Capítulo Dos

LA GRINGA DE CARLOS WYLD OSPINA Y LA TEMPESTAD DE FLAVIO

HERRERA: LA CONFLUENCIA DEL CRIOLLISMO CON EL UBIQUISMO


El problema de las definiciones
La crítica tradicional siempre ha atribuido el título de "novelistas criollos" a Carlos Wyld Ospina, Flavio Herrera y Mario Monteforte Toledo, dividiéndose acerca de si la etiqueta corresponde o no a Miguel Angel Asturias. A veces, se les llama asu vez escritores indigenistas. Rara vez, sin embargo, se define el empleo de los términos "criollo" o "indigenista," aunque siempre se hace mención de la Revolución Mexicana y de la obra de Rómulo Gallegos y José Eustacio Rivera como influencias. Así, Seymour Menton nos dice:
Ricardo Estrada ha tratado de definir el criollismo como las "expresiones literarias hispanoamericanas" cuyas características son las "certezas estéticas y sociales con honda proyección humana." Lo menos que puede decirse es que queda bastante vago lo que podría considerarse como una "certeza estética" y peor aún, las "certezas sociales," como veremos más adelante. Pero Estrada va aún más lejos en sus confusiones. Temeroso de que esta "literatura propia" pueda ser catalogada de regionalista, busca darle una dimensión universal y aduce que la novela criolla "va en camino de revelar la congoja del hombre, la angustia metafísica, al escudriñar lo angélico y lo diabólico que están en él." Luis Alberto Sanchez, por el contrario, clasifica la novela criolla como novela regional, y niega la validez del término "criollo" debido a la amplitud de su significación. Criollo, dice él, es todo lo nacido de padres nativos o extranjeros, en la tierra donde se desenvuelve. Por el contrario, el matiz predominante de lo regional se encuentra en el paisaje. El encuentra que "la novela de este tipo, es, justamente, la que tipifica a la literatura americana" y agrega que "siendo, como somos, un continente predominantemente agrario, en estado virginal, lo que más se acerque a nuestra expresión propia será todo cuanto se refiera a ese estado virginal y agrario, de quien depende, por manera definitiva, y hasta hoy, el genio de nuestros hombres y el aspecto de nuestras costumbres."
Retórica aparte, las divergencias son grandes. Sólo una cosa queda en claro. Criollos o indigenistas, regionalistas o universales, todos los críticos agrupan a éstos como escritores que de una u otra manera han sabido plantear el problema de la sociedad guatemalteca. Nunca, sin embargo, se ha matizado el tipo de referencia que los textos de estos escritores hacen de la sociedad, su inserción en ella, su manera de enfocar los problemas y qué tipo de problemas enfoca. En otras palabras, la crítica tradicional ha logrado percibir el hecho de que de una manera o de otra estos escritores pueden ser unificados bajo una misma "ideología estética," entendiendo aquí dicho concepto en el sentido bajtiniano del término. Sin embargo, ninguno de ellos menciona el hecho de que aún suponiendo que la "ideología estética" fuera la misma para todos (y, en realidad, no lo es), sus relaciones con la visión del mundo hegemónica en los años treinta ciertamente no lo son. Tanto Carlos Wyld Ospina como Flavio Herrera escriben durante el período del ubiquismo (años treintas y principios de los cuarentas) mientras que Mario Monteforte Toledo -- el otro escritor asociado al indigenismo -- va a realizar sus textos más importantes bajo el arevalismo (1944 - 1950). Entre las obras de los primeros y la del segundo se registra pues, un cambio radical en la sociedad guatemalteca.
Esto no tendría importancia alguna de no ser por el hecho de que los dos primeros autores mencionados tenían una relación relativamente homóloga con la ideología ubiquista, mientras que el segundo la rechazaba categóricamente. Sin embargo, pasó a identificarse plenamente con el arevalismo, ideología que los dos primeros rechazan.
Esa relación estrecha con diferentes y contradictorias ideologías debería suponer diferencias capitales en los textos. Al fin, una ideología es un sistema semiológico que articula discursos que producen sentido. De allí que definamos a la novela como un sistema de representaciones simbólicas que genera efectos de verdad a través de sus prácticas discursivas. Sin embargo, este conflicto ha pasado totalmente inadvertido por la crítica. Será, quizás, señal de la pobreza que ha acompañado a la literatura guatemalteca en su solitario recorrido por el siglo veinte.
Nosotros sostenemos quelos textos de Flavio Herera y Carlos Wyld Ospina están marcados ideológicamente precisamente por su comunión con importantes rasgos del ubiquismo. Esto sucede especialmente cuando el discurso articula un contenido crucial para la década de los treintas: la finca cafetalera. Para este propósito haremos una breve comparación entre éste y los textos de La gringa de Carlos Wyld Ospina, y La tempestad de Flavio Herrera, publicados en 1935. Ambas obras han tenido su génesis en pleno período ubiquista, en pleno período de crisis económica mundial, cuando el ubiquismo está ya bien estructurado, y no se vislumbra todavía su proceso de descomposición.
La gringa: desnudos en el trópico
El texto La gringa se autonombra "novela criolla," subtítulo con el cual aparece publicado. El texto se aprecia a sí mismo como militante estéticamente. Busca definir y encarnar a la vez ese subgénero literario que da como típico de la "América tropical": la novela criolla. Para tal propósito, incluye dentro de su relato todo un discurso estético cuya importancia justifica su reproducción integral:
La manipulación ideológica del discurso es obvia. Primero, se critica a los "observadores extranjeros" y a "nuestros artistas únicamente epidérmicos" que enfocan su visión sobre los problemas económico-políticos de la región tales como "caudillos improvisados," "mestizos matoides" o "indios sutras." A estas personas se les acusa de "enturbiarlo todo" con narraciones de violencia y de sangre. Se limita este aspecto de la sociedad a "lo episódico," es decir, a lo anecdótico, aduciéndose que "la realidad completa del trópico americano" se encuentra en otro lado y que no ha sido representada todavía. Hasta entonces, las "grandes novelas americanas" sólo han podido representar la realidad parcial por el hecho mismo de ser precursoras. Son pintorescas, noción que nos recuerda la definición de Luis Alberto Sánchez acerca de la novela regional. El autor condena ese pintorrequismo, ese paisajismo porque es capaz de retratar únicamente fragmentos de la realidad completa del trópico. Sin embargo agrega más adelante que a un escritor le basta "deambular por allí, papel y lápiz apercibidos...para tomar el tipo y el paisaje con sus rasgos subyugantes." ¿Y no que la novela paisajista es solamente capaz de captar fragmentos de la realidad? Volvamos al inicio del trozo. Allí se nos indica que esta famosa realidad completa es concebida como espiritual: "la espiritualidad del trópico." Es en esta noción idealista donde el autor ve residir la esencia de lo americano. Esta noción pasa a ser definida más ampliamente al final del trozo como "melancolía": es esta melancolía la que representa la esencia total de América ya que montañas y selvas existen también en otras partes del mundo, pero la melancolía americana es única, específica del continente. La gran novela americana, la verdadera "novela criolla" será, pues, aquella que logre captar esta famosa melancolía.
El propósito del planteamiento idealista es precisamente el alejarnos de una realidad, material, concreta, vista aquí despreciativamente como "lo episódico" y clasificado como indigno de un escritor serio. Se pregona "el símbolo que es abstracción sintética" y se felicita a "los poquísimos pintores americanos de genio" que han podido ir "más allá" que los escritores. Este deseo de alejarnos de la realidad concreta y llevarnos hacia la abstracción esconde la posición del autor con respecto a su propia realidad. Trata de ocultar los hechos reales: la dictadura ubiquista con sus cientos de fusilamientos y los miles de presos políticos, y la explotación del maya en las fincas cafetaleras. Lo anterior deja implícita la homología del autor con la ideología ubiquista.
Esto es fácilmente comprobable al analizar los elementos mismos del discurso. Uno de los detalles más sobresalientes es el prejuicio racial contra el maya. Así, desde el principio se recalca cómo los periodistas extranjeros y escritores epidérmicos no ven sino el caudillo improvisado, el mestizo matoide, el indio sudra. Se les acusa de mostrar "lo feo" que tiene el país, o bien de deformar la realidad. Se deduce que al observar a mestizos y mayas, "la pendencia lo barre todo, la borrachera lo enturbia todo, y la sangre es el diario riego de la tierra." Se establece pues, la conección entre carácter racial y pendencias, borracheras, crimen. Se refuerzan los prejuicios estereotípicos que tradicionalmente se han empleado para justificar la explotación del maya en las fincas. En el libro, el maya es sub-humano; es haragán, es borracho, no sirve para nada. Es el mecanismo típico que tranquiliza la conciencia y justifica la explotación en las fincas bajo las condiciones ampliamente documentadas en trabajos sociológicos y antropológicos.
Como si todo lo anterior no fuera suficiente, se le niega al maya toda creación artística. Su música es pobrísima y de autenticidad a menudo dudosa, afirmaciones espúreas que permiten descartarla con la mayor facilidad. Se indica a su vez que la literatura americana debe ser "en lengua de Castilla." La referencia racial es de segundo orden. Tras haber reducido el elemento maya y mestizo, se exalta ahora lo español. Pero lo español en América. Es decir, lo criollo, término con el cual se han designado desde la época colonial a los hijos de españoles nacidos en América, y que Luis Alberto Sánchez extiende a todo hijo de extranjeros nacido en América, entendiéndose, desde luego, que extranjero se refiere al europeo. Es pues, todo hijo de europeos nacido en América (los hijos de los negros nacidos en América nunca han sido considerados como "criollos" aún cuando caben bajo la definición de "hijos de extranjeros nacidos en América." Situación idéntica ocurre con los chinos).
La referencia anterior es subrayada por el comentario que le sigue. Se nos dice que esta famosa literatura criolla es solamente posible "en el sur, naturalmente, porque nuestras repúblicas del centro son desgraciadamente de poco relieve en sus tipos humanos y animales, aunque opulentas en paisaje." Si ambas partes tienen bello paisaje, la diferencia está en el elemento humano. ¿Y cuál es este elemento humano? El maya. En el cono sur naturalmente no hay muchos indígenas (exceptuándose a los mapuches), porque la mayoría de ellos fueron masacrados originalmente y con posterioridad fueron aplicadas las ideas racistas de Sarmiento -- importar europeos para "blanquear" al país. Desgraciadamente, se nos dice, las repúblicas del centro son de poco relieve en sus tipos humanos. Es decir, por desgracia estas repúblicas tienen mayas que son considerados por los criollos locales como de poco relieve humano. Y para añadir el insulto a la injuria, se acopla "tipos humanos" con "animales", indicándose por asociación que los tipos humanos de las repúblicas del centro (los mayas) son como animales. Es la única explicación posible, puesto que las repúblicas del centro no son de poco relieve en su fauna (así como las idealizadas repúblicas del cono sur no se corresponden con la "América tropical" tampoco, frasecita que se repite como letanía a lo largo del texto). Al contrario. Fuera de la región amazónica, difícilmente se encuentra en otro lugar del continente fauna tan rica como la de la zona petenera, especialmente en la época en que se escribió el texto, cuando aún esta región estaba prácticamente virgen. Ese hecho era conocido por el autor, quien incluso sitúa algunas acciones de este mismo texto en dicha región. Tal comentario pues, podría ser gratuito a no ser por su connotación deliberadamente racista. Para terminar con el punto, baste recordar que la única descripción del trozo, "gritos de indios borrachos en la lejanía de esta tarde de domingo" vuelve a enfatizar el ya mencionado estereotipo con respecto al maya.
Irónicamente, el autor ve en la melancolía la esencia americana; melancolía que describe como "intensamente depresiva," como "triste," pero cuyo origen no se menciona. Es una categoría que se quiere ver en abstracto. Sabemos, sin embargo, que esta famosa melancolía es parte de la idiosincrasia del indígena vencido, la famosa "tristeza del indio," analizada por Nathan Wachtel y referida por Octavio Paz y Luis Cardoza y Aragón en sus trabajos sobre México y Guatemala respectivamente. Al mismo tiempo que el autor busca restarle todo el valor al maya, le atribuye la principal característica del indígena colonizado al continente. Pero eso sí, aduciendo que es un elemento criollo. Termina ilustrando este rasgo en la novela de Güiraldes, una novela del sur, del país donde no existen los indígenas. No se da cuenta, desde luego, que está citando precisamente el texto en el cual Güiraldes se opone a la actitud racista y extranjerizante que representa la corriente sarmientina y busca en el gaucho, amenazado de exterminio por el acelerado avance de las estancias ganaderas, la verdadera afirmación de los valores argentinos. Contra la opinión de los europeizantes argentinos, Güiraldes presenta al gaucho como un hombre adaptado a las circunstancias de la vida y capaz de ser una persona civilizada sin que por ello tenga que imponérsele la cultura llegada del exterior. El peor ejemplo posible entonces para sustentar una tesis que busca exaltar los valores europeos en América por encima de aquellos propios de los nativos habitantes de la región.
El tono del trozo analizado deja claro el alto grado de correspondencia existente entre las ideas manifestadas y la ideología imperante en el período ubiquista. No debemos olvidar que la oligarquía agroexportadora necesitaba certificar la sub-humanidad del maya para poder justificar su explotación gratuita durante la época de la crisis mundial, tarea realizada mediante diversos mecanismos tales como las ya mencionadas "leyes contra la vagancia." Todo lo anterior nos aclara otro aspecto: la pretendida "preocupación por los problemas sociales de Guatemala" existe únicamente en el sentido de justificar las posiciones y medidas adoptadas por la ideología dominante de la época. Así, el interés no consiste en "exponer la vida del indio guatemalteco" sino más precisamente, exponer la vida del magnate cafetalero guatemalteco, para cuyos fines es necesaria y justificable la reducción del maya a los niveles más bajos de la deshumanización. Dado que este último es un punto potencialmente controvertible, exploraremos más a fondo el asunto.
La gringa es ante todo, la historia del amor entre Eduardo Barcos y Magda Peña. En eso están de acuerdo la mayoría de nuestros críticos. Cabe recordar que Magda Peña es propietaria de dos fincas de café, las cuales administra ella misma. Es a su vez hija de extranjeros. De ahí el título del texto. "Gringa" en el habla guatemalteca quiere decir alguien de origen estadounidense. En este caso el dato no se ajusta a la realidad textual. Se menciona a los padres de Magda como de origen europeo. Pero su padre ha nacido en América. Más que "gringa" es entonces criolla. Criolla y propietaria terrateniente, es decir, miembro de la oligarquía. Como tal, mantiene íntimas relaciones con los agentes extranjeros representantes de la metrópoli, según muestra su amistad con Míster Benton. La originalidad del texto está en atribuirle a una mujer todas las virtudes que esta clase reserva tradicionalmente para los hombras (y cabe preguntarse hasta qué punto es una influencia literaria de Doña Bárbara tal como afirma Seymour Menton y hasta qué punto es un reflejo de algo más, pues La tempestad va a repetir un proceso muy parecido; de esto hablaremos más adelante):
Ella es respetada por el verdadero "gringo" entonces por considerársele portadora de valores éticos muy similares a los que imperan en la ideología estadounidense dominante. Se sitúa a su vez como contrapunto a los mayas, a quienes se considera borrachos, haraganes. La "tragedia" de Magda según la ve su amante Barco, miembro de su misma clase, es que al trabajar como un hombre, ella "pierde su reputación" como mujer. Sólo que esta "reputación" no está "perdida" por haber incurrido en el acto sexual, sino por haber violado las normas que la propia clase establece para el comportamiento de la mujer. En el amor, pues, se sitúa la problemática central del texto, y de ahí emana la única crítica de fondo que se hace al comportamiento de clase:
La tragedia del pobre oligarca guatemalteco es entonces que tiene que casarse con una mujer para poder acostarse con ella. Y como el trópico lo excita (el texto está inundado de alusiones sensuales, resultado de la "lujuria tropical"; hasta el vuelo de los pericos es visto sensualmente), la falta de satisfacción sexual se vuelve un problema mayor. Cabe recalcar que es el único elemento del modelo de vida oligarca que se cuestiona. Se pregunta uno cuáles son las admirables libertades avanzadas en los códigos de los cuales habla Eduardo Barcos y si no podría estarse refiriendo a la ley de vialidad, espina dorsal del sistema y que le permite vivir en el ocio en que vive, y la cual nunca es cuestionada en el texto:
Como muestra el trozo, la vialidad no se cuestiona nunca. Es algo tan normal como que salga el sol en la mañana. Al mismo tiempo, se busca subrayar la humanidad del patrón. Muy comprensivo, no exige que el pobre maya enfermo tenga que trabajar. Pero la actitud deja algo claro. Que si el patrón quisiera, podría forzar al maya a trabajar. Si el maya no trabaja es por la benevolencia del patrón, no porque exista ninguna ley que lo ampare en caso de enfermedad. ¿Dónde están entonces las leyes de las cuales habla Eduardo Barcos? Asimismo, existe la condescendencia del patrón en el diálogo. ¿Por qué dice "yo voy dar tu papel," "vas llevar," "vas trabajar," "vamos dar"? Se rebaja al mal castellano del maya, lo imita en su hablar. Actitud paternalista por excelencia. Mal español que ridiculiza al maya, "que habla indiferente su andar confuso." Se le reduce de nuevo al estereotipo de ser colonizado indiferente al sufrimiento y cómico en el hablar (en ningún lugar se recuerda que el castellano no es el idioma nativo del maya, y que hasta época reciente se prohibía que lo aprendiera por temor de que "se pasara de listo"). Como si todo lo anterior no fuera suficiente, se evita tácticamente el mencionar dónde agarró su paludismo y disentería, como si fuera una casualidad sin relación el trabajar en las condiciones miserables de la "magna costa."
Si por un lado parte del proyecto ideológico del texto es humanizar al máximo a los patrones, quienes son sensibles (Eduardo es poeta), benévolos, trabajadores, valientes, etcétera, por el otro lado se persigue la deshumanización constante del maya, siguiendo los lineamientos estereotípicos ya indicados (haragán, borracho, falto de inteligencia, falto de sensibilidad, etc.). Esta deshumanización se realiza a través de una descripción que se pretende "objetiva," como si estuviera pintando un paisaje. Pero no explica nunca la causa del fenómeno. La observación es válida para el fragmento citado anteriormente. He aquí otro parecido:
Reaparece la comparación constante entre maya y animal. Asimismo, mientras el maya es pendenciero, el patrón es sabio y sabe impartir justicia como el rey Salomón. Así, cuando la Ildefonsa desprecia al Felicindo que llega borracho y éste la amenaza con un cuchillo, la patrona aparece "tranquilamente" para impartir la justicia"
Ahora, de salirse la situación de su control, es necesario recurrir a la fuerza, para "domar" a los pendencieros como si fueran potros salvajes:
En lo último acierta al menos el texto. Efectivamente estudios recientes muestran cómo el espíritu autocrático criollo surge del hecho de que una vez realizada la conquista, la riqueza mayor del país la representan las tierras, dada la inexistencia de minas. El conquistador mira como un derecho el poder dedicarse al ocio mientras la raza conquistada trabaja para él. El problema con el texto es que no critica ese tipo de relaciones sociales. Muy por el contrario. Su objetivo es precisamente defender, asegurar su existencia y continuidad. De paso, asegurar los viejos valores coloniales con el apoyo de los valores de la nueva metrópoli, del nuevo centro hegemónico:
Se resuelve el misterio del título del texto. Magda Peña, criolla, de origen europeo (español posiblemente, dado el apellido) recibe el apodo de "gringa" por comportarse como una "mujer arrecha." El esquema ideológico del texto queda entonces completo. Los viejos valores coloniales que encarna la oligarquía son vistos como positivos. La problemática del amor sirve para indicar aquellos escasos elementos negativos que andan dispersos dentro de esa totalidad positiva. Estos elementos meritan ser reformados, pero la totalidad de la estructura social es defendida. Estos elementos pueden ser cambiados, de manera que el viejo sistema pueda de nuevo funcionar en total armonía, con la adopción de aquellos valores que han probado su buen resultado en los Estados Unidos. Este es el proyecto ideológico del texto. Así, se nos presenta una situación típica de la oligarquía: el patrón de una finca cafetalera. Pero con una variante peculiar: el patrón es mujer. Esta modalidad le permite hacerle una crítica al sistema sin que por ello tenga que cuestionar su totalidad. El sistema es aceptado tal cual, con todos sus mitos y prejuicios. El comportamiento de Magda es idéntico al comportamiento de cualquier patrón masculino, idealizados ambos desde su punto de vista por supuesto. El sistema, para mantenerse vigente, tiene que deshacerse de los elementos negativos del "espíritu conquistador" y aceptar en lugar de ellos los nuevos elementos positivos del "espiritu gringo."
Es la eternidad del sistema (porque se proyecta en el pasado hasta la conquista y se quiere ver proyectado en el futuro indefinidamente) la que se refleja con el empleo del tiempo presente en la narración. Reafirma constantemente el hecho de que es así hoy. Como sabemos a su vez que fue así ayer, la implicación evidente es que será así mañana. Para ilustrar este punto basta citar algunas frases descriptivas: "platican los peones," "domingo de finca costeña," "peones que van de madrugada al pueblo," "el indio hace una relación confusa, redundante, como es siempre la relación del indio." Nos da la impresión de que esas cosas son así todavía hoy, que se pueden ver así ahora, en este mismo instante. Que el tiempo no pasa. Que la historia no existe. Efecto opuesto a la narración en tiempo pasado, la cual implica que el hecho descrito pasó ya. En consecuencia, es otra cosa la quedebe estar ocurriendo en este mismo instante. Implica a su vez un proceso histórico (pasó X, hoy pasa Y, mañana pasará Z); una sucesión de eventos diferentes uno del otro. Implica la posibilidad del cambio (aún cuando éste no llegue a concretizarse en el texto). Asimismo, el uso del "estilo pintoresco" puede explicarse sobre la base del proyecto ideológico. El estilo pintoresco está formado por palabras que podríamos llamar vulgarmente "eruditas" u "obscuras" ("matoide," "sudra," etc.). En primera instancia, indican la vocación del personaje principal (poeta), pero mucho más aún, sirven para indicar su erudición, su cultura, sus conocimientos, en otras palabras, su origen de clase. A la vez, el texto se dirige a otros miembros de la misma clase, únicos capaces (en teoría, al menos) de emplear y entender dicho lenguaje. Finalmente, el lenguaje mencionado reafirma el elemento de superioridad racial que el criollo siente frente al maya, cuya manera de hablar el castellano es ridiculizada constantemente.
La famosa "preocupación por los problemas sociales de Guatemala" que tanto han alabado los críticos se limita entonces a los intereses de los sectores dominantes. Su "preocupación por exponer la vida del indio guatemalteco" es más una preocupación por mantener al maya en el sitio que ocupa en el modo de producción existente. Una vez más, los críticos tradicionales se muestran equivocados (en el caso de La gringa los errores llegan a ser alarmantes). Seymour Menton habla de "tres etapas del amor entre Eduardo Barcos y Magda Peña Meich," frase que repite idénticamente Adelaida Lorand de Olazagasti: "La acción principal trata de los amores de Eduardo Barcos y Magda Peña Meich," sólo que, Magda se llama realmente Magda Peña; Meich es una transcripción fonética en castellano del inglés "Madge," nombre con el cual míster Benton se refiere a Magda. Esto queda perfectamente claro en el texto: "-¿Mr. Benton, por qué llama usted a Magda, Madge? Me ha hecho gracia. -Oh, Mr. Barcos, mi llamar personas como mi gustar que se yamen..."
Precisamente el único crítico que no se equivoca con respecto a La gringa es Mario Monteforte Toledo. En Guatemala, monografía sociológica (1959) dice a ese respecto:
La tempestad: la epopeya del café
Veamos lo que ocurre con La tempestad de Flavio Herrera, texto publicado el mismo año que La gringa (1935). ¿Cuál es la problemática de La tempestad? Hay dos historias que se entrelazan en una sola, la historia del amor entre César Portocarrero y Palma, y la "epopeya del café" protagonizada por la familia Zavaleta. Al igual que en La gringa, es una mujer quien asume las funciones de patriarca en la finca cafetalera: doña Leonarda Zavaleta. Al igual que en La gringa, el problema principal del protagonista, César, es conseguir acostarse con su enamorada sin tener qué casarse con ella. Con ese propósito, hace largos discursos sobre el "amor libre" al igual que en el anterior texto. Asimismo, el protagonista es poeta, miembro de la oligarquía (él también es proprietario de una finca) y por tal razón, puede viajar a Europa y volver al país cuando guste. Por extensión, se considera a sí mismo culto, cosmopolita, "limitado" por la "mentalidad tradicional" de los criollos. Una vez más, su actitud es comparable a la de Eduardo Barcos. Al igual que el texto anterior, se idealiza el comportamiento de los oligarcas, cuyas motivaciones aparecen siempre humanizadas. Se considera "normal" el apetito sexual, dado que el clima tropical incita al sexo, y de esta manera pasan como simples humoradas las violaciones que los patrones ejecutan sobre las mujeres mayas. Obligatoriamente, esta actitud implica a su vez un prejuicio racial contra el maya, el cual es visto despreciativamente y aparece totalmente deshumanizado. Veamos algunas citas del texto para probar lo afirmado anteriormente:
Decíamos entonces que el proyecto ideológico del texto es justificar "la epopeya del café," razón por la cual se vuelve condición imperativa la deshumanización del maya. Ella justifica la explotación a la cual se le somete. Veamos cómo se unen ambos puntos en el texto:
Se invierten los roles reales entonces. El maya es el explotador, el pobre finquero es el explotado. Se incitan los sentimientos del lector a formar una complicidad emocional con el finquero. También, se proponen soluciones al "problema." Veamos de qué forma son descritas:
Si bien surge el tema de la educación, es en forma despectiva y arrogante, y como medida secundaria, después de "curar" al maya. El trozo entero aparece como diálogo teatral, citando los nombres de los parlantes. Es una conversación digna de tomarse en serio. Sus posiciones serán apoyadas a lo largo del texto de diversas maneras, tal como la contínua evocación de la "degradación" del maya, ya mencionada.
El finquero, supuestamente "victimizado" por los mayas, es entonces el verdadero héroe de este texto. "La epopeya del café" es su epopeya:
Si estuviéramos hablando de un esfuerzo distinto al tradicional, el liricismo con el cual se describe el amor por los plantíos tendría una connotación diferente: por ejemplo, un esfuerzo por plantar café orgánico, o bien el solitario esfuerzo de un pequeño agricultor que se ve rodeado de grandes consorcios. Pero no se trata de eso. La finca descrita en la novela es una finca enteramente tradicional de los años treintas, con propietarios del tipo ya descrito, cuyos mecanismos de producción no difieren en nada de los indicados por Julio Castellanos Cambranes y que lo llevaron a bautizar metafóricamente el proceso como "café sangriento".
La tempestad tiene un alto grado de correspondencia con la ideología dominante de la época. Al igual que La gringa, el texto de Flavio Herrera entra en contradicciones menores con su sector social en lo que concierne al comportamiento social. Estas contradicciones son resueltas de manera casi idéntica. Recordemos que en La gringa tal cosa ocurre al situar a una mujer en el papel que correspondería al patriarca criollo, así como en la problemática del "amor libre." Es exactamente la misma resolución que adopta La tempestad. La diferencia entre las dos es secundaria. En el primer texto, una sola mujer encarna ambas funciones: Magda Peña. En la segunda, dos personajes diferentes se encargan de cumplir una función cada una: Palma y doña Leonarda. Las otras contradicciones que surgen son a su vez del mismo orden. Doña Leonarda no es hija de extranjeros como Magda, sino mestiza, pero aspira a los valores extranjeros, repudia a los mayas como "sucios," manda a estudiar a su hijo al extranjero, y el final feliz del texto ocurre cuando llevan a la cama de doña Leonarda, ya vieja y enferma, al nieto que satisface el sueño de toda su vida: es blanco y rubio.
De existir alguna divergencia entre ambos textos sería en cuanto a la actitud frente al elemento extranjero. Así, mientras que en La gringa este elemento es siempre bienvenido, algunos pasajes de La tempestad reflejan una actitud contraria. Se describe a un alemán explotador, Herr Glura, quien invade las propiedades de los demás para agrandar las suyas. Asimismo, se hace una crítica dura de las casas de crédito de la ciudad capital, con las cuales el finquero se endeuda para poder sacar a flote la cosecha. Aunque el texto no especifica, nosotros sabemos que la mayoría de estas casas de crédito que operaban durante el período ubiquista eran alemanas. ¿Por qué esa actitud anti-alemana?
En el caso de Flavio Herrera creemos que lo explica su posición de clase. Tal como indica su apellido, Flavio Herrera es miembro de una de las grandes familias de la oligarquía abro-exportadora del país. Es, pues, miembro de cuerpo entero de la clase dominante, lo cual no es el caso de Wyld Ospina.
Las casas de crédito, en su mayoría inglesas y alemanas, favorecían al plantador extranjero por encima del nacional. Esta situación generó un nacionalismo defensivo por parte de la oligarquía, el cual pudo traducirse a veces en una manifiesta actitud anti-alemana. Es un ejemplo típico de cómo un hecho significativo desde el interior de la ideología del autor puede generar una situación diferente entre un texto y otro, aún cuando ambos se atribuyan la misma ideología estética y tengan relaciones de correspondencia con la ideología dominante.
Al respecto de La tempestad la actitud crítica es más correcta. Así, Seymour Menton ha observado lo siguiente:
Desgraciadamente, comete serios errores en cuanto al texto, lo cual no puede sino cuestionar su visión total. Así, dice que "el único norteamericano que tiene nombre en la novela es don Jorge," cuando queda perfectamente claro a través del texto que el mencionado don Jorge no es norteamericano sino español Muchísimas citas podrían probar este último punto. Veamos solamente algunas:
A lo largo del texto se hablará del "gachupín de la vecindá" p. 82, "por qué no le pedías al español que nos apadrine al nene" (p. 83), "y el español fue padrino del crío" (p. 84), etcétera. En la página 84 se explica que el mencionado español se llama don Jorge, lo cual se repite en la página 85.
Conclusiones
La narrativa guatemalteca (con contadas excepciones) difiere de la mexicana y sudamericana. En Sudamérica, producto de la naturaleza de la crisis de dominación oligárquica y de las reacciones sociales que genera en el espacio de la subjetividad, emerge una variante del género "novela" como nueva forma de conciencia ante la crisis de los años treinta (influenciada por rasgos ideológicos marxistas y/o comunistas), donde predomina el estilo linear, asociado conceptualmente a una nueva búsqueda de autenticidad. En México, desde luego, dicha crisis y transformación del imaginario social está asociada al proceso de la revolución.
En cambio, en Guatemala, donde la novela "regionalista", "indigenista" o "criollista" (Flavio Herrera, Carlos Wyld Ospina, Carlos Samayoa Chinchilla) fue el producto de una defensa de la visión del mundo oligárquica, privó en este período el estilo pintoresco.
El tránsito del estilo pintoresco al estilo linear en México y Sudamérica significa una transformación fundamental en la producción de sentido; implica una transformación en los sistemas de identidad, que se expresa en una manera nueva de codificar la realidad espacio-temporal simbólicamente.
En Guatemala, donde el desarrollo literario adquirido a lo largo de los años treinta era bastante inferior al de las naciones del sur, esta transición no se hacía evidente. Pero que fuera menos visible no quiere decir que no existiera del todo. La misma estaba tomando lugar fuera de las fronteras del país en el solitario trabajo que Miguel Angel Asturias elaboraba desde París y Mario Monteforte Toledo desde Nueva York. Sin embargo, dichos esfuerzos solo cuajarían después de la caída del ubiquismo.