Capítulo Cuatro
ALGUNOS ASPECTOS DE IDELOGIA Y LENGUAJE EN
HOMBRES DE MAIZ DE MIGUEL ANGEL ASTURIAS
En la última parte de su vida, Miguel Angel Asturias
se vio envuelto en polémicas y ataques que no dejaron de opacar su
nítida producción literaria. Por una parte, su inútil
disputa con García Márquez acerca de la originalidad o plagio
de Cien años de soledad no hizo sino desprestigiarlo ante los
ojos de los narradores latinoamericanos más jóvenes, entonces
en el apogeo del boom. Por otra, la aceptación de la embajada
de Guatemala durante el período 1966-1970 se atrajo en contra suya
la furia de la izquierda latinoamericana, cuyo punto más alto fuera
la introducción de Roque Dalton al libro póstumo de Otto René
Castillo, Informe de una unjusticia:
-
La máxima fidelidad al contenido de esta frase (el
poeta es una conducta moral) llevó a Otto René Castillo a
la tortura y a la muerte. La más absoluta traición a los principios
que esta frase involucra, ha llevado en cambio a quien la emitió
y acuñó, Miguel Angel Asturias, a recibir los máximos
honores de la sociedad burguesa: a la embajada parisina de la criminal dictadura
militar guatemalteca que asesinó a Otto René Castillo, al
goce uso y usufructo del Premio Nóbel de Literatura...de ahora en
adelante siempre tendrá (el escritor centroamericano) que escoger
entre el camino de Otto René Castillo y el de Miguel Angel Asturias.
Entre el camino duro y limpio de la revolución y el camino para muchos
tentador que, en último término, lleva a la traición
y al empocilgamiento.
Cuestionado el hombre por sectores tan diversos y por razones
igualmente diversas, dicha actitud empezó a pesar sobre su obra. Así,
en un período de tiempo relativamente breve, Miguel Angel Asturias
pasó a ser un escritor que "no había qué leer" o bien
del cual había qué hablar mal.
El fenómeno anterior ha tenido un resultado nefasto
para la literatura guatemalteca contemporánea. Al ser "borrado" Asturias
del panteón de los maestros donde tanto la izquierda revolucionaria
como los escritores del "boom" colocaban a Carpentier Rulfo y Borges --sus
coetáneos y con quienes conjuntamente contribuyó a pavimentar
el camino que condujo hacia el "boom"-- Guatemala desapareció del mapa
literario del continente en un momento crucial. A diferencia de Neruda, García
Márquez o Paz --premios Nóbeles latinoamericanos en años
subsecuentes-- Asturias no fue objeto de homenajes mundiales ni un conferencista
solicitado en recintos universitarios europeos o estadounidenses. Sus novelas
fundamentales --El señor presidente, Hombres de maíz
y Mulata de tal no consiguieron montarse en la carrera vertiginosa
de ventas y traducciones que caracterizaron aquellos años, ni ser nombradas
con seriedad por los críticos de moda hacia fines de los sesenta, quienes
empezaron a redefinir la nueva literatura latinoamericana a partir de los
narradores del "boom". Asturias quedo reducido al olvido junto con todos los
"realismos" de los años treinta y cuarenta.
Ese "olvido" ha contribuido a que la narrativa guatemalteca
posterior a Asturias pase fundamentalmente desapercibida por la misma crítica
literaria latinoamericana que, recientemente, ha encontrado nuevos íconos
en narradores salvadoreños (Alegría y Argueta), nicaragüenses
(Ramírez y Belli) o costarricenses (Naranjo). El esfuerzo por reestablecer
el lugar que justamente le corresponde a Asturias y a su obra maestra, Hombres
de maíz, es también el esfuerzo por desempolvar la narrativa
guatemalteca de su olvido y reintegrarla a las corrientes estéticas
del resto del continente.
Parte de la confusión que surgió a partir de
la polémica con García Márquez ha sido generada por la
mezcla que el sector que tiene acceso a la cultura en nuestras formaciones
sociales, tiende a hacer entre el productor cultural y el producto cultural.
Prácticamente ignorándose hasta principios de los años
setenta la manera como las categorías ideológicas se articulaban
con ambos, corrientemente se hablaba del autor y de la obra como si ambos
fueran la misma cosa.
Hoy, desde luego, sabemos que no es así. Los rasgos
que componen la ideología del autor no pueden corresponder nunca --ni
de manera mecánica-- a los que posibilitan una lectura ideológica
del texto. Sin caer en los mecanicismos de corte althusseriano con los cuales
Terry Eagleton introdujo estas categorías, podemos todavía argumentar
que la ideología del autor corresponde a la manera en que este mismo
autoconforma y genera una visión del mundo que está articulada
lingüísticamente por medio del dialogismo con los discursos que
lo rodean y que constituyen su entorno ideológico-lingüístico.
Este dialogismo implica la contínua hibridización de discursos
que están cargados de elementos tales como el origen de clase, posición
de clase, el sexo o género, la nacionalidad, pertenencia o no a minorías
étnicas, tendencias religiosas, etc. Es la manera como el autor define,
entiende y nombra al mundo.
Las alternativas del escritor están efectivamente
predeterminadas por un conjunto de determinantes ideológicos. Pero
estos no funcionan con el mecanicismo formalista que pareció generar
el trabajo pionero de Althusser, y que tuvo su mejor expresión literaria
en el primer Eagleton. Por el contrario, la conciencia individual está
conformada ideológicamente precisamente porque la autoconciencia está
compuesta de enunciaciones del habla. Las categorías ideológicas,
entonces, pueden ser un sistema de creencias de un grupo o clase particular,
pero sólo son creadas y se manifiestan en el proceso de la interacción
verbal. Esto es así aún cuando la mencionada interacción
se da como una especie de "habla interna" dentro de los confines de la propia
conciencia. El proceso de construcción del ser implica escuchar y asimilar
las palabras y discursos de los demás (la madre, el padre, parientes,
amigos, profesores, etc.) La conciencia humana vive y se desarrolla en este
ambiente. El ser es, por lo tanto, la suma de diferentes discursos a los cuales
el individuo ha sido sujeto, y el desarrollo ideológico es en realidad
la lucha entre los diferentes discursos que buscan hegemonizar los valores
y la visión que rodean y le dan sentido al mundo de un individuo dado.
La rasgos ideológicos del texto, entonces, no
son una expresión mecánica y automática de la ideología
del autor. El texto es la representación de un sistema de diálogos
que escenifican el drama del habla reaccionando al habla del prójimo,
de palabras luchando por responder, parafrasear, o bien deliberadamente ignorarse
y de palabras anticipando cómo se les responderá a ellas mismas
y cómo serán parafraseadas o ignoradas.
De la misma manera podemos entender las sub-categorías
ideológicas estéticas. Estas incluyen discursos de una serie
de sub-sectores, uno de los cuales es el literario. Este sub-sector literario
es a su vez complejo, y está constituido por una serie de elementos
discursivos: teorías de la literatura, prácticas críticas,
tradiciones literarias, géneros, convenciones, etc.
El resultado parecería ser similar al del primer Eagleton:
plantearse los estudios literarios como situados dentro de tres espacios interconectados:
el ambiente literario generador, el ambiente ideológico generador y
el ambiente socio-económico generador. Sin embargo, la fluidez y los
matices con los cuales se interconectan los espacios mencionados suele ser
como el día y la noche en relación con anteriores métodos
de análisis.
Tenemos entonces que los rasgos lingüístico-ideológicos
del texto no pueden corresponder mecánicamente a la ideología
del autor. No sólo esto, sino que incluso pueden llegar a contradecirse
mutuamente.
Es mi parecer que esto último sucede entre la ideología
del autor Miguel Angel Asturias y los rasgos lingüístico-literarios
de su producción literaria. Al confundirse ambos espacios e intermezclarse
elementos de los dos en un solo discurso, se ha creado un nivel de confusión
que no logra deslindar el autor de los discursos que dialogan al interior
de su obra. Es tarea de la crítica el realizar dicho deslinde y buscar
aclarar lo que corresponde a cada una de las categorías respectivas.
Como si todo lo anterior no fuera ya suficientemente complicado,
tenemos además el problema de que no se ha hecho un estudio ideológico
de corte histórico acerca del sector social que dio origen, formó,
y en el cual se movió el autor, el hombre de carne y hueso. Quizás
el día que llegue a realizarse tal estudio, pueda llegarse a la conclusión
que dentro de los límites ideológico-históricos dentro
de los cuales le correspondió moverse y crear, Miguel Angel Asturias
llegó a representar el máximo de conciencia posible del cual
era capaz un hombre con dicha inserción social en el tiempo histórico
que le correspondió vivir. Ahora que trabajamos tan sólo con
elementos aproximativos, la anterior afirmación no pasa de ser sino
una hipótesis de trabajo. Sin embargo, existen ya los suficientes elementos
para pensar que la misma se encuentra bien encaminada, como argumentaremos
a continuación.
Elementos para una ideología del autor
Bastante conocido es el origen de Miguel Angel Asturias.
Nació en 1899 en uno de los barrios más tradicionales de la
capital de Guatemala, la Parroquia. Era hijo de un distinguido profesional
de corte liberal, quien se vio obligado a refugiarse en el interior del país
debido a la cólera desatada en contra suya por el dictador en turno,
Manuel Estrada Cabrera quien gobernó el país entre 1898 y 1920.
Bastante menos conocida es la formación intelectual
del autor en cuestión. No podemos asumir liberalmente que formación
intelectual equivalga mecánicamente a ideología del autor. Sin
embargo, es innegable que aporta elementos importantes que contribuyen a conformar
la mencionada categoría.
El investigador Arturo Taracena ha señalado ya cómo
Miguel Angel Asturias formó parte de toda una generación de
intelectuales marcada fuertemente por los acontecimientos que llevaron al
derrocamiento del dictador Estrada Cabrera por medio de una insurrección
popular en 1920. Interesado en los problemas sociales de su país como
consecuencia de la mencionada gesta, el jóven Asturias participó
en la constitución del Club Unionista de Estudiantes Universitarios,
y fue dirigente de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU)
entre 1921 y 1923. Su carrera literaria, precisamente, se inició en
las páginas de la revista Studium, que fungía en aquella
época como órgano de la Universidad Nacional.
Gracias a sus actividades estudiantiles, Asturias viajó
a México en el curso de 1921, para la realización de un congreso
internacional de dirigentes estudiantiles. Fue allá donde conoció
a José Vasconcelos, quien era en ese entonces secretario de Educación
en dicho país. Es a partir de ese momento, según Taracena, que
esta última figura comenzará a influir en el pensamiento social
del escritor guatemalteco.
-
A través de las ideas de Vasconcelos, el proyecto
de un vuelco de la actividad universitaria hacia las masas, cobró
realidad cuando...fue lanzada en Guatemala la idea de la creación
de la Universidad Popular durante el curso del año 1922, como lo
había sugerido Vasconcelos en el Congreso Internacional de Estudiantes...
-
...Se pugna por un sistema que alcance, no a una minoría
selecta, sino al pueblo mismo, proponían en el ideario de la UP.
Este estaba basado en tres consideraciones: 1) Desanalfabetización
de las masas; 2) Divulgación científica, y 3) formación
del "alma nacional."
-
Asturias estuvo toda su vida ligado a los tres principios
que dieron origen a la UP. Como Vasconcelos, veía en la educación
el remedio a las diferencias sociales en América Latina y, como él,
acordaba una gran importancia a la denuncia del imperialismo norteamericano.
En la búsqueda de la formación de una "alma nacional" guatemalteca,
se destacó políticamente de la mayoría de sus compañeros.Los
miembros de la denominada "Generación del 20" no irían más
lejos en la apreciación de la realidad guatemalteca.
Las ideas de Asturias, impregnadas del pensamiento vasconcelista,
quedan especialmente evidenciadas en su tesis de graduación como abogado
y notario en diciembre de 1923, intitulada El problema social del indio.
A pesar del reconocimiento que merece la selección de dicho tema en
aquella época, la obra en cuestión se caracteriza por una ausencia
de análisis de los mecanismos económicos de explotación
del indígena maya. Al estar ausente dicho análisis, Asturias
no logra percibir que la esencia del mal lamado "problema indígena"
se encuentra en el desequilibrio de la propiedad agraria y en la explotación
forzada de la mano de obra. Asimismo, como miembro de la etnia ladina, no
percibió la esencia racista que impregna el castellano empleado por
los ladinos para referirse a la población maya. Asturias se queda,
por lo tanto, en la visión superficial del fenómeno, señalando
consecuencias tales como la desnutrición, el alcoholismo, las enfermedades,
etc., pero sin determinar su verdadera causa. De allí que las soluciones
que propone van desde la prohibición de casamientos prematuros hasta
el mestizaje. Subraya especialmente el aspecto educativo que convertirá
al "indio esclavo en hombre libre."
Lo anterior no debe sorprendernos si ubicamos el desarrollo
ideológico del medio centroamericano en aquella época. El desconocimiento
del pensamiento contemporáneo es generalizado, después de una
dictadura de 22 años que ha mantenido al país virtualmente incomunicado
con el resto del mundo. El nivel educativo es más que lamentable, no
siendo sorprendente que alumnos sensibles y despiertos, con un pequeño
viaje a México, logren dominar --aunque sea superficialmente-- más
información que los propios profesores universitarios. De allí
que sería utópico pensar que Asturias, en aquellas condiciones
y circunstancias tan pobres, hubiera podido hacer planteamientos diferentes
a los que hizo.
En efecto, Asturias no profundizará verdaderamente
su pensamiento sobre lo maya sino hasta estar su llegada a París, a
mediados de 1924. Lo anterior sucede a partir de la combinación y articulación
de sus estudios de cultura maya que realiza en las aulas del profesor Georges
Raynaud en La Sorbona, en combinación con el pensamiento del pensador
peruano Victor Raúl Haya de la Torre, fundador del partido Aprista:
-
Las ideas de Haya de la Torre sobre el imperialismo y la
"indoamericanidad" vinieron a reforzar los ejes del pensamiento social de
Asturias, como expresiones del "alma nacional."
-
La reelaboración de algunas de las ideas centrales
de su tesis, Asturias la había iniciado tímidamente en el
artículo "La realidad social guatemalteca,"de marzo de 1925. Para
él, existen dos realidades sociales en Guatemala: una, la de la masa
negra, compuesta por los indios y los ladinos, que no saben leer ni
escribir y otra, la de "los semiesclavizados, el conjunto de habitantes
que si saben y, por lo tanto, gobiernan el país." Además,
según él, "sólo en la cultura y en la civilización
nacionales pueden estas dichas realidades amalgamarse, confundirse, formar
una realidad superior, un espíritu nacional."
En otras palabras, para Asturias el subdesarrollo y dependencia
son ocasionados por la ignorancia de las masas, por una parte, y por el servilismo
de la clase dirigente, por la otra. Sin embargo, ya exhibía una conciencia
de lo que la dominación imperialista implicaba, aunque todavía
no comprendiera de manera clara los lazos que ataban la economía guatemalteca
con el problema de la dependencia. Esto último se evidencia plenamente
en un artículo escrito en 1926, cuyo tema era la reforma de la enseñanza
superior:
-
Mucho se discute sobre la dependencia o no, económicamente,
de los dineros extranjeros y no se para mientes en qué poco importaría
depender del extranjero si tuviésemos alma nacional, cultura hecha,
hombres representativos de valores ciertos. ¡Que se lleven nuestro
dinero los extranjeros, pero que no nos sustituyan el alma, y para ello
es preciso reformar el tipo de enseñanza superior!
Durante todo este período, Asturias había venido
realizando una especie de cruzada en pro de la reforma de la enseñanza
superior. Además, intentaba salvar a la Universidad Popular, cuya decadencia
era manifiesta, ya que los obreros desertaban sus aulas. Posteriormente, y
quizás gracias a sus contactos con la célula aprista de París,
en la cual figuraba César Vallejo entre otros, su visión anti-imperialista
comenzó a tomar cuerpo en torno al problema de la tierra. Fue así
como al volver a Guatemala en 1928, expuso la necesidad de crear un partido
campesino para "defender la independencia de nuestro suelo y los intereses
delos pequeños agricultores, que son la nación entera." Según
sus planteamientos, este partido se encargaría de hacer elegir a sus
candidatos para que nacionalizaran las tierras y persiguieran a todos aquellos
que las enajenaban. Asimismo, dicho partido buscaría crear "oficinas
que defendieran al pequeño terratieniente contra los abusos de las
autoridades menores, ayudando a resolver los problemas agrarios en la asamblea
o el gobierno; denunciando por la prensa a los traficantes de nuestra soberanía,
digo nuestra tierra..."
Acompañado del anterior planteamiento, va un cambio
en cuanto a su concepción del indio, el principal pequeño propietario
de la tierra guatemalteca. Si en su tesis de 1923 sostiene que las soluciones
son el mestizaje y la alfabetización, ahora sostiene que es importante
preservar la cultura indígena, en vez de buscar ladinizarla
a la fuerza. El cambio era importante en la concepción del mundo de
Asturias, y tendría repercusiones en su obra creativa. No importaba,
para este último fin, que sus nuevos planteamientos siguieran siendo
tan idealistas como los primeros.
Lo que tenían en común ambas visiones, sin
embargo, era la búsqueda de la formación del "alma nacional"
dentro de la línea de la colaboración de clases. Es sin duda
debido a esto último que posteriormente, Asturias iniciará un
acercamiento al Partido Liberal, entonces en el poder, y que a su regreso
al país, tres años más tarde, colaborará con la
dictadura impuesta por el general Jorge Ubico (1930-1944), aceptando la designación
de diputado por el departamento de Huehuetenango en la Asamblea Nacional.
Una lengua en trance volcánico
Considerando todo lo anterior, el gran mérito de Asturias
a nuestro parecer es la búsqueda estética que emprende a través
del lenguaje, por medio de la cual contribuirá a transformar la identidad
simbólica del guatemalteco, como veremos más adelante. Decir
que su gran mérito gira en torno a las innovaciones lingüísticas
en sí, no es nunguna novedad. La crítica más seria generalmente
se ha centrado precisamente en este aspecto para subrayar la genialidad de
su producción literaria. Basta citar a Roberto Armijo para confirmar
esto último:
Lo interesante es que esta riqueza lingüística
que le ha valido al autor fama duradera surge, en gran medida, de los elementos
señalados en la sección anterior de este artículo; concretamente,
de su busqueda del "alma nacional." Como ya se ha indicado, es en la mencionada
búsqueda donde Asturias se destaca de sus compañeros de generación.
El país que Asturias descubre en París, estudiando
cultura maya en la Sorbona además de por los medios indicados en la
sección anterior, es el del mundo indígena. Descubre que el
peso que la manera de ser indígena tiene en la sociedad guatemalteca
no se puede medir verdaderamente. Está en todas partes; es la esencia
misma del país. Y se da cuenta que él mismo, como todos los
guatemaltecos ladinos, tiene algo de ellos, en los rasgos físicos,
en la psicología, en las costumbres. El "alma nacional", por lo tanto,
tiene que se indígena, tiene que estar enraizada en el espíritu
maya. Dicho descubrimiento tiene que haber sido el equivalente intelectual
de un terremoto.
El paso lógico siguiente era el de buscar expresar
su nueva conciencia recién adquirida a través de la propia obra
literaria. Reconociendo ante todo que él es un escritor y no un político,
Miguel Angel Asturias se dedicará a escribir y a capturar y expresar
por medio de palabras, todo aquello con lo cual ha soñado en el proceso
de formarse una visión del mundo propia.
El problema que confrontan es el mismo que asola a todos
los escritores luego después de alguna revelación trascendental:
¿cómo decir todo aquello artísticamente? ¿Cómo
articular enunciados que nombren estas verdades recién descubiertas?
En el caso de Asturias, va a venir en su auxilio todo el instrumental aprendido
en Europa durante los años veintes: la mezcla de elementos de la novela
criollista -- discutidas con amigos tales como César Vallejo y a la
luz de teorías apristas -- con las experiencias vanguardistas vinculadas
al surrealismo. De éste último adopta rasgos tales como la "escritura
automática", y el estudio de maestros del arte de novelar entonces
recién canonizados, tales como Joyce y Proust.
Una vez asimilado el instrumental, y convencido de que tiene
que capturar las fuerzas telúricas, la fuerza de la tierra de la cual
depende en gran medida el mundo maya, el problema se vuelve el de cómo
expresar aquel mundo que sabe que debe ser el suyo (o, más bien, que
desea poseer y hacer suyo), pero el cual, irónicamente, desconoce en
gran medida, al igual que la gran mayoría de los ladinos guatemaltecos.
Allí es donde el instrumental aprendido surge en su auxilio. Asturias
piensa que el surrealismo abre una puerta a través de la cual puede
salir un mensaje interno, inconsciente, que surge de las profundidades mismas
del ser. Descubre que la libertad de crear que ofrecen métodos como
el de la "escritura automática" producen una especie de dualidad entre
sueño y realidad. Según él mismo, esta misma dualidad,
este mismo surrealismo, es el que poseen textos indígenas tales como
el Popol Vuh o los Anales de los Xahil. Por lo tanto, allí
establece un puente entre el mundo indígena y su propia escritura:
al mundo indígena hay que llegarle por medio de una escritura que produzca
la mencionada dualidad entre sueño y realidad, que sea "una especie
de sueño, de irrealidad, que al contarse con todo detalle parece más
real que la realidad misma." Es este tipo de fenómeno el que él
mismo bautiza con el nombre de "realismo mágico."
Si tomamos en cuenta que este proceso de desarrollo creativo/intelectual
toma lugar hacia fines de los años veinte y principios de los treinta,
podemos ubicar cabalmente la gran originalidad de Asturias. La mayoría
de los narradores latinoamericanos no se aproximaron a dicha experimentación
sino hasta mediados de la década de los cuarenta, una vez caducada
la experiencia del realismo social. Asturias, sin embargo, la emprendió
justo en el momento mismo en que arreciaba la ascendencia de la anterior estética.
Lo hizo, asimismo, trabajando simultáneamente un conjunto de obras
diferentes. Por un lado, sus artículos periodísticos (que le
servían como mecanismo para articular conceptualmente muchas de sus
emergentes ideas); por el otro, a través de tres obras creativas de
diferente envargadura pero rasgos similares hasta cierto punto: El señor
presidente, Leyendas de Guatemala y Hombres de maíz,
la más lograda de las tres.
Cabe notar aquí que la relación que Asturias
establece entre sí mismo y la cultura maya es una relación dialogizada.
El lenguaje discursivo de Asturias se encuentra con los discursos mayas de
los textos prehispánicos, y tanto la producción del texto como
las transformaciones del sentido que el mismo generará en el plano
de lo simbólico se deberán a este encuentro dialógico
que establece vasos comunicantes entre las connotaciones linüístico-ideológicas
de ambos discursos: el producido por Asturias, y el de los textos mayas prehispánicos.
La preocupación central, sin embargo, es la de cómo
expresar el mundo indígena. Un elemento ha sido encontrado. El otro,
producto de la misma experiencia, del contacto con escritores como Gertrude
Stein, Joyce, León Paul Fargue, y de discusions con colegas como César
Vallejo, va a ser el descubrimiento de la palabra, del sentido mismo de la
palabra, según como los vocablos sean unidos, separados, conjugados.
El juego de palabras le proporcionó el otro elemento que le hacía
falta para armar sus textos, y venía a encajar perfectamente también
con sus inquietudes ideológico-culturales. Paralelamente al descubrimiento
de la palabra, Asturias está descubriendo que la palabra tiene importancia
primordial para los pueblos indígenas, aspectos casi mágicos.
Los pueblos de descendencia maya consideran sagrada la palabra, y piensan
que la misma da poder sobre lo que se nombra. De allí que existe unja
gran prudencia, un gran respeto para nombrar las cosas. "En la palabra, todo;
fuera de la palabra, nada" como dice el propio Asturias.
Al encontrar a la palabra como el medio para poseer la realidad
indígena, Asturias emplea el lenguaje como instrumento de poder y como
vehículo de transformación. El lenguaje le sirve para nombrar
de nuevo la realidad que lo rodea; es decir, para establecer un nuevo orden
que le permite ubicarse como sujeto hablante a partir de esa perspectiva.
Encontrados los elementos de expresión, entonces,
surge la obra misma. Y surge con las características anteriormente
señaladas. Es por eso que Dante Liano dice que "Hombres de maíz
presenta las proyecciones oníricas de un pequeño burgués
sobre un mundo que le está negado, el mundo indígena...y que,
sin embargo, la memoria le presenta como maravilloso y deseable, un mundo
en donde toda potencia se realiza, el mundo de la imaginación el mundo
de la infancia." Y es por eso mismo que descubre que existen dos registros
narrativos en la citada novela:
-
Un registro, al que llamaremos "registro de narración
lírica," está lleno de recursos literarios (paralelismos de
clara fundación popol-vuhica, reiteraciones obsesivas, enumeraciones
cervantinas), de ritmo lingüístico que en la suma de aliteraciones
e iteraciones fónicas conforman un ambiente onírico, todo
dentro de una temática de índole estrictamente onírica.
Es este tipo de registro, precisamente, el que se emplea
para expresar el mundo maya, el mundo que Asturias desconoce, pero que sueña,
que intuye, que busca expresar. El otro registro, desde luego, es el que va
a expresar el mundo ladino:
-
En el "registro de narración realista" el estilo
narrativo es el llamado tradicional, esto es, basado en la descripción
y en el diálogo, sin saltos temporales bruscos, sin mayor derroche
de recursos literarios. Es fuertemente diferente al primer registro.
Es de la forma antes indicada que Asturias logra resolver,
en la estructura misma de la obra y a través de su lenguaje, la contradicción
entre los mundos ladino e indígena que están en la base misma
de la ideología del autor: soluciones ladinas para un "problema indígena",
pero reconocimiento y reafirmación del mundo maya como esencia del
"alma nacional":
-
Asturias es bien consciente de que no puede dar una imagen
real del indio. Primero, porque apenas lo conoce; segundo, porque aunque
hubiera dedicado su vida entera a la investigación del indígena,
bien poco habría podido sacar, dados los abismos entre cultura y
cultura. Entonces, resuelve su problema en la solución misma de la
novela.
-
En efecto, la gran dificultad estructural-temática
de hombres de maíz está en la narración de los
hechos de los indígenas. No hay tal dificultad cuando se narra la
actuación de los ladinos, pues Asturias es uno de ellos, los conoce
bien. Por ello, este registro de narración es "realista"...El problema
está en que no conoce a fondo al protagonista de su novela, al "hombre
de maíz." La resolución se la da la misma literatura: crear,
por la combinación de efectos literarios, una realidad verbal lo
suficientemente fuerte como para dar la ilusión de una realidad material.
Es al encontrar esta solución literaria que Asturias
logra realizar no sólo su búsqueda del "alma nacional", sino
que la realiza artísticamente, a través de las palabras. Es
aquí donde vemos esa fuerza en trance volcánico de la cual nos
habla Armijo, esa "arrolladora expresión de símbolos y mitos
que se contornea como una llamarada." Su uso de metáforas, enumeraciones,
reiteraciones, acumulaciones progresivas crean un gran universo verbal que
es eficaz a nivel lingüístico, de tal manera que para el lector
ya no importa si lo que aquel lenguaje denota es "real". El lector es hechizado
por los significantes mismos, por esas construcciones resultantes de una correcta
mezcla de signos literarios. Así, la "realidad" histórica pasa
definitivamente a un segundo plano, detrás de la realidad lingüística.
Asturias logra construir un maravilloso puente de palabras hacia otra cultura,
hacia otro mundo.
El motivo del maíz
El conocimiento de la cultura indígena parte para
Asturias, en gran medida, de su lectura cerrada del Popol Vuh y de
los Anales de los Xahil en París. No se basa en un conocimiento
vivencial (aunque sus recuerdos de infancia en Baja Verapaz juegan un papel
importante sin lugar a dudas) ni tampoco en un estudio antropológico
de los pueblos indígenas contemporáneos.
En el Popol Vuh se cuenta cómo los hombres
fueron hechos de maíz y se explica, en el mito sobre el origen del
maíz, por qué la agricultura tiene un carácter sagrado.
Son precisamente esos elementos los que Asturias toma para su obra, la defiende
y la convierte en su reafirmación de la identidad. Ha logrado encontrar,
por fin, el "alma nacional".
Según Perla Petrich, en Hombres de maíz
el objeto "maíz" circula entre dos espacios axiológicos, el
del indio y el del ladino. En el caso del espacio indígena, el maíz
ocupa el centro de la creencia; es el signo de la raza, lo que identifica
al grupo, y lo que lo define como unidad étnica y como universo cultural.
En el caso de los ladinos, se le niega al maíz estos valores "míticos"
y se le reduce a un objeto con valor puramente comercial, carente de valor
social-simbólico con fin integrador. Es esta contradicción fundamental
la que funciona como elemento estructural del texto a nivel semántico.
De inmediato podemos ver cómo este nudo generador evidencia en el plano
del discurso narrativo la hibridización de dos discursos ideológicos
antagónicos: el discurso del indígena defensor de la tradición,
y el discurso del ladino liberal de principios del siglo XX. Sin embargo,
la situación amarra perfectamente con los planteamientos ideológicos
que ya hacía el propio Asturias hacia fines de los años veinte
y que reseñamos en la primera sección de este trabajo: "que
se lleven nuestro dinero los extranjeros, pero que no nos sustituyan el alma."
El enfrentamiento entre los mundos ladino e indígena se da debido a
la circulación de un mismo objeto, el maíz, investido de valores
diferentes:
-
En esta situación de desequilibrio provocada por
la negación de valores (valores concentrados en un solo objeto cultural)
Gaspar ocupa el rol de defensor de la tradición y toda su acción
está orientada a re-mantizar el objeto, a restituirle su valor sagrado.
Gaspar quiere reestablecer el estado de comunión entre el alimento
y la tierra, entre el hombre, el alimento y la tierra.
Gaspar percibe la ambición de los ladinos, entiende
que son sus oponentes y que tendrá que enfrentarse a ellos:
-
El Gaspar Ilóm deja que a la tierra le roben el
sueño de los ojos. El Gaspar Ilóm deja que a la tierra de
Ilóm le boten los párpados con hacha...El Gaspar Ilóm
deja que a la tierra de Ilóm le chamusquen la ramazón de las
pestañas con las quemas que ponen la luna color de hormiga vieja...El
Gaspar Ilóm movía la cabeza de un lado a otro. Negar, moler
la acusación del suelo en que estaba dormido con su petate, su sombra
y su mujer...
Pero su aparente pasividad desaparece frente al desafordao
deseo de lucro del ladino. Es el abuso desmedido de éste último
lo que lo empuja a la guerra:
-
Gaspar se fue volviendo tierra que cae de donde cae la
tierra, es decir, sueño que no encuentra sombra para soñar
en el sueño de Ilóm...Empezará la guerra el Gaspar
Ilóm arrastrado por su sangre, por su río, por su habla de
nudos ciegos.
Técnicamente, la guerra es ganada por los ladinos.
Gaspar se echará al río al ver a todos sus hombres exterminados
por la policía. Sin embargo, en el plano mítico-simbólico
se le atribuye una victoria mítica al Gaspar Ilóm por medio
de los elementos discursivos que articulan una visión del mundo maya.
Esta victoria emplea los recursos míticos del discurso simbólico
indígena para justificar la transición del espíritu del
Gaspar hacia los Tecún. Son estos últimos quienes mantendrán
el espíritu de la guerra contra los maiceros negociantes. Posteriormente,
descabezarán a los Zacatón por haber proporcionado el veneno
que "paralizó la guerra del invencible Gaspar Ilóm." En el plano
lingüístico, la aparente contradicción entre los términos
"paralizó" (manera indirecta de admitir una derrota militar)
con "invencible" (manera ideológico-simbólica de negar
la posibilidad de una derrota militar) termina sacando los eventos de la indeseable
cotidianidad (podría decirse de la historicidad) y transformándolos
-- por medio del discurso -- en vehículos de simbolización mítica
que crean en el espacio de la atemporalidad transcendental una realidad más
aceptable para las necesidades de la población maya por superar definitivamente
su opresión.
De esta última secuencia se desprenderá también
una premonición apenas sugerida, "la recuperación del maíz
valorizado como objeto sagrado, como grano que se cultiva y se come con respeto.
Ese "'grano-hombre-divinidad' está representado por el hijo de Gaspar,
el niño que su mujer lleva a las espaldas":
-
María la lluvia, la Piojosa Grande, la que echó
a correr como agua que se despeña, huyendo de la muerte, la noche
del último festín en el campamento de Gaspar Ilóm.
Llevaba a su espalda al hijo del invencible Gaspar y fue paralizada allí
donde está, ¡entre el cielo, la tierra y el vacío! ¡María
la lluvia es la lluvia! ¡La Piojosa Grande es la lluvia! A sus espaldas
de mujer de cuerpo de aire, de solo aire y de pelo, mucho pelo...llevaba
a su hijo el maíz de Ilóm y erguida estará en el tiempo
que está por venir, entre el cielo, la tierra y el vacío.
Tenemos así que Gaspar Ilóm es la tierra, su
mujer es la lluvia y su hijo es el maíz. En el enfrentamiento entre
los mundos indígena y ladino, el triunfo del indígena se presenta
simbólicamente: el ser humano (en la novela, escrita todavía
antes del desarrollo del feminismo, es "el hombre") es el maíz, el
maíz es la naturaleza, sólo el ser humano que vive en la naturaleza
y es al mismo tiempo parte de la naturaleza puede perdurar:
-
El epílogo de la novela puede considerarse como
la realización de la premonición; los hombres se vuelven hormigas
y el ciclo mítico recomienza: el hombre-hormiga buscará el
maíz en la cueva divina y así reconocerá su propio
origen y el origen del grano, así sabrá cómo fue formado
su cuerpo y cómo pudo comenzar a alimentarse gracias a los dioses
que le entregaron el maíz: "viejos, niños, hombres y mujeres,
se volvían hormigas después de la cosecha para acarrear el
maíz, hormigas, hormigas, hormigas..."
La relación con el maíz -- la relación
simbólica por medio del maíz --se vuelve entonces transformadora
del sentido. Al cambiar este último, termina transformando a su vez
el sistema de identidad. La estrategia textual apunta hacia una nueva manera
de codificar la realidad por la vía de la alteración de la dualidad
indio/ladino y su relación simbólica.
Como hemos indicado en otros estudios, la identidad opera
como una confluencia o interacción entre lo considerado como "propio":
el "nosotros" en oposición a un "los otros." Las dos nociones ("nosotros,
los "otros") son significativas sólo en función de una presuposición
recíproca; es decir, a condición que se confronten y constituyan
en una pareja interdefinible a partir de la relación de presuposición
que les une. Entonces, lo que hace Asturias es alterar esta pareja interdefinible.
Hasta la publicación de Hombres de maíz, en la literatura
guatemalteca el "nosotros" siempre lo constituía el mundo ladino. Los
"otros" eran los indígenas, objetivizados, cosificados y, por extensión,
rebajados para justificar ideológicamente su opresión y la discriminación
ejercida sobre ellos. Asturias altera esta relación. En su novela,
"nosotros" es la población maya. Los "otros" son los ladinos. Por extensión,
"nosotros" que son los mayas, son también los guatemaltecos. Guatemaltequidad
pasa a ser sinónimo de mayanidad. En dicho proceso, se rechaza la definición
del ser guatemalteco como ser "occidental y cristiano" tal y como lo definen
las élites sociales ladinas del país y como lo hacía
el propio Asturias en sus racionalizaciones de los años veintes.
Asturias, entonces, ha dado una vuelta completa en el plano
ideológico, aún cuando esto se diera en un plano no consciente,
articulando su "habla interna" con una reformulación simbólica
de la identidad guatemalteca. Al nombrar al maya como "nosotros",
Asturias introduce un nuevo sentido de identidad y, simbólicamente,
un nuevo orden social que altera los valores fundamentales en los cuales se
basa la sociedad guatemalteca tradicional. El maya no aparece aún como
un ser enteramente individualizado. Sin embargo, en el plano de lo simbólico,
se trastoca de manera fundamental las bases de la dominación social
que han imperado en el país desde el siglo XVI. Lo anterior es uno
de los mayores logros de Asturias, y es un hecho que aún no ha sido
lo suficientemente reconocido.
Asimismo, al realizar la inversión anterior, el texto
de Asturias afirma, sanciona positivamente como una práctica anti-hegemónica
legítima, la que está siendo desarrollada por el sector maya
de la población. La misma se desenvuelve independientemente del sector
hegemónico, en un proceso de búsqueda de autoafirmación.
Esto último apunta a la vez al fenómeno de cómo estas
prácticas culturales desembocarán en políticas de identidad
que resultarán transformándose a su vez en conflictos políticos.
De hecho, el texto anticipó de 30 años -- en el plano de lo
simbólico -- lo que en realidad vivió la sociedad guatemalteca
durante los años 1978-1984.
Consideraciones finales
Al desprender conclusiones ideológicas de un análisis
textual de Hombres de maíz vemos efectivamente que este último
ha ido mucho más allá que los propios planteamientos conceptuales
de su autor. Sirviéndose de los elementos míticos proporcionados
por el Popol Vuh según los cuales el maíz es definido
simultáneamente como "el alimento fundamental" de los seres humanos
y míticamente como "la masa sagrada con la que se creó a los
primeros hombres", logra plasmar estéticamente la fractura de conciencia
entre lo ladino y lo indígena de una manera que el mismo autor del
texto, en el plano de lo consciente, nunca lo entendió. Los rasgos
ideológico-lingüísticos del texto van mucho más
allá que la propia ideología del autor, articulando de manera
más coherente la confrontación indio/ladino y buscando resolverla
en favor del primero por la vía cultural. Sus límites son también
evidentes. Es allí precisamente donde se evidencia cómo los
rasgos ideológico-lingüísticos del texto recogen muchos
de los elementos de la ideología del autor. La misma se encontraba
todavía en estado de transición durante la redacción
del texto en cuestión, a pesar de representar, a su vez, un avance
marcado para su época sobre el pensamiento latinoamericano sobre ese
mismo tema.
La problemática total se plantea fundamentalmente
en la esfera de lo cultural, a pesar de insinuarse claramente en el texto
el problema de la tierra vinculado a la codicia de los ladinos. La aparente
resolución en favor del indígena se basa más en la búsqueda
del ladino de su propia identidad (el "alma nacional") que en una comprensión
profunda de la problemática social de la población maya como
explotada y oprimida (que, por lo demás, nadie tenía en aquel
entonces).
Sin embargo, a pesar de los obvios límites señalados,
los méritos son más que evidentes. Por un lado, a través
de Hombres de maíz se plantea por primera vez en el mundo ladino
guatemalteco, desde la perspectiva del maya, el conflicto social indio/ladino;
por primera vez, se valoriza positivamente la cultura maya, se le coloca en
el centro del ser guatemalteco, se percibe su perduración y triunfo
último por encima de los "valores comerciales"; y, por primera vez,
también (el texto fue publicado en 1948 a pesar de que su redacción
se inició muchos años antes) se plantea como necesario que el
maya emprenda la lucha armada en contra de los explotadores (el hecho de que
al presentarse el conflicto como indio/ladino se caiga en esquematismos de
corte etnicista es secundario en este contexto).
Por el otro lado, y de manera categórica y brillante,
está la obvia lección estética que la literatura criollista
no supo, o no pudo, aprender: que los textos, literarios se construyen con
un lenguaje figurativo y no con un lenguaje conceptual. Los textos están
compuestos de palabras, son "catedrales de palabras" como dijo Tony Tanner.
Palabras cuidadosamente pensadas y subjetivamente ordenadas, que crean una
realidad nueva, la realidad simbólica y polisémica del texto
mismo. Aparte es la realidad social, y aparte es la realidad textual. Que
existen relaciones entre lo uno y lo otro es evidente. Esas relaciones pueden
establecerse desmenuzando el contenido ideológico de los discursos
que componen los textos literarios.
La importancia fundamental de Asturias radica en haber contradecido
el tono dominante en América Latina hasta ese entonces, y subrayar
la realidad textual por encima de la realidad social, como el hecho esencial
y transcendental de la escritura; la importancia radica en su capacidad para
estructurar textos a partir y en función de una "lengua en trance volcánico."
Es solamente así que el texto se vuelve verdaderamente un instrumento
revelador de una identidad. Es solamente desde el lenguaje mismo que el texto
puede iniciar a responder las preguntas ¿quiénes somos? y ¿para
dónde vamos? que según Luis Bocaz constituyen el verdadero nudo
de la novela latinoamericana, su naturaleza ancilar.