sostenida por ojos voraces. Su perfil atraía, era el perfil de Guatemala, el perfil del dios del maíz. Correspondía su físico a sus textos futuros, y reparo, sin que lo indique, en que todos están basados en Guatemala.

 
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(Pag. 106)
Nunca apoyar al indio es apoyar al odio sino la justicia. Volviendo a este asunto me acuerdo que soy mestizo, que soy real porque me fundo en dos mitos: Apolo y Coatlicue. No idealizo al indio contemporáneo ni al indio de las sociedades precolombinas; tampoco idealizo al español. Idealizar es forma desleída de fanatismo.
En Guatemala ha gustado la literatura indigenista. El pintoresquismo se ha vuelto una plaga, una coartada, una infamia. Entiendo que tal tentación ha pasado. El propio general Jorge Ubico, que asesinaba a los indios en "aras del progreso", decoró alguna parte del Palacio Nacional con imágenes de indios en tecnicolor, de indios de almanaque. Se proponen tesis en las cuales se sustenta que el indio debe prescindir de los mestizos: veo el riesgo de atizar una lucha racial; somos indios, somos mestizos, somos criollos, seremos luego nada más guatemaltecos. Mucho después, ya sin fronteras y sin patrias, seremos ciudadanos de la Vía Lactea.
(...)

 
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(Pags. 112-116)
La normalización del conflicto será dentro de los horizontes de las culturas realmente vivas, reflexionadas, amadas por nosotros: América es un monumento a la epopeya del mestizaje. ¿Se puede crear una nación moderna basándose en la civilización precolombina? La pregunta es ¿insensata? No es insensata, es tonta.
Las civilizaciones precolombinas carecen de porvenir, pertenecen a la Historia. Mi empeño no es actualizarlas, de ser posible; mi empeño lo pongo en la vida de los indios vivos, con mi sorpresa y admiración por sus obras de ayer; mi empeño es su presente y su futuro. Su ayer también está lejos para ellos, inaccesible sin nuestra cultura. Me doy cuenta, en Guatemala es indígena la inmensa mayoría y es campesina –fijémonos en ello– y lucha por liberarse de un despotismo secular, sin mayor interés, imagino, que una evolución hacia la modernidad y una integración nacional. ¿No es etnocentrista cada etnia?
Las civilizaciones precolombinas carecen de porvenir, pertenecen a la Historia. Mi empeño no es actualizarlas, de ser posible; mi empeño lo pongo en la vida de los indios vivos, con mi sorpresa y mi admiración por sus obras de ayer; mi empeño es su presente y su futuro. Su ayer también está lejos para ellos, inaccesible sin nuestra cultura. Me doy cuenta, en Guatemala es indígena la inmensa mayoría y es campesina -fijémonos en ello- y lucha por librarse de un despotismo secular, sin mayor interé, imagino, que una evolución hacia la modernidad y una integraación nacional. ¿No es etnocentrista cada etnia?
La connotación mestiza es conciencia de ese pasado histórico al propio tiempo que devuelve ese pasado histórico a sus creadores. A tal punto de negación y de enajenaciones hemos conducido a los indios, que ellos no se reconocen sino a medias en ese pasado. Los hemos despojado aun de su pasado, explotándolo como un pasado nuestro, y al terminar mi sentencia descubro que estoy hablando como un mestizo de mierda. El asunto lo veo diferente a indianizar o desindianizar: lo formulo en términos despreocupados de las castas o las etnias, de lo racial. Laborar ajenos a todo populismo y toda quimera.
Exagerado es aseverar que no tenemos nación; escribí en alguna parte que tenemos un feudo para concretar una idea de nuestra estructura. Seguimos colonizando al indio, he tocado apenas caminos que no están atrás en los abuelos. Con los fulgores culturales que los propios indios conservan, ¿vamos ya a parte alguna? La civilización occidental es nuestra. ¡Ah, qué descubrimiento! No tengo nostalgia de Tecún Umán ni de Pedro de Alvarado.
Tal vez no sé bien qué somos, pero tal vez sí sé que vamos siendo. A medio milenio de la conquista no cabe afirmar que es exótica la civilización occidental. Me imagino que no somos el modelo de las culturas precolombinas, que este modelo fue rebasado por la historia. Mi sugerencia resumida es extraña a todo silvestre romanticismo racial. Advierto que mi imaginario no es el imaginario indígena, sino el imaginario mestizo. Como el de Arguedas, Asturias, Icaza. La esquizofrenia no es mi fuerte. El imaginario indígena es el dominante en sectores en los cuales no hay grandes filtraciones afines al imaginario indígena occidentalizándose. El avance del imaginario de Occidente en la mentalidad indígena es un hecho real, paulatino, indetenible; supongo que no ocurre el avance inverso. Cuando el imaginario indio no sea capaz de creación y rectoría real la cultura india pasará a constituir un hecho histórico, por no ser ya creadora.
Hombres de maíz, ¿es resistencia a tal negatividad? Sí, sí, es resistencia. Muy sucintamente consideraría en esta obra que lo medular es su nagualismo y otras magias y su palabra sorprendida y fresca en episodios del cultivo del maíz hogareño del indio con los productores ladinos, todo entre intrigas terrenales y cósmicas que crean la unidad de su clima fabuloso. El imaginario indígena abstraído se abrirá nuevos rumbos. ¿No es la historia de la evolución del imaginario indígena lo que en la parte más ardiente de estas páginas me ha ocupado? Me figuro justa una sociedad plural que tienda a una sociedad singular: la sociedad hecha por todos y capaz de renovarse.
Los indios que encabezó Zapata, según John Womack, luchaban porque no querían cambiar y por lo mismo hicieron una revolución. No es el indígena con mentalidad de ayer el que está combatiendo en Guatemala, el que está resistiendo conscientemente; es el indígena de hoy que ve el mañana. Lo de antaño carece de cabida, el ámbito es otro, lo inamovible estorba y se autodestruye; la evolución de su cultura les dona conciencia que les hace ver, entender los mecanismos de la dominación y de la liberación
¿A qué conduce aferrarse a modos de vida, a pensamientos de hace medio milenio? ¿Por qué ese mundo tan aparte y cerrado? ¿Por qué ensimismarse en el ombligo inmemorial? ¿Hay muchas utopías en los indios? Han sido impelidos a ello por la fuerza más feroz y salen de sus catacumbas cuando están solos o cuando están auxiliados por sus sincretismos. La primera persecución, la que supongo más los martirizó, fue la persecución religiosa, tal como sucedió con los primeros cristianos. No podemos dejarlos en paz; dependen de nosotros, de nuestra riqueza, tanto como nosotros dependemos de ellos. La relación del cuchillo y el pescado.
En verdad, en Guatemala coexisten dos culturas, la indígena y la occidental; la indígena, me atrevería a decir, de tan aplastada no existe sino agónicamente y se sobrevive muy disminuída. No es una coexistencia tranquila; hay una existencia pesada y sorda o violentísima, que se siente al aspirar hondo. La cultura indígena existe cuando toma conciencia, cuando es conciencia actuante; antes de esta toma de conciencia sufrieron y recrearon su rémora y su espolio. ¿Han descuidado la bala lenta del alcohol, certeramente mortal? En el indígena existe un impulso cósmico en todos los niveles que los mueve a instruirse, a luchar, a ser. La tarea del explotador ha sido detener tal impulso. No vivimos propiamente el dilema de dos culturas: la hegemónica ha casi despedazado la gran cultura indígena, y son las "ruinas" de la cultura indígena que puestas al día por los indígenas revolucionarios y por la propia cultura dominante, la que obliga a la creación de una cultura que, por todas las razones históricas y geográficas, se irá paulatinamente mestizando. ¿Es esto etnocentrismo? ¿Es el tiempo racista? No avanzamos hacia una coexistencia de culturas sino hacia la fusión y la unidad de ellas en la pluraridad. En la sociedad contemporánea, es más con los medios de los opresores que con sus propios medios que los indígenas pueden vencer la sujeción. En Guatemala ningún proyecto de nación es nacional si los indígenas no desempeñan en ese proyecto un papel protagónico. El indígena no ha de apropiarse de nuestra cultura: ha de expropiarla. No he desconocido o negado las civilizaciones de mis abuelos; observo cómo Guatemala se enorgullece de las creaciones de los indios de...  ayer.
Los indios se van occidentalizando con nuevos conocimientos de todo orden. ¿Qué porvenir tendría un un periódico diario en quiché, en cakchiquel, ediciones en Kekchí cuando ellos supieran leer en su gran mayoría? ¿No se conservaría rector el español, nacional e internacionalmente? Cuando se reunen los indios que hablan distintas lenguas recurren al español para entenderse.
¿Prevalecerían las culturas aborígenes hasta el punto que tales culturas se conservarían cosncientemente en lo que son? ¿Qué son? ¿Qué otra salida hay contemplando el pasado y contemplando el presente y avizorando el futuro? No van a dejar de ser sino van a ser con renovada plenitud otra, allende sus actuales tierras erosionadas.
De la civilización prehispánica nos quedan sobrevivencias de un "naufragio" tenaz de medio milenio, hecho real concreto. El romanticismo de whisful thinking imagina que aún es posible poner a flote lo hundido, como si hubiese pasado en vano el tiempo. ¿Qué sería lo rescatable? Lo hundido seguirá hundido, vivo en nuestra historia. No se propone solución fija y arcaica; se propone cambiar radicalmente la relación de poder que nos rige. El cambio nos daría una identidad nacional verdadera; no nos daría una nebulosidad, sino un mosaico preciso. Es el pensamiento contemporáneo no racista el que rescata al indígena y lo indígena, no con nostalgia del pasado, sino con nostalgia del futuro, de retorno al futuro. Con pensamiento utópico, es decir, anacrónico, el indígena no conquista su cultura y su libertad. En Guatemala no se trata sólo de tomar en cuenta al indio; se trata de que mañana el indio nos tome en cuenta.
Estoy seguro, al indio lo han obligado a que agradezca el sitio que ocupa y lo estime como el mejor de su destino. Es una degradación de quinientos años en la cual lo más prodigioso es el hecho mismo de existir aun cuando muchos de ellos no refuten las condiciones y vivan con osadía de porvenir, por cuanto tener porvenir es desorbitada esperanza. ¿No sería adelanto que dejaran estructuras de casta y participaran con noción de clase? Como clase verían hacia un mañana difícil muy distante, iluminado por la impaciencia. Pero con los utópicos no vamos a ninguna parte.
Aunque innecesario, escribo que no soy antiespañol. España es también nuestra; dejemos ese tópico y repitamos que fue abominable madrastra. Me duele que España se haya comportado como era casi imposible que no lo hiciese, no nos consideraba humanos y con la ferocidad de sus días, que es la misma del hombre de hoy, nos trajo una Iglesia que no tuvo carácter humanitario sino carácter totalitario, conquistador, rapaz, mortal: nos bautizaba y con tal pasaporte nos mandaba con hogueras, horca, tizonas al Paraíso.
Abolir la homogenización en el conflicto étnico nacional (dentro de la lucha de clases) dándole al indio su sitio ganado con la presencia viva que tenemos nacionalidades y comunidades indígenas. Cuando hablo de vestigios, cuando hablo de naufragios se debe a que mi entender es profunda, muy profunda, la significación de la Destrucción de las Indias. Las raíces históricas, los derechos históricos existen: tratamos de construir una nación. Como mestizo pertenezco a una sociedad dominante pero, precisamente, por ello mi afán es buscar, con todos los medios, una equidad nacional. Por lo que he visto y leído para descifrar mi propia historia, todos los indigenismos oficiales mantienen lo mismo, hacen cambios aparentes, nunca van ni pueden ir a las raíces de la infamia como organismos de nuestros Estados: es más, no quieren ir al fondo de las cosas. Tenemos que contribuir a que, cada día, los indígenas se ocuoen más ellos mismos de sus cosas.
(...)

 

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(Pag. 121)
Nosotros tenemos que cambiar en relación con los indios. He deseado que ellos rompan su aislamiento y he luchado porque entendamos que nosotros somos el "problema", y no ellos. Estoy distante de la nostalgia de Antonin Artaud por un paradisiaco primitivismo; mis pies tocan la tierra. Para Artaud los mayas, los aztecas y los zapotecas aceptaron el mestizaje, en tanto que los tarahumaras se han opuesto a la entrada de la "civilización". Por ello viajó al "país de los tarahumaras", en donde se supone que lo atendió en Norogachic, como guía, Guadalupe Loya.(...)

 
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(Pags. 124-125)
No es grande mi creencia en filántropos, humanitaristas y piadosos y demás paños tibios, con sus lamentaciones y presuntos remordimientos expiatorios. Idealizar al indio y su cultura no es acompañarlo. No más añoranzas y enfrentemos el presente sin populismos utópicos. Los indios están escribiendo su versión de la historia, ya no como víctimas satánicas, como paganos dignos de la hoguera, como atracción turística ni como entes pintorescos para la sociedad que los sacrifica. Quieren conservar sus culturas comunitarias, su lengua, su tierra, de la cual suele surgir la lucha por su derecho a la ciencia y la técnica; lucha para entregarse todavía más a proteger sus valores. Lucha por su autodeterminación. La tradición, escribió André malraux, no se hereda, se conquista.
Los indios, cuanto más se aferran al pasado más contribuyen a su decaimiento; se diría que para algunos de ellos evolucionar de su inmediatez étnica y tribal equivale a aniquilarse. Con esta idea de auxiliar sus valores con la reclusión en todos los terrenos, sólo van sobreviviendo; se diría que muchos quizás prefieran tales condiciones y anhelos, con el fin de resguardar los usos y las costumbres; su rezago es fundamentalmente socioeconómico y el tiempo actúa por encima y por abajo de dichas condiciones y anhelos: los indios han de ser coetáneos, actuales, sin que lo adviertan o quieran advertirlo, cuando de ello y con ellos discurrimos lo hacemos en lengua española. Su batallar por la tierra no lo emprenden con flechas y cerbatanas.
No propugno un quizás irrealizable Estado indio, una federación de comunidades indias, incluyendo la etnia mestiza. Me parece que cada día nos vamos occidentalizando, que los regresos históricos además de absurdos son imposibles. Es un avance lo que ocurre en la URSS y pueblos del este de Europa. La alternativa sería un Estado cuyas clases, en el caso de tenerlas, gozasen de plenos derechos y oportunidades. Ahora que escribo no sé cuál es más intenso: si el descrédito del capitalismo o el descrédito de cierto socialismo. La realidad domeña a las doctrinas sociales más serias y científicas y las desnuda y comprueba su eficacia o las destruye.
Gozo un amor inmenso por las dos ramas de mi mestizaje; por otra parte estoy pensando y escribiendo en español. En las literaturas localistas me molesta que el indio sea parte del paisaje como los guacamayos, las orquídeas, las mariposas, los pájaros. Se les rebaja, como lo he ido diciendo en mis vagancias, divagancias y extravagancias.

 
(...)
(Pag. 127)
Los indios no quieren dejar de ser indios y los dominadores no quieren que dejen de ser indios. ¿En qué consiste para los indios ser indios? ¿En qué consiste para nosotros que ellos sean indios? Las preguntas no son de sencilla respuesta. Sospecho que ser indio estriba en la opresión y el despojo, en la inalteración, en la fijeza de su habitat, de usos y costumbres y tradiciones, elementos que a pesar de todo se han ido hibridando. ¿La condición india se enmaraña en la permanencia de las condiciones en las cuales viven? La falta de evolución no los ha liquidado pero sí los ha esclavizado. La constancia en su rutina es inestimable para su explotación despiadada. Si este criterio del indio y de lo indio guarda cierta verosimilitud, ¿se debe a que no sabe defenderse ni sabe protegerse? Su condición es un requerimiento de los dominadores. Algunos indios evalúan tal condición como protectora y defensora de ancestrales privativas esencias. ¿De qué se protegen así, de qué se defienden así? Las respuestas de los indios son más abundantes que mis suposiciones y preguntas. Sus más claras respuestas son sus rebeliones en el curso de siglos.
El indio es candor, valor, color, sabor, amor, dolor de Guatemala. Sin el indio Guatemala sería bella en su naturaleza pero no sería tan honda y mirífica. Lo indio, más que una sápida especial, es mítico cantar que escucho embelesado. Yo adivino que a Miguel Angel le causaba sorpresa sin tregua que no cupo en sus vastos papeles. Tal sentimiento hace que se desborden sus palabras acezantes sin asir la maravilla siempre a punto de ser alcanzada. Esa derrota pírrica es Hombres de maíz. Toda gran obra es un desencanto. A Guatemala la crean día con día las manos de los indios en las llanuras y en los bosques, en sus ranchos, y la crean sus desnudos pies en los caminos. Esto es lo que vemos. La difícil belleza de Hombres de maíz se erige en sus indecibles y en sus imaginarios.
El fin en sí mismo del arte es el mejor medio para cumplir sus fines.

 
10
(Pag. 172-173)
(...)
Pienso en este punto que lo de Nicaragua es muy distinto de lo que sucederá en Guatemala. Las dimensiones de la cuestión indígena son otras, pero tales experiencias (autonomía regional) nos enseñan caminos. Guatemala vive una diversidad: su cultura nacional. Guatemala está perfectamente definida aun por sus indefiniciones.
El racismo y la vileza que ello compendia es el problema de Guatemala, es cimiento de todas las injusticias que crean inestabilidad enfrentada con torturas, crimen, genocidio. Sin descartar la existencia de etnias, existe unidad frente al opresor. El apartheid guatemalteco ha originado un racismo recíproco. Los indios experimentan un racismo defensivo ante el racismo agresor ladino que los infama.

 
(...)
No conozco texto alguno de Marx sobre la conquista; por lecturas del gran viejo barbón (México, India...) prejuzgo que hubiese defendido la conquista. También defendería la lucha de liberación indígena para crear un estado social superior. Así, en la lucha armada, tienden a desaparecer las diferencias étnicas y las diferencias de orígenes sociales; es el primer paso de un gran desafío al racismo de parte de los ladinos o de parte de los indígenas. Tal unidad se forja porque se genera una identidad precursora, una conciencia definida. El rasgo más significativo actual de la identidad nacional guatemalteca es el racismo.
Nunca ha sido válida la patraña de "comunismo", más ahora que tales normas han entrado en crisis decisiva. La lucha contra el racismo en Guatemala es ¡"comunismo"! Esta lucha no es más que justicia muy elemental. El ladino suele discriminar al ladino que no discrimina al indio; y más lo discrimina si se pone de parte del indio. He gozado esta discriminación.
¿Por qué no mantener igual conducta en la paz? ¿Se debe al peligro común esa solidaridad de indio y mestizo? No; se trata de una conciencia superior, de una conciencia descolonizada. Escribe Pablo González Casanova: "El problema indígena es esencialmente un problema de colonialismo interno. Las comunidades son nuestras colonias internas. La comunidad indígena es una colonia en el interior de los límites nacionales. La comunidad indígena tiene las características de la sociedad colonizada". (La democracia en México, ed. Era, México, 1990, p. 104) Sartre nos dice en el prólogo a Los condenados de la tierra: "el indígena no tiene nada más que una alternativa: la servidumbre o la soberanía".
El humanismo (occidental) me ha hecho ver la inhumanidad de nuestra vida, sobre todo para eso me ha servido. Lo que escriba, quiero que sirva para derrotar el egoísmo esquizofrénico de mi clase. El racismo occidental, todo racismo, tiende a deshumanizar: se trata, como dice Sartre, "de destruir su cultura sin darles la nuestra". Eticamente todo ello es indefendible. Las condenas son innumerables, no bastan las condenas, hay que estar con el indio. La mayoría de las condenas son de labios afuera, como lo hace la "novela etnográfica". Nunca he hablado de un regreso, de un imposible regreso a un ayer ido para siempre. Aquí observo que nuestros ejércitos son mercenarios por partida doble: del colonialismo interno y del colonialismo externo.

 
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(Pags. 218-219)
Así como en otros tanteos sistemáticos, en esta novela no he interrogado nada más a la obra en sí misma; he ido a la individualidad más escondida sin emozar exposición alguna. La obra es tan indeleble como lo es la silueta del personaje o del fantasma que convoco. Las encarnaciones del fantasma en el personaje o la disipación del personaje en el fantasma. Al evocar a mis compatriotas, particularmente a Miguel Angel, no logro evitar proferir: ¡qué dura, qué durísima patria hemos tenido! Y me acuerdo de la celebración de López Velarde: "La suave patria".
¿Cómo distinguir cuáles son los rasgos específicamente guatemaltecos? ¿Hacer, a ser guatemalteco, como el niño que ya "hizo", que "se hizo"? He deambulado por un delta de senderos, tal vez con algún fruto. Sí, sí acierto a escoger representación creadora en la época colonial, en la época independiente o en nuestro siglo, aparte del incesante sátrapa y el aplastamiento celuluar del indígena.
La cultura dominante deja en la sombra a lo demás que es igualmente representativo y ejerce acción sobre los dominadores. En mi tierra también todo es mío. De súbito, al unísono, se resume mi tierra en un sabor, en una textura, en un olor, en el acorde de un vitral para los cinco sentidos; en la retardada sílaba de un coro, donde leemos el polen de los mitos.
Quien escribe se halla saturado de lo imaginario. El indio es quien mejor crea y recrea Guatemala. En Guatemala, a veces, el indio es artista y muchas veces más lo hemos vuelto artesano, lo hemos desposeído nosotros, sus parásitos. Cuando fue libre fue artista, más que artesano. Lo que produce posee la fuerza de su silencio. ¡Hasta su sencilla voluntad de existir! ¡Hasta su propia, mágica supervivencia! El indio y sus metáforas fatales: con su imbatible estilo es inalcanzable. No podemos apelar de la condena que el indio nos impuso. Le he ofrecido además de mi voz equitativa, mi fervor.
No soporto que se continúe con la apoteosis de las plumas de náilon, que se tome como tradición el atraso. Abomino del folklore como opio del pueblo.

 
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(Pag. 232)
No me inclino con los ojos entrecerrados hacia la desindianización: romper el aislamiento impuesto, lo están haciendo los indios con fusiles y el alfabeto, en selvas y montañas. Esta toma de conciencia la juzgo como el acontecimiento cultural, social y político más importante de Guatemala desde 1524. Los estáticos, los invariables en su pensar son los ladinos; no lo olvidemnos. El desarrollo en la vida toda develará el rostro verdadero de la nación. Desaparecerán las fronteras raciales y todos seremos sencillamente guatemaltecos.
La toma de conciencia es una perestroika que ha incidido profundamente en indios, mestizos y criollos -si los hay en Guatemala-. Nos estamos aculturando con los indígenas y ellos con nosotros.
Los indios quieren ser indios, y para seguirlo siendo tienen que sobrevivir; la supervivencia se encuentra ligada a su prosperidad cultural que debe ser imponente, como ha sido su resistencia a lo largo de siglos. Ellos  quieren ser lo que son, y para alcanzarlo han de situarse a la altura de nuestros días. De hecho, están siendo lo que son al avanzar en su justísimo rescate. Después del holocausto de los judíos durante la segunda guerra mundial, los genocidios gatemaltecos ocupan en proporción el segundo lugar, a escala universal.


 

A la memoria de Miguel Ángel ofrecí un ramo de plumas de quetzal.

 


 

 


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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.