Capítulo Ocho
A PROPOSITO DE MI OBRA: REFLEXION AUTOCRITICA
CON ENFASIS EN LA ESTRUCTURA Y LOS ELEMENTOS SIMBOLICOS
En junio de 1978, a escasas dos semanas de haber obtenido
mi doctorado en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París,
participé en un coloquio titulado "La literatura latinoamericana hoy,"
en Cerisy--la-Salle, Normandía. En dicho coloquio tuve el placer no
sólo de conocer al insigne escritor Augusto Roa Bastos, sino de escucharle
su brillante ponencia titulada "Reflexión autocrítica a propósito
de Yo el supremo, desde un punto de vista socio-lingüístico
e ideológico." Dicha ponencia cumplió en aquel entonces el papel
de núcleo generador -- en el plano ideológico -- de lo que diez
años más tarde sería mi propia novela Jaguar en llamas,
publicada en 1989. Ahora, vuelve a reaparecerme como inspiración. Esta
vez para desecadenar una similar reflexión autocrítica en torno
a mi obra, siguiendo de cerca una vez más al admirado maestro paraguayo.
Para acercarme a Jaguar en llamas, sin embargo, tengo
que partir de mi previa novela, Itzam Na, pues fue la extensión
creativa del proyecto confrontado en ésta última la que fue
desencadenándose en la empresa creativa del "gran jaguar."
Itzam Na, el patito feo
Itzam Na fue escrito más o menos entre octubre
de 1976 y diciembre de 1980. La comencé -- y terminé sus primeras
dos versiones -- en París, Francia. La última revisión
ya fue hecha en México, donde residía desde principios de 1980.
En 1976 entregué el manuscrito de mi primera novela,
Después de las bombas a su editor mexicano, Joaquín Díez-Canedo
de la Editorial Joaquín Mortiz. Enseguida volví a París,
donde estudiaba un doctorado en sociología de la literatura, con la
idea de iniciar un nuevo proyecto de novela en el cual hubieran dos aventuras
al propio tiempo: la anécdota y la palabra. Por aquel entonces, empezaba
a creer que la verdadera aventura estaba en la palabra, y que la imaginación
es más imaginación en el lenguaje que imaginación en
la anécdota. Asimismo, empezaba a conocer a ese formidable pensador
ruso, Mikhail Bakhtin, y creo que sus planteamientos teóricos vinculando
el lenguaje con la historia no dejaron de influirme ya en ese entonces.
Contrariamente a la lingüística de Saussure y
sus herederos, quienes hacen de la lengua un objeto abstracto ideal, Bakhtin
afirma la necesidad de enfatizar la enunciación -- manifestación
individual o particular del lenguaje -- y afirmar su naturaleza social, dado
que la palabra está ligada indisolublemente a las condiciones de comunicación,
que están siempre ligadas a su vez a las estructuras sociales. Si la
enunciación es el motor de los cambios lingüísticos, ella
no es la consecuencia de acciones individuales. La enunciación es,
en efecto, la arena donde se confrontan los acentos sociales contradictorios.
Los conflictos del lenguaje reflejan los conflictos de clase en el interior
de un mismo sistema. La comunicación verbal, inseparable de otras formas
de comunicación, implica conflicto, relaciones de dominación,
utilización del lenguaje por la clase dominante para reforzar su poder,
etc. En consecuencia, toda modificación en la ideología de una
formación social implica una modificación del lenguaje.
Lo anterior me dio, entonces, la curiosidad de poder historificar
a través del lenguaje lo que había significado la llegada al
poder de la clase que había gobernado Guatemala durante los últimos
100 años: la burguesía cafetalera agroexportadora que toma las
riendas del país con la reforma liberal de 1871. Buscaba historificar
todo aquello desde su ascenso hasta su presente decadencia como grupo de poder,
pero haciéndolo a través del lenguaje.
El proyecto era ambicioso, y yo no tenía en aquel
entonces el dominio del lenguaje que me posibilitara realizar aquel enorme
mural de enunciados. Por eso decidí limitarme a contrastar dos extremos
del mismo: ascenso y decadencia, que se yuxtaponen en la novela a través
de las cartas del tío por un lado, y a través de la voz de Pispi
Sigaña por el otro. Son, más o menos, dos polos opuestos como
personajes y como lenguajes. Lo único que me faltaba para iniciar la
novela era alguna anécdota que sirviera de excusa para abrirla, y que
funcionara como vehículo para llevar al lector a través de la
maraña del lenguaje. Esa anécdota me la proporcionó un
hecho real que ocurrió ese octubre de 1976 en Guatemala. Dos familias
rivales, ambas del sector dominante del país, se confrontaron entre
sí, muriendo dos de los hijos de una familia. Esto generó una
polémica pública en la prensa guatemalteca, que yo recojo en
los anuncios periodísticos de Scheissmark y Greenback. Con aquello
inicié la novela, y lo mismo sirvió a su vez de punto climático:
la confrontación entre el grupo de la Gran Puta y la mafia coquera.
El mismo provee, además, el elemento de tensión a lo largo de
la narrativa. Hecho aquello, el resto fluía por sí solo.
En este sentido, Itzam Na representaba la prolongación
lógica de Después de las bombas (escrita entre 1972 y
1976, publicada en 1979). Era la continuidad lógica de lo que venía
representando, para mí, el movimiento renovador del hoy llamado movimiento
"Irreverentes 70."
En la década de los años setenta se dio un
movimiento jóven, renovador, de la narrativa guatemalteca. Es una narrativa
fresca, comprometida políticamente pero no en un sentido dogmático.
Más bien con un fuerte rechazo a los rígidos dogmatismos del
realismo socialista, muy consciente de la función y elemento lúdico
del lenguaje y cargada de un alto contenido humorístico. Es como si
todos los escritores jóvenes se hubieran puesto de acuerdo de que el
mejor medio de disolver la horrorosa realidad en que vivíamos era la
risa. Por medio de la risa, de la parodia, se buscaba edificar un mundo alternativo
al mundo oficial de los militares. Parafraseando a Bakhtin, la risa celebra
su liturgia, confiesa su fe, celebra la vida corporal, y está indisolublemente
ligada con la libertad. La seriedad es oficial, autoritaria, asociada a la
violencia, a las prohibiciones, a las restricciones; la risa supone la superación
del miedo. No impone ninguna prohibición, ninguna restricción.
La risa, subversiva, destruye el horror y a quienes lo inspiran.
Itzam Na es un texto complejo que permite varios niveles
de lectura. El fundamental de estos es el de la mitología maya que
le da su nombre a la novela. En principio, esto no debe dificultar la comprensión
del texto. Sin embargo, la lectura es más rica cuando se maneja toda
una serie de elementos simbólicos o referenciales de los cuales está
empapados la novela.
"Itzam Na" es el nombre del dios de la nobleza maya en el
período clásico de esta civilización (200 - 900 d.c.).
Según la leyenda, en el siglo noveno de nuestra era hubo una revolución
del campesinado, cuyo dios era el joven dios del maiz. Esta revolución
derrocó a la vieja nobleza, acabando así con el culto de Itzam
Na. La referencia de lo anterior desde luego juega un lugar simbólico
en el texto, donde el equivalente de la casa de Itzam Na es la burguesía
cafetalera, y el interlocutor de Pispi Sigaña es "cara de elote joven,"
o sea, el joven dios del maiz, el símbolo del campesinado a punto de
sublevarse. Asimismo, muchos de los eventos que se dan entre Halach Uinic
Emerson y la Gran Puta, son los que en la mitología clásica
se da entre el sol y la luna, incluyendo la escena en la cual el sol le saca
un ojo a la luna. Es toda la mitología que gira en torno al culto de
Itzam Na. Todo lo anterior enriquece la dimensión simbólica,
la dimensión alegórica de la novela, pero la falta de conocimientos
de estos referentes no debe, en principio, dificultar su lectura. Un texto
literario permite varias lecturas y varios tipos de lecturas. En cualquiera
de estas debe poder sentirse a gusto el lector con inclinaciones lingüísticas,
el lector con inclinaciones históricas, el lector con inclinaciones
políticas, y el lector que simplemente desea entretenerse con una buena
dosis de sublimación fabulosa y cómica.
Itzam Na procedió a ganar -- no sin grandes
dificultades que el escritor urugayo Carlos Martínez Moreno gustaba
de contar a quien estuviera dispuesto a escucharlo -- el premio Casa de las
Américas en 1981. Cayó enseguida en el peor de los mundos. El
premio cubano la "apestaba" en occidente, pero su irreverencia, desacralización
de los mitos y erotismo condujeron a que no circulara en Cuba y fuera proscrita
del entonces campo socialista. Con Gioconda Belli nos convertimos en los escritores
"prnográficos" de la izquierda centroamericana. Aun carente de la necesidad
de sentirme reconocido, yo me reí de dicha situación y procedí
a expander los marcos simbólicos que habían estado en el trasfondo
de Itzam Na para la elaboración de mi siguiente novela.
Los rugidos del jaguar en las letras
El nudo generador de Jaguar es la escritura de una
contrahistoria, una réplica subversiva y transgresiva a la historiografía
oficial. En este sentido, parte y retoma el planteamiento de Roa Bastos y
de Yo el supremo. Sin embargo, inscrita al interior de este proyecto,
existe también un proyecto de orden semiológico: historificar
diversos lenguajes, dominantes cada uno en diferentes momentos del desarrollo
de la formación social guatemalteca, a manera de buscar responder tanto
en el plano histórico como en el lingüístico, tres interrogantes
básicas: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos?
¿Para dónde vamos?
La respuesta debe comenzar, desde luego, con la destrucción
de la historia oficial, infestada de falsedades y falsificaciones. El instrumento
para disolver el mismo es la risa. Como señala Mikhail Bakhtin, es
por medio de la risa, de la parodia, que se puede edificar uno su propio mundo
frente al oficial, su propio estado frente al estado oficial. La risa celebra
su liturgia, confiesa su fe, celebra la vida corporal, y está indisolublemente
ligada con la libertad. La seriedad es oficial, autoritaria, asociada a la
violencia, a las prohibiciones, a las restricciones. La risa supone la superación
del miedo. No impone ninguna prohibición, ninguna restricción.
La risa, subversiva, destruye al horror y a quienes lo inspiran. Pero frente
a esta destrucción, debe existir una creación. Para esto último.
las leyes internas del texto, a través de códigos que el mismo
genera poco a poco, va surgiendo a través del proceso mismo de escritura,
un esbozo de respuesta que, desde luego, no debe perder de vista el referente
histórico. La única cosa que se exige es el tener la conciencia
crítica de la situación histórica guatemalteca, y no
perder de vista nuestras relaciones sociales con el medio social en cuya perspectiva
situamos nuestro trabajo. ¿Localista? No más que otros. Han
sido los escritores provenientes de áreas marginales del planeta en
su momento, quienes han exigido que a sus pobres regiones se les trate con
el mismo respeto que a los centros hegemónicos de decisión cultural:
Joyce por ejemplo.
Asimismo, existe un proyecto de búsqueda de las raíces
narrativas en el mito. Esto se da de dos maneras: enraizando los mitos mayas,
y concretamenta la versión moderna del Rabinal Achí,
y buscando las formas clásicas de la fabulación. Existen referencias
concretas a la Etiópica de Heliodoro, que comienza -con un resumen
de la vida de la heroína que resulta ser una falsedad para despistar
a sus captores (y al lector, que sólo después se entera de la
verdad) así como otras, tales como la leyenda Arturiana, a la cual
haré referencias más adelante.
En las manos de Heliodoro, la novela se caracteriza por una
multiplicidad de narradores y cuentos dentro de cuentos como una secuencia
de cajas chinas; por una dislocación temporal, ya que la narrativa
se mueve para atrás y para adelante; y por un gusto por eventos espectaculares
como batallas, ritos, necromancia y celebraciones.
Mucha de esa misma libertad de composición la encontramos
en las novelas de caballerías. Jaguar en llamas retoma rasgos
de las mismas (la "búsqueda mítica" de Lange Gagelake, por ejemplo).
En las novelas de caballerías, la escritura y la selección de
materiales es llevada a cabo sin sujeción a las reglas del arte; es
una cualidad positiva de los mismos. Desde luego, en una novela moderna, esto
es aparente, no total. Pero se buscan mantener algunos de esos rasgos, junto
con el aspecto lúdico: el juego.
En el Quijote, el autor ha jugado con el lector, y el libro
no es uno, sino todo un sistema de juegos que en su ilimitada libertad llegan
al borde del acertijo. Lo anterior no podría hacerse sujetándose
a las reglas del arte hasta entonces usadas y acatadas, pero sí en
nombre de la desatada (ilimitada) libertad como principio de una conducta
estética. Jaguar en llamas busca retomar algo de eso, no sólo
por el principio ideológico (fin de un período histórico,
transformaciones sociales significativas, etc.) sino también para retomar
el eje narrativo de la España clásica. De hecho, hay alusiones
al Quijote en la novela, de las cuales la más obvia es el nombre de
Cide H. MontRosat, eco de Cide Hamete Benengeli, autor del Quijote según
Cervantes. Asimismo, el historiador del ejército se llama Alonso Fernández
de Avellaneda, nombre del autor del falso Quijote que obligara a Cervantes
a públicar la segunda parte de su novela. Asimismo, del Quijote se
retoma la idea del "manuscrito hallado". En torno a esto, aparece también
el ciclo Arturiano y la búsqueda del santo Graal.
Yo no caigo en los extremos de John Hawkes cuando dice:
-
I began to write fiction on the assumption that the true
enemies of the novel were plot, character, setting, and theme, and having
once abandoned these familiar ways of thinking about fiction, totality of
vision or structure was really all that remained.
A diferencia suya, yo creo en la trama, y en la mía
existe una trama explícita, en el sentido de que hay relación
de causa y efecto, eventos relacionados o correspondientes, imágenes
recurrentes, acciones recurrentes.
Ahora, existen dos aventuras al propio tiempo: la anécdota
y la palabra. Y, para mí, la aventura verdadera esta en la palabra.
La imaginación es más imaginación en el lenguaje que
imaginación en la anécdota. En Jaguar en llamas, tenemos
una historia del castellano empleado en Guatemala desde el siglo XVI hasta
el XX, con sus antecedentes moriscos, judíos y cristianos enraizados
en la literatura española de los siglos XIV y XV.
Existen también menciones a la poesía morisca
del medievo. Trotaprisiones es un eco de Trotaconventos, la maravillosa mujer
del Arcipreste de Hita en su famoso Libro de buen amor. Pero luego,
existen capítulos (siempre en el "manuscrito de Ajoblanco") que son
una parodia concreta de un estilo literario conforme avanza el tiempo: el
capítulo 4, Cabeza de Vaca; el 6, Bernal Díaz del Castillo;
el 9, Fray Bartolomé de las Casas; el 16, Inca Garcilaso; el 20, Joseph
de Acosta; el 23, Sigúenza y Góngora; el 24, Mateo Alemán
(un saltatrás en el tiempo literario); el 27, Concolocorvo; el 31,
Fray Servando Teresa de Mier; el 35, José Joaquín Fernández
de Lizardi, el 39, José Cecilio del Valle; el 42, Irrisari, Esteban
Echeverría y Sarmiento; el 43, Pepita García Granados y Pepe
Batrez Montúfar; el 47, Pepe Milla: el 51, Ricardo Palma; el 54, Manuel
Payno; el 58, Enrique Gómez Carrillo, y el 61, Miguel Angel Asturias.
A la vez, se da un movimiento hacia adelante de la narrativa
que es contrariado por referencias al pasado andaluz, dando la impresión
de un libro que no viaja de a a b, sino se sienta en el tiempo,
aunque sin pretender una circularidad mítica como muchas de las novelas
del boom. Más que circularidad, la idea es que las cosas no
siempre avanzan hacia adelante: algunas llevan hacia atrás, a eventos
pasados.
En cuanto a la numeración de los capítulos,
hay una numeración contínua seguida de un nombre. Esos nombres
vienen de los nombres de los años del calendario maya que apuntan hacia
el fin del quinto sol en el año 2012. Son los nombres del baktún
que implican la transformación de la materia, y que tienen deficiones
propias de acuerdo al calendario maya. Por ejemplo, Imix es "se establece
el patrón;" Ik, "el patrón recibe inspiración," Akbal,
"el patrón recibeconsagración," Kan, "el patrón planta
la semilla de la vida cotidiana," etc. Entonces, se establece todo un patrón
que determina un comportamiento que estabelce paralelismos alegóricos
a la historia narrada de manera análoga a lo que hace John Barth en
Giles Goat-Boy con el código de heroicidad de Joseph Campbell
(de hecho, mucho del movimiento de la novela sucede por analogías).
Según Jose Argüelles en The Mayan Factor,
el calendario maya apunta hacia la creación de un campo de conciencia
coherente. Este proceso es la función reflejada en los ciclos del AHAU.
Explica las tendencias hacia la expansión global y la comunicación,
el romanticismo, la exploración espacial y la necesidad de una conciencia
global unificada generada a través de la necesidad crítica por
una sincronía. A mí no me preocupa tanto si Argüelles está
hablando científicamente o si está alucinando, porque el empleo
que hago de este material no es científico sino estético. Lo
que dice se vuelven códigos simbólicos de corte poético
que me permiten articular una historia "occidental" (de la conquista a la
insurrección de los ochentas) en un marco mental maya.
Por eso la esencia de la novela está en la imagen
del juego de pelota y el título alude al jaguar en llamas, jaguar que
se equipara con los cabalistas medievales europeos y con el saber judío
proveniente de Egipto. El cabalismo, Egipto, son los puntos de contacto con
lo maya, la bisagra entre el pensamiento mágico occidental y el maya.
Las referencias al cabalismo en la novela son abundantes, especialmente en
lo que concierne la búsqueda del elixir mágico que, en este
caso, se encuentra en la espada de Ajoblanco, que es la misma espada de fuego
que utiliza Huitzillopochtli para salir del vientre de su madre, degollar
a su hermana la luna y destrozar a sus 400 hermanos, las estrellas (Galeano
se refiere a esta leyenda en "los nacimientos").
El juego de pelota es, pues, una imagen central y crucial
en entender, de nuevo analógicamente, la trama de la obra. Asimismo,
muchos de los capítulos están separados por poemas en prosa,
que son fragmentos de un libro que se titula precisamente El juego de pelota.
Se establece así el vínculo entre la poesía y el mito
central explicativo de la trama, y se sabe al final (indirectamente por lo
menos) que el libro en cuestión ha sido escrito por el poeta Othón
René Castilla y Aragón, acusado a su vez de ser el jefe de la
subversión en el país. Aquí tenemos una triple alusión:
es una mezcla de los dos grandes poetas guatemaltecos Luis Cardoza y Aragón
y Otto René Castillo, el primero acusado por el general Lucas de ser
el "jefe de la subversión", el segundo poeta guerrillero que murió
torturado en 1967. Pero a la vez es una referencia a Castilla y Aragón,
los reinos de los reyes católicos con cuya fusión surge la España
católica moderna que expulsa a los judíos, gitanos y moros de
su país, "descubren" América, masacran a los mayas e inician
la historia moderna de nuestro país. El significado literario surge
entonces de esas alusión que son lecturas a un segundo y tercer nivel
de la prosa, innovaciones Joyceanas refinadas por Nabokov y explicadas por
Roland Barthes cuando estudio los múltiples niveles de lectura. ¿Escribió
Castilla y Aragón toda la novela? ¿La "inventó" Bouvard
Pétrone (referencia al Bouvard de Bouvard y Pécuchet
de Flaubert y al Petronio autor del Satyricon que significa a la vez
el origen de la novela como género y la documentación de la
decadencia de un imperio)? Son varias de las posibles interpretaciones (y
lecturas) del texto.
Me parece que si se hace una lectura de este tipo, una lectura
Joyceana (o Nabokoviana a la Ada, novela que opera en la parte de atrás
de mi cabeza), se produce un cambio en las relaciones entre el lector y el
texto porque este último aparece como prácticas de escritura
donde uno está preocupado con los efectos materiales del lenguaje y
con las posibilidades de transformación del discurso. La lectura deja
de ser consumo pasivo y se convierte en metamorfosis activa, un contínuo
desplazamiento del lenguaje, en que la estructura total de la novela se ve
no solo en el aparente movimiento (o falta de...) de un hilo narrativo primario,
sino un conjunto de estructuras simbólicas evidentes a segunda o tercera
lectura, operando para articular este Centro Pompidou construido de palabras.
En este sentido, hago mías las palabras de Colin MacCabe:
-
Ulysses and Finnegans Wake are concerned not
with representing experience through language but with experiencing language
through a destruction of representation. Instead of constructing meaning,
Joyce's texts concern themselves with the position of the subject in language.
If the literary critic is interested in meaning, Joyce's texts are concerned
with the various positions from which meaning becomes possible.
Siguiendo una analogía similar, se empieza a ver --
como en Rayuela de Cortázar o en Tres Tristes Tigres
de Cabrera Infante -- que capítulos aparentemente "prescindibles" (como
dice Cortázar de dos tercios de su novela) se vuelven en realidad imprescindibles.
Esto pasa sea porque cumplen función histórica (abordar la historia
desde la consolidación del estado católico español con
el desplazamiento de sus propias minorías étnicas hasta la historia
de Guatemala del descubrimiento a los años ochenta), función
lingüística (la historia del castellano del siglo XIV al presente),
función analógica-simbólica [una meditación sobre
el genero novelesco que recapitula la historia del género desde el
Satiricón, la Etiópica y las novelas de caballería
hasta las nuevas formas de novelar con homenajes y reconocimientos a Flaubert,
Joyce, Nabokov los narradores latinoamericanos del "boom" y los postmodernos
estadounidenses (Barth, Hawkes, Pynchon, Gass et. al.) para interrogarnos
sobre si la novela sigue siendo "novela" o si los códigos de comunicación
dialógica han sido modificados por la contemporaneidad postmoderna.
Si un lector realiza una lectura tradicionalmente realista,
econtrará problemas de caracterización. Siguiendo la analogía
que he presentado, se puede ver que la mayoría de los personajes son
"tipos" y "arquetipos" (aunque aparecen pinceladas que buscan redondearlos,
como el amor sublimado de Amabilis por Trotaprisiones, y sus "intimaciones
de inmortalidad" cuasi existencialistas) como los que encontrarías
en la leyenda Arturiana, las novelas de caballería, Spenser, la novela
menipea alejandrina, el Rabinal Achí y el Popol Vuh,
las fábulas de Alfonso Onceno, el Arcipreste, el conde Lucanor, etc.
Cuando se trabaja desde esta perspectiva, a veces se queda uno deliberadamente
e incluso con fines satíricos, con personajes bidimensionales, como
lo hacen también Pynchon, Barth y Barthelme. Se acentúa la unidimensionalidad
caricaturesca para jugar a partir de nuevos artificios que incorporan ese
elemento como integral al conjunto de la estructura (Bouvard Pétrone
trabaja en El Planeta, el periódico de Clark Kent, alias Superman,
que establece la analogía con el "comic" y con la lectura ideológica
del mismo tal y como la hace Dorfman en Superman y sus amigos del alma,
alusión a la Justice League of America que también aparece en
mi segunda novela, Itzam Na.
Muchos de los personajes son también composiciones
históricas de personalidades guatemaltecas y/o internacionales que
han tenido que ver con la historia del país (aparecen los generales
genocidas, Ronald Reagan como Roland Orangeade, etc). Pero estas alusiones
no son las más significativas. Más bien, son como la puerta
que abren las otras dimensiones: la referencialidad mítica que generan,
donde opera el universo de la metáfora en su forma más alta.
Aludiendo a este tipo de caracterización, Scholes
nos recuerda:
-
Fabulation, then, means a return to a more verbal kind
of fiction. It also means a return to a more fictional kind. By this I mean
a less realistic and more artistic kind of narrative: more shapely, more
evocative; more concerned with ideas and ideals, less concerned with things.
Esta tradición narrativa ya existe en América
Latina. En Guatemala misma, Asturias contribuye a elaborarla con Hombres
de Maíz y con Mulata de tal. Pero está también
presente Rayuela y Tres Tristes Tigres ya mencionados, Abrapalabra
de Luis Britto García, Morirás Lejos de Jose Emilio Pacheco,
Farabeuf de Salvador Elizondo, El mundo alucinante de Reinaldo
Arenas, Función con móbiles y tentetiesos de Marcos Carías,
Setecientas palmeras plantadas en el mismo lugar de José Balza,
¡Cavernícolas! de Hector Libertella, La Orquesta de
Cristal de Enrique Lihn. Es una tradición deliberadamente anti-realista,
que surge del juego verbal y de la construcción de estructuras verbales,
los Joyces, Becketts, Robbe-grillets o Nabokovs latinoamericanos.
De alguna manera, algunas de estas "fabulaciones" (nombre
de Scholes) reviven los romances viejos. Ciertamente lo busco hacer en Jaguar
en llamas. Incluso, hay un paralelismo con el ciclo Arturiano que opera
en la novela, en el cual Cavek Quiché Achí sería el rey
Arturo, Lance Gagelake sería Lancelot du Lac, Trotaprisiones sería
Guinevere, Ri-Yamanic Xtecok sería Morgana, Ajoblanco sería
Perceval, Jobtoj Umam sería Mordred, Ahau Jobtoj y Rabinal Achí
serían los nobles que se niegan a seguir a Arturo, y Othón René
Castilla y Aragón (quien aparece explícitamente siendo también
el Brujo del Agua) sería Merlín.
Esta es otra lectura más, que justifica también
varios de los capítulos. El duelo entre Lance y Quiché Achí,
por ejemplo, es el duelo en el cual Lancelot confronta a Arturo, dándole
la iniciativa a Morgana para desencadenar la sequía que solo acabará
cuando Perceval encuentre el Santo Graal. Igualmente, el intento de hacer
el amor de Rabinal Achí y Ri-Yamanic Xtecok enmedio de la tierra baldía,
es el intento de fertilización que se requiere para terminar con la
"tierra baldía" (lo cual implica una alusión a T.S. Eliot también).
Otro nivel de lectura más es una lectura codificada
de la historia de Guatemala, que adquiere relieves más fuertes poco
después de la independencia. Allí tenemos escenas que no "avanzan"
la trama quizás, tales como la entrevista de Ajoblanco con Simón
Bergaño y Villegas. Pero marcan el inicio de una historia ideológica,
una "historia de la conciencia" del país, que va a terminar con la
insurrección de los ochenta.
La noción de articular polifónicamente diferentes
corrientes ideologicas no es, desde luego, invención mía. Bakhtin
ejemplifica esta situación de manera particular en la obra de Dostovesky.
Tenemos los famosos diálogos de Naphta y Settembrini en La Montaña
Mágica de Thomas Mann, que también paralizan el movimiento
de la trama, pero que anclan la misma en el proceso de evolución y
transformación de las conciencias. Otro ejemplo de esto son las largas
discusiones sobre ideología, teología y política en La
Guerra y la Paz de Tolstoy, la revisión del pensamiento "fin de
siècle" en En busca del tiempo perdido de Proust, los debates
ideológicos que Céline introduce en Viaje al final de la
noche, para solo nombrar unos cuantos.
Dentro de este último nivel se codifican en Jaguar
en llamas los debates ideológicos de la izquierda guatemalteca.
Por ejemplo, con la mención de la URNQ (alusión a la URNG),
la separación del comandante Kukulkán de los otros (alusión
al Octubre Revolucionario cuando se separó del EGP), etc.
Todo esto se da en niveles codificados y lenguajes simbólicos.
Allí es donde entronca con la fabulación clásica, que
tiende a alejarse de la representación de la realidad para volver a
la esencia humana por vía de la fantasía éticamente controlada,
por vía de la alegoría. De allí la afirmación
al principio de la novela (tomada de Nabokov) de que toda gran novela es sobretodo
un gran cuento de hadas.
¿Difícil para el lector? Sí. Pero como
dice David Lodge, citado por Christine Brooke-Rose en A Rhetoric of the
Unreal:
-
No amount of patient study could establish, for instance,
the identity of the man with the heavy coat and hat and stick encountered
by Moran in Beckett's Molloy. We shall never be able to unravel the
plots of John Fowles' The Magus or Alain Robbe-Grillet's Le Voyeur
or Thomas Pynchon's The Crying of Lot 49 because these novels are
labyrinths without exits.
Estamos jugando, pues, con parodia y estilización
porque estamos haciendo una especie de summa del significado de la
tradición occidental para explorar creativamente la posibilidad del
fin de un enorme ciclo histórico, y el principio de uno nuevo. La novela
busca establecer si estamos en los últimos sacudimientos de un modelo
de civilización agotado o no, y luego trata de establecer si esto implica
el advenimiento de un nuevo mundo de naturaleza diferente, o bien si simplemente
indica la gradual intensificación de un caos ontológico donde
el conjunto de la especie humana se hunde suave y dulcemente como en arenas
movedizas, entrópicamente arrastrando tras de sí al resto de
la vida en el planeta. La confrontación discursiva, por ende, tiene
que ser compleja. Por eso no buscamos representar a la realidad, no estamos
en el plano de la mimesis, sino más bien estimular a la imaginación
a través del diálogo que abre la palabra y sus reverberaciones
infinitas.