ALGUIEN EN EL ESPEJO
Sin temor a perderme,
sin vocación especial
por el olvido, oh noche,
en un jardín de rosas desenfrenadas
y un viento que nos trae el eco
melancólico de la juventud
Imparcialmente. Bien sabes
que con el vaso y la garrafa
no levanto laureles conmemorando a dioses
helénicos ni salgo al encuentro
de las voces lejanas en donde
-sacudidos pámpanos irreales-
la embriaguez se ilumina y surge el canto.
He dejado los ojos sobre una grama mustia.
Dejo las manos. Y lo que sobra
para futuros señores de Xibalbá
ágiles como reptiles, lo que sobra para
charlatanes y estafadores
más muertos que vivos, oh noche,
¡muéstralos!