NEXOS OCTUBRE 1992; No. 178

CABOS SUELTOS

Luis Cardoza y Aragón: La última entrevista

. Laura Talavera

Esta es la última entrevista realizada a Luis Cardoza y Aragón hecha por Laura Talavera, periodista del periódico unomásuno. Dice Talavera que la entrevista ""había sido pospuesta en varias ocasiones en un lapso de tres semanas debido a la muy quebrantada salud de Luis Cardoza. Una tarde de principios de agosto le llamé por teléfono. Me contestó que en una hora nos veríamos en su casa. Dos días después de mi visita Luis Cardoza cayó nuevamente en cama y ya no me contestó el teléfono. Sufría una bronquitis de la que ya no se recuperó, a pesar de ser un hombre muy fuerte, como dijo Eugenia Huerta, quizá la persona que permaneció más cerca de él durante su enfermedad"". Ofrecemos esta entrevista como una forma de guardar la memoria de quien fuera uno de los más grandes poetas en lengua española de este siglo, autor de dos libros infaltables: Guatemala, las líneas de su mano y El río. Novela de caballerías. Asimismo, en esta misma sección aparece un fragmento de Lázaro, el poema que Luis Cardoza escribía y que no llegó a concluir, y que publicamos en nexos 120, en diciembre de 1987.

Mi obra es un poco cosmopolita, aun en Guatemala, las líneas de su mano, estoy pensando más en grande y no sólo en Guatemala. 

Y a la distancia, ¿cómo ve esa obra?

La veo bien. No ha envejecido. 

Se le puede considerar el primer testimonio sobre la historia contemporánea de Guatemala. 

Eso es; un retrato de la Guatemala contemporánea. Es un libro que ha tenido muy buena suerte, lleva muchas ediciones.

¿Cuáles son sus preocupaciones literarias actuales? 

Estoy trabajando muy lentamente. Fui a consultar a un oculista. Ya he ido con diferentes médicos. El diagnóstico es el mismo: que no hay remedio, que tengo que quedarme ciego. Cataratas y malas retinas, y a mi edad no vale la pena operar. Así es que voy perdiendo lentamente mi contacto con la escritura y la lectura. Es una situación difícil que puede agravarse rápidamente, No hay camino de curación. Ni siquiera pudieron graduarme nuevos lentes. Es terrible; una situación verdaderamente angustiosa.

Está el caso de borges.

Yo no sé cómo le hizo. Creo que tenía una memoria de elefante. Construía los poemas en la cabeza y poco a poco los iba soltando. A ver si logro hacer todavía algo de mi trabajo, pero lo principal creo que ya quedó hecho; desde luego no me satisface nada.

¿Es una insatisfacción por lo que escribe actualmente?

Cómo le diría: no estoy contento con ninguno de mis libros.

Es un vicio del escritor.

Yo creo que sí. Me siento inconforme de encontrar que aquel trabajo se pudo haber hecho mejor.

Afortunadamente existen los editores, si no, se pasaría la vida tratando de corregir sus textos.

Hasta acabar con el texto. Hay un cuento de Brecht sobre la búsqueda de la perfección. Se trata de un jardinero que quiere hacer una esfera perfecta de la copa de un arbolito. Entonces echa un tijeretazo por un lado; se retira para verlo de lejos, le echa un tijeretazo por el otro lado, y después de varios tijeretazos no hay arbolito. Eso pasa con la búsqueda de la perfección.

¿Qué le empuja a escribir?

Mi motivación de escribir nace, en primer lugar, de una vocación absolutamente dominante desde niño. Uno tiene que obedecer a esa inmensa majestad que la vocación ejerce; de tal manera que uno esté dispuesto a abandonarlo todo; dejarlo todo con tal de seguir la vocación.


Y a usted, ¿qué le ha costado seguir esa vocación?

Yo empecé escribiendo muy temprano, y he seguido haciéndolo toda mi vida, en situaciones a veces muy difíciles, como fueron las que viví en Guatemala durante los 10 años de vida democrática, cuando el joven partido comunista de Guatemala me quitó el trabajo y tuve que venir a México a defender a ese régimen, porque yo sabía que era un buen régimen y un partido comunista muy joven.

Pero serle fiel a su vocación también le ha dado recompensas. 


Sí, da alegrías; pero la alegría mayor se da en el momento en que uno hace las cosas: el trabajo invisible, las desveladas metido en los papeles. Uno encuentra pedazos que le van interesando de momento; uno escribe y cree que ha logrado cosas muy buenas, brillantes. Al día siguiente se releen y van a la basura. De noche llega el entusiasmo, el fervor, pero ya después, en frío, uno dice: ""no, no logré nada anoche, lo que hice es detestable. Y en pedacitos a la canasta"".
El estado de creación es como un estado de posesión.
Las palabras traen a las palabras, poco a poco se va componiendo y entrando en el tema; a veces sube la temperatura de la escritura y otras se enfría. Pero mantener el tono, y cierta perfección y cierta invención en la prosa o en el verso, eso es lo interesante: que tenga personalidad, que se diga esto pertenece a fulano y no a otro.

¿No teme ser injusto con su obra en el momento de la lectura en frío. No cree pecar de una excesiva autocrítica?

No creo que la autocrítica sea excesiva. Yo ya no escribo, sólo tacho; escribo con el borrador.
 

¿Cómo es actualmente su proceso de creación?

Muy irregular. No estoy muy metido en mis cosas. Tomo notas constantemente sobre el quehacer diario, el acontecer cotidiano, sobre alguna lectura. Estoy leyendo mucho menos porque mis ojos ya no me ayudan.

¿No tiene una persona que le lea?

Es muy distinto, como la escritura dictada es muy diferente a la que uno hace. Aun el mecanismo de escribir cambia de la máquina a la mano. Por lo menos yo tengo esa sensibilidad, y que otro me lea no es lo mismo que si yo leo. Uno regresa a veces para pescar mejor lo que le llamó la atención.

Será que tiene una memoria demasiado visual. ¿Algo tendrá qué ver con su amor a la pintura? ¿Qué lo llevó por el camino de la crítica de arte?

Hablar de pintura es casi imposible. Yo no sé cómo fue que hice tantos libritos de arte. Estoy pensando hacer uno sobre Agustín Lazo, que me parece un gran pintor bastante desconocido. Murió en los setentas muy aislado. Dejó una buena obra en manos de dos o tres coleccionistas que saben lo que tienen.

Y de los pintores contemporáneos, ¿a quién admira?

No quiero hablar nunca de los contemporáneos, porque se crean unos líos espantosos.

Tendrá sus afectos secretos.

Le hablaría muy bien de Luis García Guerrero, Ricardo Martínez, Toledo, un gran artista.

A qué atribuye usted que haya evolucionado mucho más la pintura contemporánea que la escultura, siendo que las culturas prehispánicas tenían una gran tradición escultórica. 


La escultura precolombina mexicana, o mesoamericana, fue especialmente extraordinaria y eso aplastó, por mucho tiempo, a la escultura del continente; hasta que hubo el salto de abandonar toda tendencia de imitación hacia lo precolombino y situarse en un terreno moderno, alejado completamente de las formas precolombinas, dentro de una técnica nueva y una concepción nueva de la escultura.

¿Entonces ese inmenso desarrollo de la escultura precolombina apabulló a la escultura moderna?

Sí, la dejó sin camino. Vea la tradición de los escultores mexicanos, todos son discípulos de maestros franceses, pero no alcanzaron gran perfección.

¿Y cómo ve el geometrismo en la escultura?

Es un concepto totalmente diferente. Por ejemplo, las Torres de Satélite de Mathías Goeritz. En esos conceptos lo precolombino está posiblemente muy lejos ya, dándole la vuelta al asunto e inventando la tradición, como debe ser, no repitiendo. La escultura geométrica me gusta mucho.

¿Qué le parece Henry Moore?

Es el que mejor asimiló nuestro precolombino. Ningún escultor mexicano tomó lo precolombino con tanta inteligencia como Moore.

(Le comento a Luis Cardoza sobre su valiosa colección de pintura mientras paseo mi mirada por las paredes de la sala. Arriba de la chimenea hay un retrato que le hizo Carlos Mérida, cerca de él se encuentra un anónimo guatemalteco del siglo XIX. También hay obras de Olga Costa, Vicente Rojo, Chucho Reyes y Tamayo).

Está deshecha. Ahí -señala un espacio vacío de la pared- tenía un cuadro de Enrique Echeverría que se llevaron. Entiendo que cumple 20 años de muerto y le van a hacer un homenaje en Bellas Artes.

Picasso le hizo algunos dibujos.

Todo eso, lo principal, lo vendí. Tenía Picassos, Tamayos, Chagales..., lo vendí porque quiero hacer, cuando me muera una fundación con un premio literario sobre ensayo que lleve el nombre de mi compañera Lya Kostakowsky.

Así como los pintores lo han inspirado, también usted los ha inspirado a hacerle retratos. Ha sido muy retratado.

Es muy posible. Hay un retrato hecho por Orozco. Usted lo habrá visto en el Museo de Arte Moderno. Es una de sus obras maestras y de los retratos mexicanos.

¿Ha reflexionado sobre esa reciprocidad entre los pintores y usted?

Siempre me he entendido bien con ellos, he tenido muchos amigos pintores. Sienten que puedo entenderlos. 


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.