Ananké

 
Cuando llegué a la parte en que el camino
se dividía en dos, la sombra vino
a doblar el horror de mi agonía.
 
¡Hora de los destinos! Cuando llegas
es inútil luchar. Y yo sentía
que me solicitaban fuerzas ciegas.
 
Desde la cumbre en que disforme lava
escondía la frente de granito,
mi vida como un péndulo oscilaba
con la fatalidad de un «está escrito».
 
Un paso nada más y definía
para mí la existencia o la agonía,
para mí la razón o el desatino...
Yo di aquel paso y se cumplió un destino.
 

(Los atormentados, 1914)

 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.