HISTORIAS


Tres veces habían sido derrotados.
El volumen de la historia que lo cuenta
se hace de pronto un grueso surtidor de sangre,
y los cadáveres de los alzados agregan peso muerto
al giro de la tierra.

Tres veces habían intentado asaltar la ciudad,
ajustarle la cuenta a los opresores,
penetrar sus bodegas repletas de alimentos,
y tres veces fueron rechazados desde las murallas.

La derrota es amarga en realidad,
dijo el viejo labriego que con esta cumplía cinco guerras
de desesperación infructuosa. ¡Maldita sea! dice lanzando
        una piedra
para expresar su rabia,
la tierra se agosta con la sangre y el olvido.

No son las armas las que fallan, riposta el que descansa
        de pie
por no perder de vista a las huestes castigadas por la lucha.
La muerte es lo de menos

Y agostadas o fértiles, las tierras serán nuestras
o de los opresores. Atacaremos nuevamente
con toda la razón que nos asiste.

¿Por qué, entonces, hemos sido derrotados?
pregunta el más joven de los combatientes.
Porque para guerrear, como para sembrar, hijo mío,
hace falta aprender toda una ciencia.
Y en eso estamos.

No en balde lo llamaban el hermano mayor,
lo que aquellos tiempos era como decir ahora
Comandante.

 

 
 

Página de la Literatura Guatemalteca.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Todos los derechos reservados.
Copyright © 1996-2006 Juan Carlos Escobedo. Worldwide Copyrights.
Última revisión: 26/03/06
por Juan Carlos Escobedo Mendoza M.A.