Capítulo Cinco
LUIS CARDOZA Y ARAGON: EL CONTEXTO DE
GUATEMALA, LAS LINEAS DE SU MANO
Hace cerca de veinte años, el crítico francés
Noel Salomon había indicado -- en la intervención que tuviera
en un coloquio sobre sociología de la literatura latinoamericana --,
cómo el proceso mismo de la historia cultural latinoamericana había,
desde la época independentista por lo menos, comenzado a crear géneros
que no habían sido reconcidos como tales. Según Salomon, los
géneros europeos habían sido transportados hacia América
con todo su aparato conceptual, pero en su práctica literaria, estos
géneros importados se habían revelado como formas que no podían
adaptarse al contenido latinoamericano.
Entre sus ejemplos, mencionaba la poesía de la independencia.
Si bien la independencia representaba una ruptura histórica, se seguía
escribiendo según los modelos neoclásicos. Asimismo, El periquillo
sarniento retomaba el molde tradicional de la novela picaresca, al mismo
tiempo que proponía un contenido ideológicamente diferente.
Por lo demás, a todo lo largo del siglo XIX aparecieron géneros
nuevos, no europeos. Buen ejemplo de esto sería el Facundo de
Sarmiento. Sarmiento mismo define su libro como un "libro sin pies ni cabeza,"
hecho que no tiene sentido, nos recuerda Salomon, más que en relación
con los modelos europeos. En efecto, de adoptarse las categorías tradicionales,
Facundo sería a la vez un tratado geográfico, un análisis
sociológico, un panfleto político, un trozo de un cuento, artículos
de costumbres, secuencias de novela, etc. En pocas palabras, no entraría
en ninguna categoría de los géneros europeos tradicionales.
Surge por la fuerza misma del momento que se vive en el continente americano,
como una especie de erupción volcánica de un contenido. Otro
ejemplo de lo mismo sería Ricardo Palma, quien instituye la "tradición,"
género que es a la vez "mano de historia" como él mismo lo define,
y cuento.
Si abordo aquí el problema de los géneros es
precisamente porque, a mi modo de ver, es un problema que va a plantear la
obra de Luis Cardoza y Aragón por medio de Guatemala, las líneas
de su mano. Como lo indica la crítica guatemalteca Lucrecia Méndez
de Penedo, en esta obra existe un juego de oposiciones en el cual el elemento
"ensayo" se opone al elemento "poesía," surgiendo de dicha oposición
una síntesis cuyo fruto será, precisamente, la obra. Si para
llegar a decir esto sentimos la necesidad de situarlo en el marco de las aseveraciones
de Salomon es porque, a nuestro parecer, el género no es una entidad
exclusivamente formal; es, más bien, sociohistórica. Por extensión,
las transformaciones de los géneros deben estudiarse en relación
con las transformaciones en la conceptualización del mundo y en los
procesos de reimaginar el elemento social. En el caso preciso que nos concierne,
todas las particularidades de Guatemala, las líneas de su mano
están condicionadas por el momento de ruptura que se vive en la historia
del país en el período en el cual el autor conceptualiza y redacta
su texto.
Cabría quizá, antes de continuar, interrogarnos
sobre una pregunta básica: ¿Qué es un género?
Sin pretender dogmatizar al respecto -- ni extendernos demasiado por no ser
el tema central de este trabajo -- , podríamos decir que una entidad
artística se relaciona con la realidad al establecer una relación
con los auditores uy receptores que implica una conceptualización específica
del mundo, una manera particular de visualizar la realidad. Son las particularidades
de esta orientación las que determinan el tipo de entidad que es, o
sea, su género. Partiendo de aquí, el género se vuelve
un sistema modelizante, que propone una especie de simulacro del mundo. Cada
género posee sus métodos, sus medios de ver y comprender la
realidad, y esos métodos lo caracterizan de manera exclusiva. Así,
el artista debe aprender a observar la realidad a través de los ojos
del género en el cual trabaja.
Pero es en este punto precisamente, que volvemos al inicio
de este ensayo. Sucedió que la gran mayoría de escritores latinoamericanos
empezaron a observar la realidad a través de los géneros que
correspondían a la visión del mundo europeo, y a percibir instintivamente
que los mismos no satisfacían sus necesidades creativas. Sin embargo,
al depender los países latinoamericanos de centros con un grado de
desarrollo económico, tecnológico y militar superior al de los
países del área, se abrían a la vez a una penetración
de orden cultural que imponía modas "desde afuera" y obligaba al artista
latinoamericano a observar su propia realidad a través de los ojos
de los centros hegemónicos de decisión cultural: París,
Nueva York, Barcelona. Visto en este contexto, el problema ya no es obtener
el reconocimiento de géneros puramente americanos, sino aprender a
observar su propia realidad directamente, sin pasar por el filtro ideológico
de los centros hegemónicos de decisión cultural. A nuestro modo
de ver, es en esto último que Luis Cardoza y Aragón representa
un hito en la historia cultural de Centroamérica, hasta el punto de
que casi podríamos hablar de la producción cultural centroamericana
como dividida en un antes y un después de Guatemala, las líneas
de su mano.
¿Cómo llegó allí Luis Cardoza
y Aragón? Quizás habría que comenzar por situarlo, de
manera general, dentro del contexto de los sectores medios de la formación
social guatemalteca.
Estos últimos comienzan a desarrollarse a partir de
la reforma liberal de 1871, época en que los cambios de infraestructura
que generó la aparición del café como cultivo principal
de exportación, impulsaron la hegemonía de la ciudad sobre el
campo. En este proceso, el liberalismo cometió un error típico
de la dependencia. Se le impuso a la sociedad guatemalteca una doctrina desarrollada
en Europa, sin tomar en cuenta que la estructura economica era muy diferente
en la Guatemala de ese entonces.
Se creó así una pequeña infraestructura
que permitió el desarrollo de sectores medios en un ámbito urbano.
Pero conforme al sistema de producción cafetalero, las funciones de
dicho sector dentro de la sociedad global eran mínimas, y la movilidad
social imposible. Esta misma contradicción hizo que el país
preparara a más personas de las que podía emplear. Todas estas
personas, situadas en los sectores medios, comenzaron a formular exigencias
que el estado, tal como se había constituido, era incapaz de satisfacer.
Por lo mismo, para mantener en pie su propia estructura, los sectores dominantes
se vieron obligados a mantener gobiernos fuertes y represivos. El tener más
personas capacitadas para tareas intermedias de las que podía emplear,
sembró permanentemente el descontento entre quienes no encontraban
inserción en los medios de poder, y que no podían capitalizar
de otra manera. La solución fue el gobierno dictatorial al servicio
del sector agroexportador.
Es en este medio que surge Luis Cardoza y Aragón.
Nació y vivió toda su infancia y adolescencia bajo la férrea
dictadura de Estrada Cabrera (1898-1920). Vio de niño cómo su
padre, ilustre profesional, era perseguido, humillado y apresado por los esbirros
del dictador. El medio mismo fue fomentando los rasgos esenciales del futuro
artista: la obligación, sentida y resentida por todos los sectores
medios de tener una responsabilidad esencial para con su sociedad. Es interesante
hacer notar aquí que su contemporáneo Miguel Angel Asturias,
así como su antecesor Rafael Arévalo Martínez -- trío
que maduró a la sombra de la dictadura cabrerista -- desarrollaron
igualmente este sentido de compromiso y de patriotismo, aún cuando
no compartieran ideologías ni partidos.
Luis Cardoza y Aragón, asfixiado por el medio rancio
de la dictadura, salió de su país muy joven, iniciando un camino
conocido por muchos productores culturales latinoamericanos de este siglo:
el viaje hacia los centros hegemónicos de decisión cultural,
el desarraigo, la búsqueda de su propio ser, el encuentro de sus raíces,
el reencuentro consigo mismo, la vuelta al suelo americano con una maduraez
estética y política. Y, una vez de vuelta, la incomprensión
por parte de aquellos colegas que, incluso propugnando ideologías de
izquierda, continuaban imitando ciegamente y de mala manera los modelos venidos
del exterior, fueran estos vanguardistas o realistas socialistas.
Luis Cardoza y Aragón vivía en México
cuando llegó la emigración española republicana. Uno
de estos recién llegados era José Gaos. Este ilustre maestro
se dedicó a preparar toda una generación de pensadores que se
aproximaran al problema de lo que era el mexicano, el latinoamericano. No
queremos decir con esto que Luis Cardoza haya sido discípulo de José
Gaos. Más bien, debido a la influencia de éste último,
se fue creando en el ámbito cultural una especie de atmósfera
faborable a tal tipo de indagaciones, afianzando la vieja preocupación
por la cultura y el ser americano. Por medios directos o indirectos, la semilla
de estas inquietudes y la necesidad de traducirlas en una experiencia literaria,
estaba sembrada, y habría de germinar años más tarde
en Guatemala, las líneas de su mano. Pero para que pudiera llegarse
a este momento, Luis Cardoza tendría qué vivir otro momento
decisivo de su vida: la revolución democrática de 1944 y el
reencuentro físico con su patria.
El reencuentro con Guatemala y la reinserción en su
medio cultural fue extremadamente difícil, dada la situación
concreta del contexto ideológico-cultural que se vivía en la
Guatemala de aquella época, amurallada del mundo por la dictadura oscurantista
del general Jorge Ubico (1930-1944). No olvidemos que en las formaciones sociales
dependientes, los intelectuales son los receptores de las ideologías
producidas en el exterior, aún cuando las transformen y adapten a las
condiciones reales de su respectiva formación social. Pero, conjugado
con el anterior factor, existía el de la pobreza misma de una vida
cultural, de una vida intelectual en un medio tremendamente reducido y que
había permanecido al margen de los grandes hechos de este siglo. Para
documentar esto último, bastaría citar a otro notable guatemalteco,
Manuel Galich, quien nos recuerda que en 1945 el grupo de estudiantes que
dirigía el Frente Popular Libertador -- agrupación que contribuyó
decisivamente al derrocamiento del dictaro en octubre de 1944 -- constituía,
de hecho, la vanguardia intelectual del país. Sin embargo, ninguno
de sus integrantes sabía lo que quería decir la palabra imperialismo.
Asimismo, Carlos Illescas menciona que ninguno de los de
aquella generación, en el ámbito artístico, tenía
una preparación universitaria, ya que la única humanidad
que existía en la universidad ubiquista era Derecho. No existía
contacto alguno con la producción cultural extranjera de la época.
Tampoco se manejaba, por los mismos motivos, ninguna corriente filosófica
fuera del irracionalismo de Unamuno, algunas de cuyas ideas aparecían
en una revista llamada Cinco centavos de axiología. A nivel
público, no se tenía acceso a ningún pensador fuera de
algunos ultraderechistas españoles que fueron invitados al país,
entre los cuales se contaban Recaséns Sitges, Angel Arín Ormazábal
y Caballero, este último cruzado de Ortega y Gasset. De marxismo
no se conocía nada fuera de un artículo publicado en El Imparcial
por Marco Antonio Ramírez titulado "Los místicos de la economía,"
que hacía referencia a Marx por primera vez, únicamente en el
plano económico y de manera muy indirecta. De hecho, según recuerda
Illescas, tanto la llamada Generación del 40 entre los cuales
se cuentan él y Augusto Monterroso como sus más destacados exponentes,
así como la gente inmediatamente más joven, conocieron el marxismo
después de 1945, cuando algunos cuadros del Partido Comunista Salvadoreño
tales como Matilde Elena López, Virgilio Guerra, Miguel Mármol
y otros, fundaron la escuela Claridad.
Dados los referidos antecedentes, el romántico fervor
revolucionario que se vivía en la época y la coyuntura internacional
de la segunda mitad de la década de los cuarenta, no es extraño
que la actitud de los jóvenes creadores guatemaltecos hacia Luis Cardoza
-- con las obvias y notables excepciones -- oscilara entre la ignorancia de
quien era, hasta la de un rechazo abierto de su persona por "no ser suficientemente
izquierdista," "aburguesado" o bien "desconocer la realidad nacional por vivir
fuera del país." Esto último se dio, paradójicamente,
con los productores culturales que en ese momento buscaban situarse más
a la izquierda en el espectro político guatemalteco, y que se reunieron
en el Grupo Saker-Ti. Por entonces muy jóvenes, eran en mayoría
miembros o futuros miembros del Partido Comunista de Guatemala, que años
más tarde cambió su nombre por el de Partido Guatemalteco del
Trabajo (PGT). Como se ha señalado muchas veces, la mayor parte de
los militantes de este nuevo partido provenían de sectores medios urbanos;
varios de ellos eran estudiantes que habían abandonado sus estudios
en 1944 para dedicarse a las tareas políticas. Ese era el caso del
grupo de jóvenes escritores y artistas, quienes carecían de
una formación tanto académica como política, en su mayoría,
pero que estaban empapados de grandes ansias de cambiar el país, y
de situarse dentro de las corrientes política y culturalmente más
avanzadas. Sin embargo, por grande que fuera su abnegación y voluntad
de lucha, su falta de formación, combinada con el aislamiento de las
masas trabajadoras y con la composición eminentemente pequeñoburguesa
de la dirección del partido, los dejaba expuestos a muchos errores
y debilidades, siendo central la polémica entre las posiciones de Saker-Ti
y las defendidas por Luis Cardoza y Aragón.
De hecho era una falsa polémica, ya que el grupo estaba
de acuerdo con Luis Cardoza cuando éste declarara en la famosa mesa
redonda sobre El artista y los problemas de nuestro tiempo celebrada
en Ciudad Guatemala en 1950, que "el arte es una espada flamígera.
Y no un cortapapel para hacernos una cultura libresca, inútil estéril,
sin comunión con los hombres. Nuestra obra no puede tener fuerza, encerrar
contenido humano general, encerrar algo de nuestro pueblo, de nuestra tierra,
de nuestro tiempo, si no vivimos con honda y clara pasión, con el pueblo,
con nuestra tierra, con nuestro tiempo." Sin embargo, Saker-Ti discrepaba
con Luis Cardoza en cuanto a la forma, acusándolo de surrealista.
La posición oficial de Saker-Ti era "por un arte nacional, democrático
y realista":
-
Un arte nacional que recoja las mejores tradiciones
artísticas del pueblo y las características nacionales que
desarrollen la conciencia de "lo guatemalteco."
-
Un arte democrático, porque va dirigido a
las grandes mayorías del país, a las que ayude en su lucha
contra la opresión y la miseria y en su liberación.
-
Un arte realista, porque es un producto del reflejo
y representación de la vida del pueblo...en forma verídica,
concreta y crítica.
-
Verídica porque pretendemos trasladar la vida
real en forma fiel, con el mayor apego a la naturaleza viva.
-
Concreta porque trabaja con materiales presentes
de una hora histórica determinada, de hechos vividos y sentidos por
el pueblo y nosotros.
-
Crítica porque no es la representación
mecánica de la vida, sino que la vida analizada en su cambiante proceso,
en marcha progresiva y en sus aspectos positivos y negativos.
En función de lo anterior, Saker-Ti llamaba
a trabajar con un "nuevo realismo" que "exige la representación verídica
e históricamente concreta de la realidad en su desarrollo revolucionario"
y que por tanto imponía condiciones al creador tales como "ir a las
masas," "utilización del lenguaje popular," etc. En pocas palabras,
era una especie de ensalada guatemalteca del realismo socialista tal y como
lo proponía Zhdanov, mezclado con algunas ideas maoístas a ese
respecto (en aquel momento todavía se vivía la efervescencia
del reciente triunfo de la revolución china, y no se había producido
la ruptura sino-soviética).
Según Luis Cardoza, el sentimiento detrás de
estas ideas era bueno, pero él difería de sus posiciones en
el sentido de que si bien él creía en la necesidad de comprometerse
políticamente y de escribir sobre la realidad guatemalteca, defendía
también las expresiones que nacen de la imaginación, de la sensualidad
y de la sensibilidad, intuyendo en las ideas anteriores un purismo dogmático
que podía llevar a la impotencia, como de hecho sucedió con
la gran mayoría de jóvenes creadores que pertenecieron a Saker-Ti.
La falta de comprensión que encontrara Luis Cardoza
en su propio país y en las mismas filas de la izquierda guatemalteca
de aquel entonces, causó que se le fuera marginando gradualmente del
proceso político nacional. Durante el gobierno del presidente Jacobo
Arbenz no se le dio nunca trabajo. A pesar de haber visto con simpatía
el nacimiento del PGT, no encontraba en él su lugar y se le reprochaba
su falta de militancia. Su soledad, política yestética, era
creciente.
Finalmente, optó por alejarse de Guatemala y volver
a México. Pero, desde México y por su cuenta, trabajar para
Guatemala. Este trabajo podría desdoblarse en dos áreas: el
trabajo puramente político, colaborando con el embajador de Guatemala
en México -- representante del presidente Arbenz --, en defensa de
la soberanía guatemalteca, y en el trabajo estético. Su ambición
se tornó entonces en crear una obra que fuera "por un arte nacional,
democrático y realista," pero siendo leal a sus convicciones políticas,
intelectuales y artísticas. Una obra que le explicara al mundo "lo
guatemalteco" sin regimentar la creatividad; por el contrario, dándole
rienda suelta: "el arte se crea con todas las entrañas, con luces,
fangos, sudor y lucidez."
Hermann Belinghausen cita dos frases que Cardoza escirbió
en su posterior libro Dibujos de ciego pero que parecen informar el
génesis de su obra cumbre. Los aforismos de Cardoza dicen: "para escribir
libremente debes principiar por ser libre, no por el anhelo de escribir libremente"
y "no te inquieta el misterio de lo irreal, sino el tremendo misterio de lo
real." Estos aforismos están en la base de su ambición de crear
un libro que interprete una realidad nacional rechazando las fórmulas
y géneros preconcebidos, fruto de reflexiones personales, sin pretender
solucionar los grandes problemas nacionales ni presentar programas de acción.
Sencillamente, mostrando la manera en que el autor imagina el país,
enfatizando lo personal y lo concreto. Es así como surge Guatemala,
las líneas de su mano, escrito a lo largo de esos primeros años
de la década de los cincuenta, publicado en gran parte en los suplementos
culturales de Novedades de México, y concluido finalmente en
1955, un año después de la intervención imperialista
que acabara con el gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala.
Si iniciamos este ensayo con algunas reflexiones en torno
al problema de los géneros es porque fue precisamente ese problema
-- que conlleva el problema de la forma -- el cual tuvo que enfrentar el autor,
consciente o inconscientemente, para la realización de Guatemala,
las líneas de su mano. El género es una compleja unidad
que contiene al menos dos elementos: está conformado en parte por una
historia literaria de las formas relativamente autónomas. Asimismo,
encarna una serie de relaciones entre el autor y el público. Al seleccionar
un género, por lo tanto, el escritor encuentra ya su elección
ideológicamente circunscrita. Puede combinar y transmutar las formas
de que dispone a partir de una tradición literaria, pero estas formas
en sí mismas, así como la permutación que de ellas realiza,
son ideológicamente significativas. Los lenguajes y los recursos que
el escritor tiene a mano están ya saturados de ciertos modos ideológicos
de percepción, de ciertas maneras codificadas de interpretar la realidad.
A Luis Cardoza y Aragón le tocó vivir un momento histórico
tal que le permitió modificar los géneros y crear, como Sarmiento,
un libro "sin pies ni cabeza." Esto no surgía de una preocupación
acerca de la estrechez que del concepto de género se heredaba del clasicismo
francés, ni tampoco de una reflexión a priori por buscar
formas nuevas, sino de esa necesidad vital de captar, en las palabras, los
rasgos esenciales de su Guatemala.
De manera general, el género escogido era el ensayo.
Pero si ya el ensayo era un género flexible en Europa desde que Montaigne
lo redescubriera en Plutarco, reduciéndose a un conjunto de características
generalmente vagas tales como el tener que estar escrito en prosa, el ser
una aproximación cognoscitiva y crítica de un asunto desde un
punto de vista subjetivo, su polifacetismo temático, sugiriendo en
vez de convenciendo, etc., en América Latina el ensayo se vuelve necesariamente
más flexible aún al surgir en períodos de crisis social
-- las guerras de independencia -- y cargados no sólo con una riqueza
emocional y vital, sino con la noción -- consciente o no -- de ser
diferentes de los europeos, de necesitar definirnos, explicarnos, autoexaminarnos,
afianzar una identidad propia.
Ahora, sucede que Luis Cardoza y Aragón es, ante todo,
un poeta. Entonces, desde el primer momento que aborda el género ensayístico,
y que lo inicia con un toque personal -- la descripción de su regreso
al país en 1944 -- el autor realiza (como bien lo indica Lucrecia Méndez
de Penedo) un vaivén entre razón y sentimiento, entre la función
referencial e informativa del lenguaje y una función meramente poética
y emotiva. Esa misma carga le va permitiendo tejer elementos genéricos
diferentes: crónicas, memorias, anécdotas, personajes, etc.
El tema unificador se vuelve el del título del libro, y el mismo comienza
a desarrollarse como un gran mural, como los murales mexicanos que Cardoza
había comprendido tan bien, sentido tan suyos y criticado mejor que
nadie. El texto, desafiando el hibridismo, crea su propia lógica estructural
"prestando" elementos de diversos géneros, pero creando una unidad
por medio del tono y el ritmo, función para la cual emplea el llamado
"lenguaje poético." Es así como se va creando el ya mencionado
juego de oposiciones entre el elemento "ensayístico" de la obra y el
"poético," lográndose una síntesis de ambos elementos
por medio de la tensión creada por el ritmo. Este último está
determinado por un "crescendo" de la intensidad poética y emotiva del
texto, avanzando de lo menos a lo más significativo y cortando tajantemente
hacia el final, a manera de producir una reacción de asombro en el
lector.
Así, después de su inicio poético, la
estructura se va a encaminar a lo propiamente lírico, a lo sociológico,
a la crítica de arte, al recuento autobiográfico, a la crónica
de costumbres, a la exposición de tesis políticas, etc., para
volver al final a retomar su tono poético, en un movimiento de tensión
ascendente. Asimismo, la obra entera se sostiene por medio de procedimientos
tales como la introducción de un leitmotiv de corte poético
en cada capítulo, con diversas variantes en el uso de la tensión
al interior de cada capítulo, según el tema, pero sin contradecir
en lo general el movimiento ascendente de la totalidad de la tensión
de la obra. Así, la misma estructura anticonvencional y polifacética
le permite establecer una especie de homología entre su propia estructura,
determinada por su anticonvencionalismo genérico, y la de un país
cuyas contradicciones y violentos contrastes intenta mostrar.
Decíamos entonces que la producción cultural
centroamericana casi podría dividirse en dos etapas: antes y después
de Guatemala, las líneas de su mano. Esto por doz razones: a
nivel del conocimiento mismo de Guatemala, la obra sale en una fecha (1955)
en que todavía no existía en aquel país un cuerpo de
ciencias sociales que pudiera, desde la perspectiva e intereses de los guatemaltecos,
proponer un conocimiento conceptual acerca del país.
La obra de Luis CArdoza vino a ofrecer una experiencia de
esa situación que permitió "apreciar" la verdadera naturaleza
de la realidad guatemalteca. Es solamente a partir de Guatemala, las líneas
de su mano que los mejores guatemaltecos abandonan sus tradicionales ensayos
pintorrequistas y provincianos e inician una reflexión más profunda,
libre de todo dogmatismo, acerca de la realidad esencial de su ser y de su
pueblo.
Finalmente, a nivel artístico, Luis Cardoza y Aragón
redefine con esta obra la necesidad del productor cultural de no autolimitarse
a una mal llamada "literatura proletaria" dictada por decreto sino de ser,
ante todo, una lección de libertad, de creatividad. Esto último,
desde luego, consecuente con el cambio de estructuras que él -- y un
buen porcentaje de sus compatriotas en aquel entonces -- consideraba necesario
en una sociedad como la guatemalteca. Elabora una obra antes que nada artística,
un texto de estructura compleja y original, sustentado por un lenguaje poético
maduro y propio.
Sin embargo, la intención estética está
determinada por la voluntad del escritor de responder ideológicamente
a la historia general de su país desde su propio punto de vista particular.
Luis Cardoza nos recuerda que escribir bien es más que una cuestión
de "estilo;" supone disponder de una perspectiva ideológica que pueda
penetrar a través de las experiencias de los seres humanos en una situación
determinada. Nos muestra, asimismo, que si bien el arte no puede cambiar el
curso de la historia, sí puede ser un elemento activo de tal cambio.
Nos evidencia que el espacio de la imaginación en que se articula la
creación es tanto o más importante que el frío análisis
objetivo de cierto tipo de ciencias sociales.