EPILOGO
Las escrituras contemporáneas, así como las teorías
que las sistematizan, nos ofrecen una amplia perspectiva sobre toda una
serie de cuestiones acerca de la naturaleza de la teoría. ¿Qué
tipo de escritura "encaja" en la categoría de "literatura" y quién
decide este proceso? ¿Cómo obtienen su significado los textos
literarios? ¿Con qué criterios pueden ser evaluados los mismos?
¿Cómo se transforman los procesos de asignar juicios de valor
a través de las prácticas críticas? ¿Qué
tan relevantes son las pretensiones de la teoría europea para analizar
nuestra propia literatura?
La subversión de un cierto cánon literario no es simplemente
el hecho de reemplazar un conjunto de textos por otros. Un cánon
no es un conjunto de textos, sino un conjunto de prácticas de lectura.
Estas, a su vez, residen en marcos institucionales, tales como el curriculum
educativo de instituciones de enseñanza superior, redes editoriales
y prácticas críticas. De tal manera, la subversión
del cánon incluye la concientización y la articulación
de estas prácticas e instituciones.
El objetivo de subvertir el cánon no es el de sustituir algunos
textos por otros, o bien de reconstituir un nuevo tipo de jerarquía
de valores, sino más bien el de generar prácticas alternativas
de lectura. Las lecturas postmodernas de textos que no han sido considerados
"tradicionales" en el emergente cánon latinoamericano y los efectos
de las mismas sobre la crítica que habían previamente intentado
canonizar ciertos textos, son los productos inevitables de un mundo cambiante
en el el cual ya no es posible preservar sistemas de valores fijos e inmutables.
En este contexto, es imprecindible que la narrativa guatemalteca del siglo
veinte se habra su lugar y cree su propio espacio, para ser reconocida
como una práctica significante dentro del conjunto de la llamada
"literatura latinoamericana." Al interior de esta última, existen
literaturas marginadas, opacadas, arrinconadas. La "literatura latinoamericana"
ha sido, en buena medida, un cánon establecido desde las universidades
estadounidenses que ha seleccionado -- según intereses propios que
tienen que ver con la demografía académica tanto de estudiantes
"latinos" como de los latinoamericanos que trabajan en centros de educación
superior estadounidense, cuando no de intereses políticos frecuentemente
dominados todavía desde la península ibérica -- algunos
textos mexicanos, argentinos, uno que otro cubano o portorriqueño,
y la presencia contundente de Gabriel García Márquez y Mario
Vargas Llosa como figuras cumbres que deslumbran a más de alguno.
Ya es hora de ampliar ese cánon, de subvertirlo, y de darle su lugar
a otras voces que también hablan con fuerza, dinamismo y creatividad
en el mar de la heteroglossia latinoamericana.