Capítulo Siete
LUIS DE LION, DANTE LIANO Y MENDEZ VIDES:
TEXTUALIDAD Y TENDENCIAS DISCURSIVAS EN GUATEMALA
ANTES Y DESPUES DE LAS MASACRES
Como hemos indicado con mayor extensión en un trabajo anterior,
la polémica que envolvió a Miguel Angel Asturias con Gabriel
García Márquez y otros escritores del boom hacia fines
de los sesenta y principios de los setenta, tuvo una consecuencia desastrosa
para la literatura guatemalteca. El mismo desapareció del mapa literario
del continente en el momento mismo en que la literatura continental ganaba
credibilidad en el resto del mundo. Este hecho, combinado con que el único
escritor de alguna talla que emergiera hacia principios de los años
setenta -- Marco Antonio Flores -- se caracterizara por acciones vandalescas
o "lumpenes" que lo desacreditaron como persona y que publicara
una sóla novela, ha contribuido a que la narrativa guatemalteca
posterior a Asturias pase fundamentalmente desapercibida por la crítica
del continente.
De hecho, esta última siempre ha favorecido los narradores mexicanos
o conosureños en sus trabajos. La literatura centroamericana siempre
ha carecido de atención crítica, convirtiéndose su
situación en una especie de marginación de la marginación,
o de ghetto dentro del mismo ghetto. Sin embargo, la crisis política
en la región centroamericana durante los años ochenta, tuvo
como efecto que alguna crítica volcara sus ojos hacia la región
centroamericana, y empezara a rescatar figuras literarias de gran envargadura
tales como Roque Dalton, Claribel Alegría, Sergio Ramírez
o Manlio Argueta. Sin embargo, la narrativa guatemalteca hasta este momento
no ha sido desempolvada de su olvido ni ha sido reintegrada a las corrientes
estéticas del resto del continente.
A pesar de lo anterior, ha habido un desarrollo importante en la narrativa
guatemalteca, que se articula de manera importante con las actuales tendencias
de la literatura centroamericana en su conjunto.
En este trabajo, pretendo explorar tendencias discursivas alternativas
que han emergido en la narrativa contemporánea, a través
del estudio de tres novelas publicadas en la década de los ochenta.
Estas novelas son El mundo principia en Xibalbá (1985) de
Luis de Lión , Las catacumbas (1987) de Méndez Vides,
y El lugar de su quietud (1989) de Dante Liano.
Consideraciones previas en torno al discurso textual
Partimos nuestro análisis del principio bajtiniano de que las
novelas son textos que representan la organización sistemática
de intercambios de enunciaciones en su contexto histórico y social.
La novela es el drama de discursos reaccionando al discurso del prójimo,
de palabras luchando por responder, parafrasear, o bien deliberadamente
ignorarse y
de palabras anticipando cómo se les responderá a ellas
mismas y cómo serán parafraseadas o ignoradas.
Bajtín no nos ofrece sólo un nuevo instrumento para la
crítica literaria. Su pensamiento es toda una renovación
de la teoría de la cultura que representa una visión multidisciplinaria
de las ciencias humanas basada en la naturaleza lingüística
de nuestras concepciones diarias de la realidad.
Este pensador ve las formas paródicas de la literatura que emergieron
en el período helenístico como la fundación del género
novelesco. Aquellas formas paródicas, dice Bajtín, eran usualmente
travestismos del discurso oficial del Estado o la iglesia, y eran estimulados
como parte de la "risa de los feriados".
Cuando una forma de discurso tiene su contrapartida en la parodia,
la imagen cómica sirve para darle vuelta a la estructura formal
de un discurso más estoico. En la parodia el lenguaje es frecuentemente
manipulado como elemento cómico. A veces el travestismo es simplemente
una rendición burlesca de una condición política o
social; puede ser también una puntada sutil en contra del sistema
jerárquico al copiar el tono formal de un tipo particular de discurso
oficial.
Esta inversión de las normas aceptadas del discurso gradualmente
le abrieron el camino a una estilística multilingüe, precisamente
porque requería de la aparición de más de una sola
voz. Ocasionalmente la separación entre las formas serias y paródicas
es difícil de detectar. De hecho, en las novelas que analizaremos
veremos las diferencias entre un lenguaje paródico (de Lión
y Méndez Vides) y un lenguaje formal, funcionando corrosivamente
desde dentro (Liano). La dificultad se encuentra muchas veces en poder
separar dónde termina la función referencial del lenguaje
y comienza la ridiculización de la referencialidad.
La parodia se presta para la inversión de las jerarquías
y de las nociones estratificadas de clase. La novela, en el sentido bajtiniano,
se presta para liberar el lenguaje de las formas estratificadas y estáticas
a los cuales usualmente está sometido en los otros estilos discursivos.
Las formas paródicas estimulan al lector a experimentar una realidad
que no está contenida en los géneros más tradicionales
del discurso ordinario.
Bajtín cree que la parodia funciona como una suerte de liberalizadora
-- aunque sea tan solo durante la duración del discurso -- de las
fronteras entre las clases sociales, debido a la interrelación generada
por el elemento lúdico. La novela también permite borrar
fronteras entre discursos lingüísticos, al estimular una relación
dialógica entre las connotaciones ideológicas de ls diferentes
enunciaciones. El lenguaje paródico, entonces, es sólo una
pequeña parte de lo que representa la novela como un todo multilingüístico.
Bajtín dice:
- Me imagino este todo como una especie de inmensa novela, multi-genérica,
con multiplicidad de estilos, inflexiblemente crítica, sobriamente
burlona, reflejando en toda su riqueza la heteroglosia y voces múltiples
de una cultura dada, de su pueblo, de su época.
Son estos rasgos delineados por Bajtín los que exploraremos
en nuestro estudio de tres novelas-tipo que aparecieron en Guatemala en
los años ochenta. Las mismas nos permiten explorar una función
socialmente constructiva del lenguaje y la literatura sin caer en dogmatismos
mecanicistas que, en términos bajtinianos, "monologizan"
la voz naturalmente dialógica del género novelesco.
Asomos de la narrativa indígena maya
Luis de Lión nació en San Juan del Obispo, Sacatepéquez,
en agosto de 1939. Fue maestro de educación primaria en escuelas
rurales localizadas en diferentes puntos del país, y posteriormente
catedrático universitario en la Universidad de San Carlos. Como
otros miles de guatemaltecos, tuvo el dudoso privilegio de ser desaparecido
por la dictadura militar durante los peores años de la feroz represión
que ha caracterizado la historia moderna del país. La tarde del
15 de mayo de 1984, un grupo de hombres armados vestidos de civil lo introdujo
dentro de un vehículo sin placas. No se volvió a saber nunca
más de su paradero.
Su única novela, El tiempo principia en Xibalbá,
apareció póstumamente en 1985. Sin embargo, la misma había
ganado el primer premio en los Juegos Florales Centroamericanos de Quezaltenango
en 1972, aunque permaneció inédita cerca de 13 años.
En vida, publicó también dos libros de cuentos: Los zopilotes
(1966) y Su segunda muerte (1970).
La novela parece comenzar donde termina Asturias (o donde termina García
Márquez), con un "viento fuerte":
- -Primero fue el viento...
- Llegó como jugando, brincando por todas partes, sacudiéndoles
los pantalones tierrosos a los hombres cansados, aburridos, asueñados;
rascándoles la panza a los patojos; metiéndose debajo de
las naguas de las mujeres, lamiéndoles las canillas chorriadas,
estacudas. -Ve qué aire más baboso- dijo una. Bastó
conque le dijeran eso y como quien se enoja por puras simplezas, abrió
la trompa y...Ya no se oyó nada...
No se sabe quién narra la historia, no hay individualización
de los personajes. Más bien, se colectiviza de entrada: "los
patojos", "las mujeres", "dijo una." Queda claro,
eso sí, que es una incursión discursiva del castellano indígena.
Lo indican así los vocablos escogidos: "panza", "patojos",
"naguas", "canillas", "aire más baboso,"
"la trompa." El discurso lingüístico nos ubica el
ambiente, la espacialidad en la cual se va a desarrollar la narrativa.
Las voces se imponen de entrada como protagonistas fundamentales del texto.
Es el lenguaje, a su vez, el que va a colectivizar a los personajes del
pueblo.
El incipit o inicio de la novela podría parecerse a los
de la nueva narrativa centroamericana en general. Por ejemplo, los incipits
de Roque Dalton, Marcos Carías o Sergio Ramírez también
abren con juegos lingüísticos que imposibilitan diferenciar
a los personajes. Sin embargo, muy pronto las voces adquieren individualización
en estos textos. Los articuladores de los enunciados adquieren nombre propio,
rasgos característicos, señas de identidad que les confieren
un grado de reconocimiento por parte del lector.
Sin embargo, con Luis de Lión esto no sucede así. No
es sólo un rasgo del incipit. El texto continúa en
el mismo tono. La voz narrativa nos continúa describiendo los efectos
del viento fuerte sobre una población colectivizada y sólo
adquiere un asomo de individualización no explicitada cuando dice
"tardó el tiempo en que vos le das la vuelta a tu cocina"
(subrayado nuestro). Sin embargo, lo anterior es una falsa pista. El narrador
no emerge, como no emerge tampoco un narratario. La voz desindividualizada
continúa con el mismo tono del inicio describiendo el viento y luego
los ruidos de la gente.
En otras palabras, la voz narrativa está enunciando, asumiendo
la palabra, en nombre de una colectividad que no es individualizada. Esa
es la innovación particular de este texto, y lo que diferencia este
texto del resto de la nueva novela centroamericana:
- La gente entonces intentó desamontonarse, decirse algo, pero
todos tuvieron que seguir juntos y callarse.
- Entonces cayó sobre la aldea un tecolote mudo, zonzo, triste,
un silencio tan espeso que no daban ganas de decir una sola palabra, dar
un paso para respirar.
- El baile se oía en todo el pueblo. Se oía la marimba,
como si fuera el día del convite. Sólo que alegremente triste.
Y la gente no salió a ver, a gozar sino que, recogiendo hasta sus
más escondidos pensamientos, se metió adentro de sí
misma con la esperanza de que la fiesta terminara pronto, y ya no siguiera.
La aldea, el pueblo, es asumido como espacio cronotópico definidor
de la identidad, emblemático del grupo étnico que no es nombrado
directamente por el texto (hasta la página 14 se referirá
al pueblo como "miserable e indito"), pero cuyo punto de vista
se asume desde la primera línea. La voz narrativa habla por el pueblo,
por el grupo étnico. De allí su carencia de rasgos individualizadores.
Sobra decir que este rasgo es el que fundamentalmente diferencia a
este texto de los otros estudiados. Y no es gratuito que esta característica
aparezca en un autor maya, que responde a una cosmovisión en la
cual la noción de "comunidad" tiene jerarquía sobre
la de "individualidad." El texto literario, que siempre es definidor
de identidad, aparece aquí definiendo la identidad comunitaria por
encima de la individual.
Más específicamente, la voz narrativa articula el castellano
"de pueblo"; es decir, es el castellano hablado por los mayas
en la aldea el que juega el papel simbólico de articulador de una
identidad, y es a partir de éste que el texto se desenvuelve.
No es una voz que se pretenda hablar "en nombre de" la población
maya, sino una voz que habla junto con los mayas, que mezcla sus enunciaciones
con las enunciaciones de los habitantes de la aldea en una hibridización
sin límites:
- Toda la gente pensó que era porque querían las gallinas,
los pájaros, que porque el viento les había pasado dejando
el olorcito de la sangre. Pero no. Después se supo que no...Entonces
los chuchos se salieron de donde se habían escondido durante el
viento, caminaron para las puertas de calle, se sentaron y, mirando para
donde el sol se desbarranca, empezaron a hacer coro largamente como quien
se saca por la boca una pena con forma de lombriz solitaria.
La oralidad está siendo escenificada. La novela es una polifonía
de enunciados que articulan sentido sólo a partir de su contínua
dialogización que en ningún momento requieren de individuación,
de separación entre interlocutores.
Al principio, es extraño. A las pocas páginas, el lector
va rodando con el coro de enunciados, que le han usurpado a los personajes
el papel de protagonistas centrales del texto. Y el papel de la trama.
Porque también existe una ausencia visible de la trama. Como
no hay personajes, no hay tampoco acción que estos desencadenen,
crisis que lleve a una confrontación entre un protagonista y un
antagonista, etc. El movimiento del texto lo determina el flujo de los
enunciados.
La aparición del viento nos lleva a un baile desesperado del
pueblo, que lleva a un silencio igualmente intenso. Parece que la bruja
del pueblo se va en una carretilla, pero puede ser también la señora
Pancha que vivía por el cementerio (los dos primeros personajes
con rasgos que los separan de la masa). Después recomienza el baile
triste. Acaba, y vuelve la carretilla. Entonces se descubre que la carretilla
es la muerte, que viene a recoger a un moribundo, pero nunca se supo quién
era. Se entra (¿quién entra y por qué? nunca lo sabremos)
después a una casa, al cuarto donde están los santos.
Ese es el flujo de la narrativa. En ese instante, las voces se vuelven
a individualizar. La voz narrativa se refiere de "vos" a un interlocutor
ausente de la acción en dicha secuencia, y se individualiza a sí
mismo: "Que si de allí caminabas diez pasos hacia la izquierda
-diez pasos eran porque yo los conté muchas veces...".
El panorama se aclara ligeramente entonces. La voz narrativa parece
ser un personaje individualizado narrándole a un segundo personaje
-- a un narratario -- ausente de la narrativa. Pero, ¿narrando qué
y por qué?
"Y sólo entonces comprendías que si eras niño
debías dejar en la puerta de calle tus carritos de madera..."
El narrador abre una secuencia personal hacia una niñez que es evidente
que ya no posee; pero el juego textual se mantiene en la ambigüedad
de lo significado, sostenido tan sólo por las voces, el juego polifónico.
El ambiente mágico entonces cede su lugar al espacio erótico,
con la frase "La Virgen de Concepción era una puta." De
hecho, la anterior rompe el clima previamente criado y se inicia un descenso
hacia lo carnavalesco en que el narrador se va individualizando más
aún: "Yo no la conocí. Pero la recuerdo".
La Virgen de Concepción es una mujer prostituida. La polisemia
del nombre permite el juego de la ironía y la parodia, en el cual
entra de lleno el aspecto erótico. Sobre esto nos dice Ana María
Rodas:
- Y pasa a enumerar las virtudes de aquella mujer, a través de
las voces de quienes la probaron. Y son los hombres que la han tenido los
que aseguran que aquella mujer está llena de pájaros. Y son
ellos, o el protagonista, que ha logrado condensar las experiencias que
le han relatado, los que aseguran que al echarse sobre ella, ascendían
al cielo. Un cielo en la tierra, un cielo absolutamente carnal.
Esta es otra innovación de Luis de Lión. Tradicionalmente,
la narrativa guatemalteca se ha caracterizado por su falta de erotismo.
Aunque el fenómeno se puede asociar a los rasgos ideológicos
del catolicismo, la imagen dominante ha sido que los pueblos mayas, como
son pueblos de montaña, no son eróticos, a diferentes de
los pueblos de costa. Sin embargo, la primera novela maya escrita en castellano
es erótica (y machista).
El erotismo aparece vinculado a la Virgen de Concepción. Aquí
está entrando con fuerza el juego paródico que se burla de
ambas convenciones anteriormente mencionadas: de la represión sexual
del catolicismo, y de la imagen asexuada del maya de "tierra alta."
La transgresión de las fronteras tradicionales del espacio simbólico
guatemalteco van marcando el cronotopo xibalbiano. Asimismo, estas características
amarran un nuevo vínculo con la cultura popular guatemalteca, desconocida
para el mundo ladino: lo grotesco como elemento paródico amarrado
al humor.
Sin embargo, la ironía es contenida. La Virgen de Concepción
es una "puta honrada", "bajo la mirada de sus tatas."
Pero no olvidemos su nombre. La implicación de virgen/puta connota
un travestismo que invierte el simbolismo tradicional. Es una subversión
contra-hegemónica que coloca el mundo de cabeza mientras celebra
lo corporal.
La inversión se vuelve más explícita cuando la
virgen de la iglesia (la imagen real) es secuestrada y la imaginería
empleada establece la dualidad indio/ladino:
- Ahora yo digo que como es pájaro de indio no tenía por
qué avisarles a los indios de lo que iba a suceder a una ladina...le
importó poco que fuera la Virgen la que esa noche iba a ser secuestrada,
violada y tirada en el suelo. No era a tu mujer ni a tu hija ni a tu hermana
a quienes les iba a pasar eso.
Al respecto de esta dualidad en que se articula un nudo simbólico
pero en la cual sobresale la tensión indio/ladino, Sagrario Castellanos
nos dice lo siguiente:
- Las voces femeninas y la presencia misma de la mujer, se trazan...a
través de las relaciones dicotómicas y antagónicas
que confluyen en un universo simbólico...en cuyo vértice
reina la mujer...con el disfraz ritual de actante colectivo inmerso en
circunstancias como la concepción, la muerte, la virgen, la prostituta.
En cualquiera de estas categorías actanciales predomina la dicotomía
rivalizada de la indígena vs. la ladina. Esta dicotomía y
sus derivadas categorías actanciales se diluyen en una estructura
narrativa netamente ideológica que presupone el conflicto histórico...Dentro
de este contexto, la mujer resulta ser el eje alrededor del cual se precipitan
y yuxtaponen las rivalidades entre indígenas y ladinos. Asimismo,
la situación histórica de ambos grupos se define a partir
de dos bloques: lo cristiano y lo pagano, cuya materialización se
instala a través de imágenes femeninas.
El otro elemento típico del texto es el elemento cíclico.
Todo da vueltas, todo vuelve hacia sí. El texto comienza con el
viento, y termina con el viento: "Entonces, esa noche, primero fue
el viento..."
Es casi la misma línea del inicio de la novela, y que va a evocar
el principio de la narración, que va a desatar el flujo de la voz
narrativa. Es un proceso cíclico evocador de Finnegans Wake
que rompe con la linearidad temporal y establece una unión simbólica
con aspectos cosmológicos.
Tenemos un texto entonces con movimientos cíclicos, con cambios
de identidad a través de de la inversión simbólica
de los personajes, tenemos el movimiento de la narrativa firmemente controlada
por la voz narrativa que le imprime casi el único movimiento al
texto. La trama, como indicamos anteriormente, prácticamente no
existe. Su espacio ha sido usurpado por la voz narrativa, y por el papel
simbólico que adquiere la hibridización de las diferentes
voces del pueblo, su composición netamente polifónica que
articla un discurso contra-hegemónico.
Los juegos del tiempo y el espacio
Dante Liano es, según muchos críticos, el más
fino hilvanador del lenguaje, y el más sensible a las sutilezas
del mismo, de entre todos los narradores guatemaltecos contemporáneos.
Nacido en Chimaltenango en 1949, Dante Liano se especializó
en estudios literarios en Italia. Volviendo a Guatemala a mediados de los
años setenta, ejerció la docencia en la Universidad de San
Carlos hasta 1981, en que las circunstancias políticas del país
lo obligaron a refugiarse en el país de sus ancestros. Actualmente,
es profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Milán.
El lugar de su quietud se inicia de manera opuesta a El mundo
principia en Xibalbá. El incipit inicial dice:
- El abuelo estaba muerto, una tarde con el sol anaranjado. El carro
fúnebre era enorme, como una cueva. En el centro pusieron el féretro.
A los lados, dos bancas. Cuando había una curva, o baches en el
camino, Arsenio daba cabezazos contra las reglas de madera que formaban
la carrocería. "Cuándo vamos a llegar?". "Ya
mero, mijo". Todos de negro.
De entrada, pues, estamos ubicados desde la perspectiva de Arsenio.
La voz narrativa es una focalización interna fija narrada en tercera
persona, claramente definida.
El juego de El lugar de su quietud, sin embargo, no se va a
centrar en la voz narrativa. Su juego estará fundamentalmente en
la amplitud de las anacronías con las cuales se construyen las analepsis
con las cuales se arma la estructura del relato, combinado con el entretejer
de puntos de vista expresados a través de una sola voz narrativa:
la del joven Arsenio.
La primera parte de la novela, "Juegos de artificio", transcurre
toda durante el viaje de Chimaltenango hacia Guatemala con el ferétro
del abuelo Arsenio. Su nieto, llamado también Arsenio -- que es
entonces sólo un niño -- recuerda las historias que el abuelo
le contaba, y que tenían como eje la conspiración para asesinar
al dictador Manuel Estrada Cabrera (1898 - 1920).
De la muerte del abuelo -- relatada en el primer fragmento -- tenemos
una analepsis hasta España donde se nos describe la partida del
abuelo hacia Guatemala. Inmediatamente después, aparece una nueva
anacronía que nos sitúa en Chimaltenango, donde el abuelo
aparece en su silla con su nieto Arsenio, niño, sentado "a
sus pies como un animalito." En este fragmento se establece el juego
narrativo de la primera parte. El abuelo le cuenta las historias a Arsenio,
quien a su vez, las recordará, por medio de la ya mencionada focalización
interna, durante el viaje acompañando al féretro:
- Fue quizá, entonces, que (el abuelo) le contaba las historias.
Había una vieja iglesia en la cumbre del pueblo; un lisiado de guerra
la ciudaba; los niños que jugaban; el abuelo era un niño
y caía la nieve.
En el fragmento anterior, a su vez, se establecen tres espacios cronotópicos:
el mundo español del abuelo Arsenio a orillas del Duero cuando éste
era niño, el mundo de la capital antes de la primera guerra mundial
cuando el abuelo conspiraba contra Estrada Cabrera, y el mundo chimalteco
del nieto Arsenio cuando él era niño. Los tres mundos están
unificados por el espectro del terror político así como por
el vínculo carnal de ambos, acentuado simbólicamente por
compartir el mismo nombre. Prefiguran, a su vez, el terror y crisis de
identidad de la segunda parte.
El juego textual de la primera parte consiste en hilvanar las memorias
de los diferentes personajes por medio del juego de voces narrativas para
reconstruir un pasado que le explica su identidad al niño Arsenio
y que le dan pautas para sus futuras definiciones de identidad (que aparecerán
en la segunda parte). Esto sucede a partir del ejercicio de la memoria
porque, como dice el abuelo, "las palabras sirven para lo más
importante, para no olvidar," y porque, como pensará después
el propio Arsenio acodado en el puente sobre el Duero, "la palabra
es historia, pero palabra escrita."
No aparece aquí -- a diferencia de Luis de Lión, y de
Méndez Vides, como veremos posteriormente-- un lenguaje carnavalesco,
una discurso contra-hegemónico. La "quietud" del título
es emblemática del lenguaje discursivo que articula el texto. No
emergen voces desde la marginalidad que desplacen al discurso dominante,
sino que se construye el texto desde dentro de éste mismo. Sin embargo,
el flujo textual se contrapone a los rasgos socio-ideológicos del
discurso dominante precisamente en su manera de articular sentido por medio
del juego temporal. El rol de corroer el discurso oficial y de desarticular
sus implicaciones ideológicas no recae sobre el juego de las voces
ni sobre la fuerza de los enunciados. Por el contrario, el mismo recae
sobre el juego de las anacronías. Estas, a su vez, se imponen por
encima del desarrollo de la trama como vehículos para hacer avanzar
el movimiento (y el sentido) de la narración.
La segunda parte es narrada con la misma perspectiva focalizadora de
la primera, pero desde la conciencia del niño Arsenio ya adulto
y convertido en ingeniero, interactuando con don Benito Xocop, indígena
maya de San Andrés Itzapa.
Aparece entonces un nueva isotopía de lectura: la relación/contradicción
maya/ladino, elemento fundamental para articular la identidad guatemalteca,
que ya hemos examinado en el caso de Luis de Lión. Sólo que
a diferencia de este último, en El lugar de su quietud se
articula desde una perspectiva ladina y masculina que busca insertarse
en la conciencia indígena, y no como en el caso de El mundo principia
en Xibalbá donde desde una perspectiva indígena y femenina
se busca entrar en la conciencia ladina.
Arsenio trata de percibir el mundo maya a través de la conciencia
de don Benito mientras contempla las aguas del río desde el puente
en Quezada, España. Don Benito fue capturado y asesinado por los
kaibiles, fuerzas especiales del ejército guatemalteco. El
nombre, sin embargo, proviene del Popol-Vuh, libro sagrado de la
población maya-quiché.
Mientras que Luis de Lión señala cómo los habitantes
de la aldea desconocen el Popol Vuh, Arsenio -- profesional liberal,
intelectual -- recrea en su cabeza el fin de don Benito según el
rito del sacrificio vivido por los niños magos Hunahpú e
Ixbalanqué cuando fueron convocados a las tierras de Xibalbá
(el bajo mundo, tradicionalmente asociado al infierno católico,
el sitio donde comienza el mundo para Luis de Lión) por los dioses
del mal, de acuerdo al mismo Popol-Vuh. La conciencia de Arsenio
precisa de este juego simbólico para poder ubicarse desde la perspectiva
de don Benito y obtener acceso a su visión del mundo. Es un mecanismo
intelectual, pero es el único que le posibilita a Arsenio -- de
sangre y orígenes españoles -- asimilar la brutalidad de
la violencia vivida por los guatemaltecos cuyo impacto emocional lo paraliza
y lo sumerge en la melancolía:
- Trata de revivir lo que vivió el abuelo de su nombre, pero no
pasa a nada, ni siquiera algo parecido a lo que él siente cuando
piensa en San Andrés.
Don Benito es enterrado al final de la segunda sección, como
antes lo había sido el abuelo Arsenio, "y fue la cosa más
triste del mundo." Meditando sobre la continuidad de los entierros
(enmedio aparece también el entierro de Margarita) desde la lejanía
de Quezada, Arsenio unifica la historia de su abuelo con la de don Benito
en una síntesis final:
- Entonces, recordó Arsenio mientras atravesaba el puente, adquirió
conciencia de ser, de tener los pies en una tierra que era la suya, a dolor
ganada, ganado él por ella. Por puro dolor....Del río venía
una brisa mojada. Arsenio la sintió en el rostro, e imaginó
que, quizás, era la misma brisa que había sentido, hacía
tantos años, su abuelo, cruzando el puente por última vez,
cuando partió hacia América.
La reflexión final de Arsenio, entonces, resuelve la oposición
isotópica de la segunda parte. A su vez, engloba en una unidad al
conjunto del texto. La totalidad textual aparece al final como una gran
analepsis interna heterodiegética completiva que engloba ambas partes.
Es ese hecho, así como el juego focalizador que centraliza el punto
de vista narrativo en Arsenio nieto, pero que proyecta a través
de su conciencia el discurso indirecto de don Benito y del abuelo Arsenio,
anudadas a la voz del primero, lo que le da coherencia y balance al conjunto.
Los rasgos de identidad que el texto engendra, sin embargo, contrastan
tanto con la de El mundo principia en Xibalbá como con Las
catacumbas, como veremos más adelante: mantienen su eje en la
tristeza, la nostalgia, la melancolía, la sobriedad, la parálisis
ante la magnitud de los eventos históricos y la quietud espiritual.
Todo esto, precisamente porque el texto es articulado lingüísticamente
desde el centro del discurso dominante, y no desde su periferia. De allí
que no observemos rasgos carnavalescos: juego erótico, celebración
de lo grotesco, valorización de lo grotesco y de lo vulgar, etc.
como observamos en los otros textos estudiados. Sin embargo, lo anterior
no indica una correspondencia ideológica con el discurso dominante.
El juego temporal, la arquitectura de las anacronías a las cuales
ya hemos aludido anteriormente, sustituyen a la polifonía de enunciados
como vehículos de desestructuración ideológica. Tenemos
aquí un intento por corroer el discurso dominante "desde dentro",
en vez de intentar tomarlo por asalto desde fuera. Su objetivo, sin embargo,
sigue siendo el mismo que el de los otros dos textos: hacer girar la narrativa
guatemalteca en una dirección diferente, contra-hegemónica,
a la del discurso oficial, que valore los sectores populares de la sociedad
y los convierta en sujetos hablantes, en sujetos centrales de la historia
por medio de su articulación textual.
Como indicamos en las reflexiones en torno a Bajtín, aquí
tenemos la otra cara de esa misma moneda carnavalesca: la puntada sutil
en contra del sistema jerárquico que copia el tono formal de un
tipo discursivo y genera una implosión desde su mismo centro.
La hibridización de lo grotesco y lo erótico
Méndez Vides comienza a evidenciarse como uno de los más
prolijos y talentosos de los nuevos narradores que comienzan a darse a
conocer en la década de los ochenta. Nació en Antigua Guatemala
en 1956. Ha publicado dos libros de poesía, Fiesta (1977)
y Tratado de la desesperación (1984), así como un
libro de cuentos, Escritores famosos y otros desgraciados (1979).
Su primera novela publicada tene el mérito de haber ganado el Premio
Latinoamericano de Novela "Nueva Nicaragua" en 1986.
Las catacumbas también comienza con una focalización
interna fija. Sólo que en este texto, a diferencia del de Dante
Liano, la misma se expresa en la primera persona:
- -Es una vulgar artista de barra-, me dijo al oído Graciela.
- Sentí su respiración en el cuello, húmeda, a temperatura
del clima de Mazatenango; idéntico a cuando alguien se adelanta
sobre el sillón de enfrente en el autobús para cerrar o abrir
una ventanilla, para parar el aire o porque se va a vomitar...
Sin embargo, en Las catacumbas no tenemos los juegos de analepsis
que marcaban El lugar de su quietud. Aquí, el relato va a
ser temporalmente contínuo, situado prácticamente en un sólo
espacio cronotópico: el centro de Mazatenango y, mas específicamente,
el bar "Las Catacumbas", cuyo solo nombre evoca múltiples
posibilidades de lectura. A diferencia del texto de Liano, el de Méndez
Vides casi no tiene amplitud temporal; no busca la persecución de
hechos que se suceden --y adquieren sentido-- en el tiempo. Por el contrario.
Niega el movimiento temporal precisamente para destruir el aspecto de serenidad
que las anacronías permiten al primero (aunque incorpora algunas
anacronías para redondear el origen de los personajes). Así,
consigue crear un clima sudoroso y claustrofóbico que encierra y
aprisiona a sus personajes para construir el sentido textual.
El narrador, un cantante, se encuentra haciendo una gira por el interior
del país con Graciela, bailarina que fue contratada "por ese
meneadito." Los administra Pedro José, quien a su vez enamora
a la Sirena, la estrella del show. La mayor parte de la acción transcurre
en un fin de semana en la ciudad costera de Mazatenango y sus alrededores,
antes de "continuar hacia Occidente, a tierra fría." El
narrador anda involucrado amorosamente con Graciela, pero busca acostarse
con otra mujer. Sin embargo, Graciela lo obsesiona, y va evocando los diferentes
pasos que ha dado con ella desde que salieron de la terminal de buses,
mezclando tiempo y episodios como en una anudada banda de Moebius. Pedro
José aconseja al narrador sobre el arte de la seducción y
del aprecio por la mujeres, mientras intenta él mismo seducir a
la Sirena. El relato se reduce a la aparente simpleza de esos eventos.
En realidad es el conjunto de discursos de estos personajes, y fundamentalmente
el de los personajes masculinos, el que protagoniza el texto.
A pesar de que los protagonistas son marginales semi-lumpen y groseramente
machistas, por medio de los mismos el texto establece una identidad con
ciertos rasgos de la cultura popular que se constituye de hecho como un
discurso contra-hegemónico porque disuelve toda enunciación
que aspira a ordenar, a imponer, a unificar desde el control y la perspectiva
del lenguaje dominante. El contacto establecido a nivel discursivo le posibilita
establecer lazos de identidad con los sectores populares, y a partir del
mismo se relativiza toda posibilidad de aceptación de lo que sería
el discurso oficial. La ausencia de este último del texto implica
a su vez su debilitamiento, su pérdida de credibilidad, su falta
de seriedad:
- Se metió los dedos en el enredo del pelo, se corrió el
sudor, hizo el esfuerzo de encogerse para olfatearse los pies y le apestaban.
Se sintió asquerosa. El bigote invisible guardaba las gotas. "El
clima me va a reventar en la cabeza," pensó. Se dejó
caer en la silla con las piernas abiertas, abaniqueándose con la
falda, imaginando que pudiera tratarse de ella misma sentada en un bar.
- -El aire acondicionado te lo debo...-dijo.
El texto es un ejemplo brillante de cómo el concepto bajtiniano
de lo carnavalesco opera dentro de un contexto translingüístico
más amplio, transgrediendo los límites establecidos por la
cultura que está siendo subvertida desde dentro. La energía
del lenguaje es desestructuradora del "habla oficial", del "habla
culta", ubicando el lenguaje (y el mundo) marginal en el centro de
la cultura y del lenguaje enunciado.
El lenguaje enunciado se convierte en un juego lúdico que mina
las normas convencionales de la sociedad y va articulando una cosmovisión
alternativa:
- ...se cambiaban la ropa y no eran idénticas, les cambiaba la
personalidad, se morían de la risa diferente, mirando para otro
lado, como ocultando cholqueras, tapándose a cada rato el tamaño
de las orejas y los lunares carnosos en el cuello. Pedro José me
lo había dicho desde siempre, que no se sentía igual si uno
no era capaz de mirarlas caérseles los arroces de la boca, cuando
se carcajeaban comiendo, sin conservarles el aprecio.
El juego lúdico va entonces posibilitando rasgos de libertad
que rompen con las reglas y restricciones convencionales. Lo que la sociedad
guatemalteca dominante consideraría como "escandaloso"
o bien como "de bajos fondos", "vulgar", etc. se impone
en un explosivo acto de liberación de la otredad. La corporalidad
aparece como una fuerza corrosiva positiva y la risa obtiene una victoria
simbólica sobre la pesadez de un mundo dominado por la muerte, la
nostalgia y la tristeza.
El elemento paródico se burla fundamentalmente de las convenciones
rígidas de la sociedad, al imitarlas grotescamente desde la perspectiva
de "los de abajo". Como un único ejemplo de esta característica
que atravieza la globalidad del texto de diversas maneras, veamos el siguiente
ejemplo en torno a la manera de vestirse:
- ...La estrella...Si se pavoneaba por la calle debía ser para
que todos se fijaran, la estuvieran chuleando, voltearan a verla, de otra
manera mejor se disfrazaba de cualquier mujer, para andar por allí
sin ser vista, con la piel de oveja encima sólo para disimular.
- No hizo falta ni un segundo para que todos le hubieran echado color
a Pedro José...al mirarlo entrar con su tacuche blanco, el mismo
de todas esas funciones, porque bien parecía que ninguno de nosotros
tenía algo más qué ponerse: Graciela con su clásico
pantalón negro, Pedro José de blanco, la cucaracha con el
sombrero de petate y sus faldas de puros pijazos, y yo mismo con una camisa
típica modernizada, con las mangas de la camisa y el cuello con
los colores de Sololá...
La hostilidad de la voz narrativa en lo que a la ropa concierne no
tiene como objetivo su propio grupo (aunque sí existe un elemento
de auto-burla, de auto-ironía), sino las convenciones sobre el vestir
que rigidizan la vida de los sectores dominantes, y que constituyen un
universo referencial para el conjunto de la sociedad.
Este rasgo, representado aquí con un ejemplo único, se
convierte en uno de los elementos desectructurantes de la identidad tradicional.
A diferencia de los otros textos estudiados, Las catacumbas
no crea --por lo menos de manera explícita-- opciones alternativas.
Se conforma con destruir con la acidez de la ironía cargada de la
celebración de lo grotesco, se conforma con "matar de la risa"
la visión del mundo tradicional, y celebrar la liberación
corporal, el mundo de los instintos, enmedio de la pobreza material.
"Las catacumbas" del título (eco de una práctica
prohibida, perseguida, satanizada, clandestina) evoca el "Xibalbá"
de Luis de Lión, sexo ardiente y sudoroso, pasión desenfranda
incontrolada, que contrasta dialécticamente con "el lugar de
su qiuetud" donde se reposa la sangre, según la cita del Chilam
Balam: "toda sangre llega al lugar de su quietud", y que aparece
como epígrafe en la novela de Liano. Al "lugar de su quietud"
llega la sangre que corre porque emerge de ese "Xibalbá",
de esas "catacumbas" empapadas de pasión y deseo y afirmación
de lo vivencial y de lo carnal. Su entrecruzamiento, su oposición,
es emblemática de la desesperación por redefinir la identidad
del ser guatemalteco por y a través del lenguaje, por y a través
de la textualidad, tanto antes como después de las masacres que
hicieron correr la sangre real de más de 30,000 guatemaltecos entre
1980 y 1984, que desplazaron a más de un millón de ciudadanos
de su lugar de origen, y que eliminaron del mapa más de 450 aldeas
mayas en ese mismo período.
Rasgos de la nueva narrativa guatemalteca
El estudio de estas novelas, publicadas todas en los años ochenta
(a pesar de que una de ellas fue escrita 10 años antes) nos permite
llegar a algunas conclusiones preliminares en torno al desarrollo de la
narrativa guatemalteca.
De hecho, existe una barrera temporal, conceptual y lingüística
entre la narrativa que culmina con Asturias, y la narrativa que empieza
a generarse a partir de la década de los setenta y que se convierte
en un flujo de voces narrativas a partir de los ochenta.
Esta narrativa se emparenta más con la narrativa centroamericana
que comienza a emerger hacia fines de los años sesenta con textos
tales como Cenizas de Izalco de la salvadoreña Claribel Alegría
y Darwin Flakoll (1963), Los juegos furtivos del costarricense Alfonso
Chase (1967) y Trágame tierra del nicaragüense Lizandro
Chávez Alfaro (1969).
En otro trabajo caracterizamos esta narrativa como textos literarios
que creaban una realidad lingüística, lo cual implicaba una
articulación producción/reproducción de ideologemas.
La escritura se convertía en una práctica que "trabajaba"
la ideología, pero sin confundir la literariedad con el discurso
socio-histórico.
Al igual que con sus congéneres centroamericanas, la nueva narrativa
guatemalteca no significa un cambio de "temas discursivos" sino,
esencialmente, una evolución en el plano discursivo.
Entre las características fundamentales que distinguen a la
nueva narrativa guatemalteca encontramos las siguientes:
- 1.- Brevedad del relato, aún dentro de las normas convencionales
de la forma novelesca.
- 2.- Emergencia de lo erótico.
- 3.- Aparición conciente de las voces discursivas como protagonistas
centrales del texto, por encima de los personajes o la trama, rompiendo
así de manera explícita y directa con la tradición
realista.
- 4.- Documentación conciente de una multiplicidad de voces discursivas
que tradicionalmente eran consideradas marginales y rara vez habían
protagonizado textos en períodos anteriores.
- 5.- Desaparición o reducción de la trama a su más
mínima expresión.
- 6.- Emergencia de lo lúdico y ruptura -- por medio de éste
- - con los tabúes convencionales de una sociedad singularmente
moralista y reprimida sexualmente.
- 7.- Asomos de una narrativa indígena maya, cuya principal característica
parecería ser la voz desindividualizada, la voz que habla en nombre
de una colectividad, de una comunidad.
- 8.- Novelas abiertas, carentes de forma, cuya estrutura está
compuesta fundamentalmente de una multiplicidad de fragmentos.
- 9.- Ausencia de un metadiscurso.
Pensamos que al articular estas características con la realidad
histórica vivida por el país durante los años de su
producción textual podemos hacer la siguiente observación:
las nuevas tendencias de la narrativa guatemalteca de hecho se articulan
con otros procesos simbólicos extra-literarios de búsqueda
de reestructuración del sentido y de redefinición de la identidad
del guatemalteco -- así como de los límites y contradicciones
téoricas e ideológicas del mismo --, tanto en el ámbito
maya como en el ladino. Todo esto es parte de un proceso de descomposición
social a nivel nacional, y de diferentes intentos por rearticular un espacio
ideológico-integrativo que incorpore a los diferentes sectores sociales
dentro de una visión nueva de Estado.
Al hablar de identidad, estamos hablando del espacio de la subjetividad
y de las formas de conciencia. Como nos recuerda Jesús García
Ruiz, uno de los interrogantes fundamentales que las ciencias sociales
aún no han resuelto es, por una parte, la necesidad de explicar
los mecanismos por medio de los cuales surgen los sistemas de ideas, de
representaciones o de creencias, y por la otra, explicar la "eficacia"
de dichos sistemas; es decir, su compatibilidad con las realidades sociales.
La respuesta a estas interrogantes tiene que tomar en cuenta la subjetividad,
tanto individual como social. Es en este nebuloso espacio que emerge la
"ilusión", la imaginación y las producciones intelectuales
(representaciones, creencias, etc.) que conforman los sistemas simbólicos
y las estrategias cognitivas. Dicho así, se establecen puentes entre
sistemas simbólicos y formas de identidad.
La identidad está definida como posición en relación
a una geografía, a un espacio social y ecológico particular.
Afirmar la identidad, como nos recuerda Saúl Yurkievich, implica
destacar la diferencia. Esto liga al fenómeno de la identidad con
el de la espacialidad.
Los sistemas de representaciones simbólicos que conforman las
culturas son los resultantes de modos específicos de apropiarse
la naturaleza y de ubicarse en ella y relacionarse con ella. Los códigos
mentales se desprenden de estos sistemas simbólicos. De ello mismo
se desprende un lenguaje, y en el acto de nombrar las cosas y el entorno,
se implica una relación particular con el medio en cuestión.
Nombrar es introducir sentido y es también introducir orden, un
cierto tipo de orden social del cual se desprenden los valores intrínsecos
que van a regir una comunidad en particular. El poder simbólico
implica un poder de construcción de la realidad que tiende a establecer
un cierto tipo de orden. Los símbolos hacen posible el consenso
sobre el sentido del mundo y promueven la integración social.
Al ir profundizando tanto nuestro estudio sobre la multiplicidad de
posibilidades que el sistema bajtiniano genera, junto con el de la nueva
narrativa guatemalteca, podremos comprender mejor cómo se vivió
en el espacio simbólico el conjunto de transformaciones sociales
que llevaron al período de las masacres, y cómo se viene
reformulando un espacio ideológico-integrativo -- tanto desde la
dominación como desde las posiciones contra-hegemónicas --
para reconstituir una cosmovisión a partir de dicha experiencia.