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AQUELLOS OJOS GRANDES
Se desasosegaba cada vez que al encontrarla ella fijaba sus ojos en aquel
muchacho extraño, lleno de susceptibilidades y de sensibilidades,
al extremo de que le consideraban hiperestésico.
La muchacha pasaba todos los días por el lugar donde mi amigo solía
reunirse con otros compañeros para comentar las incidencias de
la vida cotidiana, las murmuraciones o los chistes atribuidos a cualquiera
de los personajes oficiales que se había convertido en blanco de
burlas debido a que por su notoria ignorancia o falta de preparación
, el haber ascendido tan rápidamente hasta las alturas en que se
encontraba era motivo de estupor.
Pero se trataba de un sujeto que habiendo alcanzado por servicios los
grados correspondientes, no era extraño que por su lealtad y por
el apego a lo cotidiano dentro de sus actividades, tales méritos
le fuesen tomados en cuenta. De todos modos no pasaba día sin que
se inventara alguna anécdota picaresca o característica
que mostrase el lado verosímil de las versión atribuida
al funcionario.
Esto apasionaba a mi amigo y por eso se había constituido en un
asiduo visitante de aquel mentidero cercano a la Facultad de Derecho,
no lejos del edificio de la Asamblea Legislativa y bastante próximo
a la Biblioteca Nacional.
Pero aparte de ese atractivo señuelo como para crear el hábito
de pasar a determinada hora, todos los días, al lugar predilecto,
lo que le impulsaba en verdad y hasta aquel día se dio cuenta de
eso, era el paso de la muchacha con tamaños ojos grandes.
Como idealizaba casi todas las cosas, especialmente los atributos de las
muchachas, su exaltación iba aumentando cada vez más y su
espíritu observador captaba cotidianamente algún detalle
de la fisonomía de su admiradora.
Observándola bien, en verdad aquellos ojos grandes no eran tan
grandes como parecían. Examinándolos un poco mejor y durante
el tiempo que discurría en transitar por aquel sitio, sus ojos
más bien parecían saltones. Como tenía la cara un
poco redonda, su garganta hacía juego con ella, porque no era muy
fina, más bien resultaba regordeta. Sin embargo algo acusaba alguna
deficiencia o anormalidad.
Por aquel entonces e inesperadamente hizo su aparición, sumándose
al grupo que frecuentaba aquel lugar otro muchacho, estudiante de medicina,
muy despejado y brillante, quién poco a poco se fue familiarizando
con los visitantes al extremo de que cuando faltaba, notábase que
en la tertulia un censor agudo y hasta cáustico era necesario.
El estudiante de medicina hizo buenas migas con nuestro amigo y llegó
a convertirse en confidente. Fue así como le contó que estaba
perdidamente enamorado de una muchacha que casi todos los días
y a la misma hora, discurría por aquellos lugares.
Al franquearse con el estudiante de medicina, el amigo extremó
la nota de su admiración en la enormidad de los ojos de la chica,
en su expresión y en lo que le hacía fantasear acerca de
su espiritualidad, de su ensoñación y en un mundo tan elevado
y sutil que podría llevarlo hasta el éxtasis, al dejarse
llevar por su arrebato.
Intrigado el estudiante de medicina, puso mayor atención en todos
los pormenores de la descripción de la muchacha y se propuso examinarla
en tal forma que diera motivo como para darle su opinión acerca
de todos aquellos atributos que el amigo le detallaba.
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Un día muy soleado, ante la espectativa del amigo,
el estudiante de medicina estuvo atento al paso de la muchacha . Como
también su ojo clínico se iba agudizando cada día
más, debido a sus estudios, observaciones y sensibilidad, despertada
por su interés, inquisiciones y respuestas obtenidas de sus maestros
respecto a una serie de problemas que cada día se le presentaban
en su trato con enfermos y pacientes.
Fue así como al verla no pudo reprimir un movimiento de sorpresa
y hasta de hilaridad. Trató de disimular su impresión lo
más rápidamente posible; pero su am igo se perc ató
de que algo había descubierto y era preciso que se lo confiara.
Después de una especie de forcejeo entre ambos, resultado de que
al serenarse el estudiante de medicina optó por mantener la mayor
cautela, y su amigo, insistió en tal forma que ya se convertía
en enfurecimiento, el estudiante de medicina optó por expresar
su opinión respecto a la muchacha de " aquellos ojos grandes"
-En realidad, no tiene muy grandes los ojos, dijo. Lo que ocurre es que
padece bociofalmológico y por ello casi se le salen de las órbitas.
El amigo quedó desconcertado, porque no entendió aquellos
términos médicos y fue necesario que el estudiante le aclarara
el fenómeno de la manera siguiente:
-Este padecimiento consiste en que al formarse el bocio o gueguecho, la
presión que ejerce sobre determinada región de la garganta,
hace que repercuta en los órganos de la vista y estos se salgan
en tal forma que dan la sensación de ser muy grandes.
El golpe recibido fue terrible; pero al comprender aquella deficiencia
fisiológica de su admiradora, lo único que hizo fue consolarse
siquiera porque al admirar la belleza femenina, lo que le atraían
eran los ojos que no fuesen corrientes , sino unos ojos grandes.
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