| |
Capítulo CXXVI
Cómo nos dieron guerra en México, y los combates que
nos daban, y otras cosas que pasamos
Pues desque amaneció, acordó nuestro capitán que
con todos los nuestros y los de Narváez saliésemos a pelear
con ellos, y que llevásemos tiros y escopetas y ballestas, y procurásemos
de los vencer, a lo menos que sintiesen más nuestras fuerzas y
esfuerzo mejor que el día pasado. Y digo que si nosotros teníamos
hecho aquel concierto, que los mejicanos tenían concertado lo mismo,
y peleábamos muy bien; mas ellos estaban tan fuertes y tenían
tantos escuadrones, que se mudaban de rato en rato, que aunque estuvieren
allí diez mil Hétores troyanos y otros tantos Roldanes,
no les pudieran entrar; porque sabello ahora yo aquí decir cómo
pasó, y vimos este tesón en el pelear, digo que no lo sé
escribir; porque ni aprovechaban tiros ni escopetas ni ballestas, ni apechugar
con ellos, ni matalles treinta ni cuarenta de cada vez que arremetíamos;
que tan enteros y con más vigor peleaban que al principio. [...]
Por manera que nos maltrataban y herían muchos de los nuestros,
e no sé yo para qué lo escribo así tan tibiamente;
porque unos tres o cuatro soldados se habían hallado en Italia,
que allí estaban con nosotros, juraron muchas veces a Dios que
guerras tan bravosas jamás habían visto en algunas que se
habían hallado entre cristianos, y contra la artillería
del rey de Francia ni del Gran Turco, ni gente como aquellos indios con
tanto ánimo cerrar los escuadrones vieron; y porque decían
otras muchas cosas y causas que daban a ello, como adelante verán.
Y quedarse ha aquí, y diré cómo con harto trabajo
nos retrujimos a nuestros aposentos, y todavía muchos escuadrones
de guerreros sobre nosotros con grandes gritos e silbos, y trompetillas
y atambores, llamándonos de bellacos y para poco, que
no sabíamos atendelles todo el día en batalla, sino volvernos
retrayendo. Aquel día mataron diez o doce soldados, y todos volvimos
bien heridos; y lo que pasó de la noche fue en concertar para que
de ahí a dos días saliésemos todos los soldados cuantos
sanos había en todo el real, y con cuatro ingenios a manera de
torres, que se hicieron de madera bien recios, en que pudiesen ir debajo
de cualquiera dellos veinte y cinco hombres; y llevaban sus ventanillas
en ellos para ir los tiros, y también iban escopeteros y ballesteros,
y junto con ellos habíamos de ir otros soldados escopeteros y ballesteros
y los tiros, y todos los demás de a caballo hacer algunas arremetidas.
|