El vendedor de recuerdos


Con las manos apretadas sobre los años
y el corazón tatuado de nostalgias
ha pasado esta tarde el vendedor de recuerdos.

-¡Recuerdos, recuerdos! ¿Quién me compra recuerdos?
Saltando como peces espantados
desfilaron en el contraluz del crepúsculo
las siluetas rojizas de los días,
y a lo largo del tiempo caracolas antiguas
arrastraron canciones hilvanadas en sombra.

Puñados de vidas están sobre la vida
al pasar esta tarde el vendedor de recuerdos.

¡Mujeres y paisajes a tantos centavos la docena!
Nombres tan conocidos que al caer rebotando por las calles
me dolieron como dedos cortados.
Abalorios ya inútiles y lentejuelas de segunda mano.
Hemorragia sobre la tarde recién salida de la lavandería.

-¡Cómpreme estos recuerdos! Mire... Se los doy baratos...
Recuerdos en miniatura para la novia
y recuerdos picarescos para los amigos.
Recuerdos para los que quieran estar tristes
y para los que pidan alegría
Recuerdos pirotécnicos que habrán de estallar mañana
y recuerdos de sorpresa para las mujeres.
¡Máscaras, almanaques, panoramas!

Quise comprar tantos recuerdos
que al cabo de un rato me quedé con las manos vacías.
En mi cuarto danzaban bailarinas de humo
y las voces del tiempo gritaban palabras agitadas.

Más allá de mi cuarto y de la calle,
caminando en línea recta hacia el olvido,
el extraño vendedor de recuerdos
Se alejaba con toda mi emoción en los bolsillos.

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.