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Yo canto porque no puedo eludir la muerte, 
porque le tengo miedo, porque el dolor me mata. 
La quiero ya como se quiere el amor mismo. 
Su terror necesito, su hueso mondo y su misterio. 

Lleno del fervor de la manzana y su corrosiva fragancia, 
lujurioso como un hombre que sólo una idea tiene, 
angustiadamente carnal con la misma muerte devorante, 
yo me consumo aullando la traición de los dioses. 

Soledad mía, oh muerte del amor, oh amor de la muerte, 
que nunca hay vida, nunca, ¡nunca! sino sólo agonía. 
En mis manos de fango gime una paloma resplandeciente 
porque el amor y el sueño son las alas de la vida. 

Me duele el aire... Me oprimen tus manos absolutas, 
rojas de besos y relámpagos, de nubes y escorpiones. 
Soledad de soledades, yo sé que si es triste todo olvido, 
más triste es aún todo recuerdo, y más triste aún toda esperanza. 

Porque el amor y la muerte son las alas de mi vida, 
que es como un ángel expulsado perpetuamente.


 

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Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.