JUEGO DE IDENTIDADES
Este país de que hablo no ha sido siempre mío.
Lo hicieron para mí como un azar vibrante;
malos artesanos borrachos lo trataron con descuido,
distribuyeron los papeles en su teatro
¡y a mí sin preguntarme!
¿Qué fui, pues, y qué fuimos durante la
primera juventud?
Apenas la nostalgia del salvaje a la fuerza,
locos desmelenados y buenos
ante la complacencia de los espectadores
pues la palabra no bastaba para afirmar el peligro.
Repito:
este país de que hablo no siempre ha sido mío.
Y la parte en que hoy me reconozco
no la he pagado yo para mí mismo.
De otros fueron la sangre y el valor y los miedos.
Y la palabra, jugando su papel,
sigue siendo de alguna manera insuficiente.