PROLOGO
El siglo veinte acaba. Se inicia un nuevo milenio. En este contexto, ¿cuál
es la identidad de la palabra guatemalteca? ¿Existe? Aparentemente
no, de acuerdo a los emergentes cánones de lo que es "literatura
latinoamericana." En estos, apenas si aparece Miguel Angel Asturias como
un vergonzoso manchón, cuando aparece. A Augusto Monterroso se le
reconoce con escasísima frecuencia. Luis Cardoza y Aragón
merece mención tan sólo en México, el país
que tan bien supo adoptarlo. Rafael Arévalo Martínez desaparece
de la gran mayoría de antologías contemporáneas.
Y, sin embargo, las letras guatemaltecas se mueven. Al amanecer del nuevo
milenio todavía estan allí. Solitas, sueltas, hambrientes
y harapientas, clamando atención. De allí que sienta la necesidad
de una especie de balance preliminar.
Este libro, por lo tanto, representa dicho esfuerzo. Es un balance personal,
un intento por ordenar, por extraer sentido, por examinar mis supuestos
sobre la narrativa guatemalteca, por nombrar dichos racimos de significantes
antes de que se los lleve el viento o se mueran de tristeza.
Alérgico a todo tipo de cánones, el presente texto no pretende
erigirse como tal, ni tampoco crear monumentos o destruir los existentes.
Simplemente, en la tarea de evaluar, se inclina por aquello que le interesa,
que le llama la atención, que lo atrae, que lo llama. Asimismo,
no es un catálogo de obras publicadas, una colección de títulos,
de fechas o de datos anecdóticos. Fundamentalmente es una práctica
de lectura, una práctica de interpretación. Asumimos, desde
luego, que la crítica literaria forma parte de una práctica
cultural más amplia, en la cual el compromiso con el trabajo cultural
se ubica dentro de un marco que busca explicaciones más amplias,
explicaciones que van mucho más allá de la especificidad
literaria, y que terminan interrogándose sobre la naturaleza de
lo social, sobre la naturaleza de la identidad, que terminan preguntándose
qué es ser guatemalteco, cuando no qué es ser humano.
En el presente libro examinos diez novelas guatemaltecas. Nos interrogarnos
sobre la naturaleza de la narrativa, y sobre la naturaleza del escritor
que pretende responder por las mismas.
En el primer capítulo ubico la naturaleza de la teoría literaria
en el contexto de las cambiantes condiciones de los años noventa.
Pensamos en un contexto latinoamericano, pero más específicamente
en uno centroamericano, visualizando los paisajes culturales después
de las batallas de la década anterior.
En el segundo capítulo exploro La Oficina de Paz de Orolandia
de Rafael Arévalo Martínez y la ubicamos no sólo como
una distinguida obra de corte modernista, sino como un texto que prefigura
muchas de las características asociadas en nuestros días
con el postmodernismo.
En el tercer capítulo analizo La gringa de Carlos Wyld Ospina
y La tempestad de Flavio Herrera, evidenciando las estrechas relaciones
existentes entre la ideología de la dictadura ubiquista de los años
treinta y los rasgos de dichos textos que han sido considerados monumentos
del criollismo centroamericano sin mayor examen de sus connotaciones simbólicas.
En el cuarto capítulo examino Entre la piedra y la cruz de
Mario Monteforte Toledo, considerando por un lado cómo refleja el
máximo de conciencia posible de un texto escrito por un "ladino"
(mestizo, en el resto del continente) acerca del proceso de "ladinización"
del maya, pero que refleja a su vez las contradicciones que implican el
cuestionamiento de la identidad maya y la necesidad de su modernización
de acuerdo a patrones occidentales.
En el capítulo cinco estudio algunos rasgos de Hombres de maiz
de Miguel Angel Asturias a manera de hacer evidente cómo, a pesar
de las contradicciones ideológicas de su autor, dicho texto anticipa
mucho del futuro del país gracias a su revolucionario lenguaje y
forma literaria.
En el capítulo seis reconstruyo los mecanismos ideológicos
que llevaron al poeta Luis Cardoza y Aragón a escribir su ensayo
maestro Guatemala, las lineas de su mano.
En el capítulo siete me acerco a las estrategias textuales de Lo
demás es silencio de Augusto Monterroso para concluir que es
la más acabada de las novelas guatemaltecas escritas en este siglo.
En el capítulo ocho comparo tres novelas publicadas en los años
ochenta, El mundo principia en Xibalbá de Luis de Lión,
El lugar de su quietud de Dante Liano y Las catacumbas de
Méndez Vides con el objeto de detectar la inminente crisis en la
primera de ellas, que es a su vez la primera novela publicada en castellano
por un autor maya, y las reflexiones generadas por las consecuencias de
la misma en las otras dos.
En el capítulo nueve intento delimitar algunos rasgos simbólicos
de dos de mis propios textos como una expecie de meditación autocritica.
Finalmente, en el capítulo diez intento cuestionar la naturaleza
del escritor neo-colonial, su predicamento y sus contradicciones, así
como la expansión de la categoría de "literatura" por medio
de una reflexión sobre la obra y trayectoria del escritor y comandante
guerrillero Mario Payeras.
Espero que estas interpretaciones de manera preliminar, que buscan verificar
la existencia de "lo guatemalteco" y de entablar una relación dialógica
con las literaturas invisibles del continente americano -- invisibles porque
no han sido nombradas por la crítica -- contribuyan a su reconceptualización,
si es que no a su reinvención como prácticas discursivas
válidas.