DIALECTICA
Vamos por partes, queridos profesores:
no hay hombre de mi tiempo, afirmo aquí.
Hay hombres de su tiempo,
pocos y elegidos, en principio,
a la luz de los actos que los van completando,
consumidos a veces por la joven historia,
admirados por muchos,
cubiertos de ignominia por quienes se conocen
y se saben lejanos de sus hechos hermosos.
Hay, entonces, que tomar de sus vidas lo que dejan
y lo que por modestia
no dicen sus grandes corazones.
Comenzar a ver si lo que hoy consigue conmovernos
y a ellos les nombra jóvenes y victoriosos
aún después de muertos,
nos hace ser también los hombres de su tiempo.