El Señor que lo veía
 

Porque en dura travesía 
era un flaco peregrino, 
el Señor que lo veía, 
hizo llano mi camino. 

Porque agonizaba el día 
y era cobarde el viajero, 
el Señor que lo veía, 
hizo corto mi sendero. 

Porque la melancolía 
sólo marchaba a mi vera, 
el Señor que lo veía, 
me mandó una compañera. 

Y porque era la alma mía 
la alma de las mariposas, 
el Señor que lo veía, 
a mi paso sembró rosas. 

Y es que sus manos sedeñas 
hacen las cuentas cabales 
y no mandan grandes males 
para las almas pequeñas. 
 
1915


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.