ROMANCE

 
 
Es un joven desgraciado 
como una rosa marchita, 
frescura y color le quita 
el sol que la ha marchitado. 

Apenas la sombra queda 
de la forma que perdió: 
Ya el olor se disipó, 
no hay quién volverselo pueda. 

Huye de todo consuelo, 
que el infeliz no le tiene: 
Ni esperanza le mantiene, 
éste grato don del cielo. 

En su profundo estupor 
y desesperada calma, 
ya no lisonjea su alma 
ni la gloria ni el honor. 

Cómo un volcán abrazado 
su adolescencia pasará, 
¡cuán violento palpitará 
su corazón arrojado! 

Hoy para él todo está muerto 
que el corazón arrogante 
cayó frío en un instante 
y de tristeza cubierto. 

Otro hombre jamás ha habido 
que algún bien no haya gozado; 
más él siempre desgraciado 
y nunca dichoso ha sido. 

La esperanza ni una vez 
vino a alimentarle un rato; 
no tendrá un recuerdo grato 
con qué aliviar su vejez. 

Mírale, tierna doncella, 
mira aquella alma postrada; 
que enciende una tu mirada 
la vida que aún resta en ella. 

Para la piedad naciste, 
tu misión es la ternura; 
no seas con él tan dura; 
velo: casi ya no existe. 

Mas ¿rehúsas doncella hermosa, 
dar fin a tan cruel tormento? 
¿No te mueve ni un momento 
su desdicha lastimosa? 

Ya su mal está colamado 
¡Oh muerte! ¡Oh nada desierta! 
abre, eternidad, tu puerta 
para que entre un desgraciado. 

Agosto de 1831

 

 


 

 

  

 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.