RONDA DE POETAS CENTROAMERICANOS
Usted, maestro, tradujo bien a Blake
y cada quien de nosotros debe algo
a sus buenos oficios.
Tú nos hiciste comprender que Mayakovski
no era sólo una mala invención de Lila Guerrero,
que su poesía arrastraba un equipaje de grandes
multitudes.
Nuestro común amigo hizo de Mallarmé -y ni qué
hablar
de Aragón, ese mapa mundial encerrado en los ojos de
Elsa-
la comidilla del café dominical.
A usted, caballero de la orden del tedio,
le debemos saber que Rilke almidonaba la palabra
hasta hacerla morir de languideces.
Muchas gracias, amigos. ¿Quién, sin embargo,
podría confiarme cómo se dice amigo en cakchiquel,
qué sonido produce amor en mam o pocomam,
de cuál tamaño es el odio expresado en pipil?